Predicar la seriedad del humor por mi parte puede parecer una suerte de acto de corporativismo, de defensa gremial o un intento de infundir prestigio a aquello a lo que me dedico: al fin y al cabo soy un investigador de la temática, práctico algo así como una filosofía del humor.
Sin embargo, ¿acaso las cosas serias merecen más nuestra atención que las que no lo son? A bote pronto, tal vez pensemos que así sea pero, por favor, pensémoslo dos veces. Vemos series y películas en Netflix, usamos Instagram, vemos infinidad de memes por las redes sociales y, con frecuencia, lo que hay en común en todas estas prácticas es un afán por distraerse, por entretenerse y por eludir por un momento nuestra agotadora y repetitiva rutina. Obviamente, esto no es siempre así, pero grosso modo, resume una tendencia general que se acentúa cada vez más con el paso del tiempo. Estas prácticas acaparan nuestra atención y, sin embargo, no parecen muy serias.
Pero empecemos por el principio, ¿Qué es la seriedad? No es una cuestión baladí y mucho menos obvia. Como con tantos otros términos, a menudo atribuimos la seriedad a algo porque tenemos una intuición más o menos clara de lo que es. Ahora bien, si hay que definir la seriedad… ¡Eso es harina de otro costal!. Por tanto, vayamos un momento a la norma, por más que la norma a menudo sea un corsé estrecho. La RAE define en todas sus acepciones a lo serio como algo grave y solo en su última acepción lo contrapone a un tipo de hilaridad al decir que lo serio es aquello contrapuesto a jocoso o bufo. Por su parte, el diccionario de Oxford Languages, que es el que da entradas a los términos por defecto cuando se buscan en Google, da en su primera acepción como resultado que lo serio es aquello que es poco dado a mostrarse alegre.
En este sentido, parece que sostener que el humor es serio es un contrasentido. No obstante, no se ha especificado en ningún momento qué es el humor. En general, hay una tendencia que vincula al humor con la alegría, con lo divertido, con lo gracioso, con la jocosidad e hilaridad en un amplío sentido. De alguna forma, nos hemos fijado en el gesto común, que suele ser la risa, y hemos dado por supuesto que todas las risas son iguales, que tienen un mismo origen y finalidad.
Milan Kundera advirtió en El libro de la risa y el olvido de un problema, de una especie de maldición que atesora la risa; y es que hay un solo término para dos fenómenos muy distintos. Por un lado, la risa de los ángeles: una risa inocente, jovial y que se complace con la creación. Por otro lado, la risa del diablo: la risa originaria, que señala, que se ríe de las imperfecciones asociadas a la creación. De este modo, Kundera descartaba la alegría de una forma de risa que busca la jocosidad a través de la burla, de la imperfección, del absurdo, pero que no es una risa conformista, que no se complace de que las cosas sean como son.
Aún y la distinción de Kundera, no todas las risas no-alegres (o joviales) son iguales. Umberto Eco siguió una distinción que ya estaba en Luigi Pirandello entre lo cómico y el humor: mientras que lo primero se basa en la percepción de lo opuesto, lo segundo se fundamenta en el sentimiento de lo opuesto. Esta distinción en abstracto tal vez no nos diga nada y nos resulte un tanto confusa. No obstante, la idea es sencilla: el humor llega al tuétano, nos involucra y nos hace sentir la incomodidad de la regla que está transgrediendo. El humor no es una válvula de escape, sino que es la constatación de que estamos presos de una norma y que no importa cual sea, siempre nos arrinconará. Por tanto, el humor no se regocija, no es alegre, ni busca el mero entretenimiento, pero hace reír, que duda cabe. El humor es lo serio que se halla en la risa. Es, volviendo a Eco, un carnaval frío.
BIO
Mi nombre es Álex Mesa. Desde el año 2006 estoy adscrito a la UAB, lugar donde cursé la licenciatura en Filosofía y posteriormente el Máster en “Filosofía contemporánea: tendencias y debates actuales”. En 2013 comencé mi proyecto de tesis doctoral “acerca del humor como límite en la tradición occidental”. En 2016 conseguí una beca predoctoral (PIF) que me vinculó al Departamento de Filosofía de la UAB. Desde entonces, he impartido las asignaturas de “Grandes temas de la filosofía” (2016-2017), “Filosofía y Género” (2017-2018, 2018-2019 y 2019-2020) y “Filosofía del siglo XIX” (2018-2019 y 2019-2020) para diferentes grados de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB. Mi investigación se ha centrado en una lectura en clave ontológica y psicoanalítica del papel que el humor ocupa en la tradición occidental, atendiendo también a los criterios estéticos del humor y a las derivaciones políticas del mismo.

