La narrativa contemporánea del éxito sostiene un dogma casi religioso: la meritocracia. Es decir: si trabajas lo suficiente, si te sacrificas el doble, si te dejas la piel, llegarás a la cima. Esta idea, atractiva por su aparente justicia poética, se desmorona cuando se confronta con la realidad. Porque el éxito no es un camino limpio que depende únicamente de la fuerza de voluntad; está condicionado por un punto de partida invisible que la propia meritocracia se encarga de ocultar. Vi la serie documental de Netflix sobre Rafael Nadal. El tenista mallorquín es, sin duda, uno de los máximos exponentes…
Autor: Abraham Jiménez Enoa
Ser negro en Barcelona: Abraham Jiménez Enoa y el racismo cotidiano en el Eixample
