Las superillas no son un fracaso ni una panacea. Son, más bien, un espejo. Reflejan las tensiones entre el deseo de una ciudad más habitable y las lógicas económicas que la atraviesan; entre la apertura del espacio y la incapacidad de sostenerlo; entre la justicia urbana proclamada y las desigualdades persistentes. La pregunta no es si la superilla funciona, sino para quién, en qué condiciones y a costa de qué.
Autor: Jose Mansilla
Las clases populares pagan el precio de una ciudad diseñada para otros. Rodalies no es solo un sistema ferroviario colapsado: es el reflejo cotidiano de una desigualdad estructural que se expresa en horarios imposibles, andenes llenos y trenes que nunca llegan a tiempo. Una desigualdad que, como tantas otras, se vive cada mañana sin necesidad de leer las noticias.
Los datos vuelven a caer como una losa, aunque ya nadie pueda decir que le sorprenden. Entre enero y noviembre de 2025, más de 19,1 millones de turistas internacionales visitaron Catalunya, con Barcelona como epicentro simbólico y material de este flujo constante. Ante la cifra, los responsables municipales del turismo se apresuran a declarar que ‘hemos llegado a un límite’, que no se crecerá más en plazas, que el modelo ha tocado techo. El problema no es tanto la frase como el alivio que parece generar: la idea de que, con nombrar el límite, el conflicto queda resuelto. Desde una…
La Sagrada Familia no es un monumento neutro: es un proyecto urbano burgués que impulsa la gentrificación y la expulsión vecinal en Barcelona.
Hace unos días murió el famoso arquitecto Frank Gehry, Premio Pritzker de Arquitectura y autor, entre otros, del Museo Guggenheim de Bilbao. Su lamentable desaparición podría suponer una oportunidad para reflexionar sobre los efectos que dicho equipamiento generó y el papel que las ciudades en el capitalismo contemporáneo juegan en nuestras sociedades. Sí, porque caminar por una ciudad ya no significa simplemente desplazarse de un punto a otro: significa atravesar espacios concebidos por urbanistas y administraciones públicas en aras de ser mercantilizados, capas de promesas, marketing urbano y disputas de sentido y clase, en definitiva, una especie de pasaje contemporáneo…
En los últimos meses, el rechazo vecinal en La Bonanova —un barrio de la zona alta de Barcelona— hacia un centro de acogida para migrantes ha reactivado un viejo debate urbano: el fenómeno NIMBY, el Not In My Back Yard. Las protestas y tensiones surgidas en torno al equipamiento muestran cómo una percepción de inseguridad, casi siempre subjetiva, puede convertirse en fuerza política y reorganizar relaciones dentro del barrio. Desde una mirada etnográfica, el NIMBY no es simplemente una reacción emocional desproporcionada, sino un mecanismo social que produce ciudad y define límites, visibles e invisibles. En La Bonanova, los discursos…
Los centros comerciales funcionan en España como refugios regulados que gestionan simbólicamente la desigualdad y sustituyen espais públics debilitats.
Las iniciativas de Jaume Collboni para convertir Barcelona en Capital Europea del Comercio de Proximidad y de la Navidad 2026 muestran cómo la ciudad utiliza la promoción turística y los servicios como estrategia de expansión del capital. Detrás del marketing y los símbolos festivos, se evidencian los límites del capital, la especialización turística y el aumento de la desigualdad local.
Durante la última semana de septiembre, en Barcelona asistimos a cierto despertar por parte de los grupos políticos con representación municipal. Transcurrido medio mandato y con la vista puesta en las elecciones de 2027, los distintos partidos comienzan a realizar movimientos estratégicos de cara a la futura contienda electoral. A la dimisión de la líder de Els Comuns, Janet Sanz, y la resituación de algunos líderes políticos, le sucedió una encuesta política elaborada por el Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para El Periódico que avanzaba, entre otras, un incremento notable del apoyo electoral a Vox, así como la entrada…
Desde una perspectiva antropológica, el arte no es un territorio aislado ni un espacio reservado al genio individual, sino una acción colectiva y una herramienta política. En tiempos de disputa ideológica, la extrema derecha —del fascismo histórico a formaciones actuales como VOX o Aliança Catalana— emplea el arte, la música y los símbolos como instrumentos de pedagogía emocional y de control identitario. Su estética no busca cuestionar, sino imponer: transformar la cultura en trinchera y la belleza en obediencia.
