Carolina Meloni (Tucuman, 1975) es la autora de Feminismos Fronterizos: mestizas, abyectas y perras (Kaotica Libros, 2021) que ya va por la segunda edición. Esta filósofa y escritora contestó algunas preguntas para Catalunya Plural con motivo de la publicación de su último libro.
El éxito se debe al importante repaso que hace Meloni al pensamiento de autoras como Gloria Anzaldúa, Chela Sandoval, Cherríe Moraga, María Galindo o Judith Butler. Muchas de ellas están en la lista de feministas o filósofas referentes para la autora junto a Derrida, Toni Negri o Paco Vidarte. El último fue amigo, maestro y director de tesis de la autora que como dice: “Me entrenó la mirada para leer otro tipo de feminismo, el deconstructivo”.
Carolina dice que “está atravesada por dos exilios”. Su piel, sus rasgos europeos y sus acentos la han ayudado a camuflar su condición de mestiza. Sobre lo último comenta: “Juego mucho con la lengua porque tengo la capacidad de hablar en madrileño o en argentino. María Galindo me dijo que tengo esa capacidad de desdoblarme y ella cree que eso también es un modo de resistencia”
Meloni es profesora de alumnos y alumnas -jovencísimas- en la Universidad de Zaragoza en donde está feliz porque “el feminismo zaragozano es una maravilla”. Sus asignaturas son Introducción a los problemas filosóficos, Textos y problemas de la filosofía del siglo XIX y Pensamiento feminista, con la que comienza este próximo cuatrimestre.
Esta filósofa y escritora contestó algunas preguntas para Catalunya Plural con motivo de la publicación de su último libro.
¿Qué puede encontrar el lector o la lectora cuando compra un libro que se titula Feminismos Fronterizos que si no está familiarizado con los feminismos no va a esperar que narre cómo viven, cerca de una línea fronteriza, un grupo de mujeres feministas?
(Risas) El concepto de frontera aparece cuando los movimientos de transformación social crean sus propias fronteras y excluyen a determinados sujetos que no se consideran del todo válidos para su discurso. Feminismos fronterizos es un libro con una estructura pedagógica porque surgió cuando tuve que impartir unas clases de Pensamiento feminista en un Máster de Igualdad y Género de la Universidad Complutense. En la preparación comprobé la primera frontera: hay muchas autoras que se habían quedado “al otro lado”. A partir de ahí, me centro en el trabajo que hizo María Lugones sobre la epistemología de la frontera y en cómo un discurso político puede generar sus propias fronteras y en dónde, incluso, establece una disciplina como si fuera una policía que marca quienes pueden estar dentro de la polis.
Mi mayor afán era dar a conocer a mis alumnas todas estas autoras e incitarlas, con sus lecturas, a iniciarse en su pensamiento, como teoría. Aunque, desde el mejor sentido de la palabra es un libro claramente académico, mi mayor deseo es que esa cartografía nos ayude a honrar la memoria de determinadas autoras que ni siquiera pudieron acceder a los programas académicos.
¿Y cómo construyó el subtítulo Mestizas, perras y abyectas?
El concepto de mestizas recoge toda la tradición de feministas mestizas y fronterizas. El concepto de perra tiene su origen en tres autoras: Anzaldúa por su forma de hablar “Oye como ladra el lenguaje de la frontera”; a través de María Galindo en donde dice que el feminismo no es una teoría ni una práctica política amable, sino que es una lucha contra el poder y tenemos que sacar a las perras que llevamos dentro. Y no me olvido de Paco Vidarte y su política cínica del perro como un animal que llevamos dentro, y su concepto de chucho, el chucho callejero: en las fronteras son bastardos, mestizos y sin pedrigree, sin jerarquías.
Por último, recurro a Judith Butler para hablar de lo abyecto.
¿ Por qué se siente la necesidad de rescatar todo ese panorama feminista olvidado?
El leiv motiv fundamental fue, por la sensación de desconcierto que sentimos ante lo que está sucediendo en el feminismo académico y militante. A pesar de cómo todas abrazamos la teoría y la praxis de esta supuesta cuarta ola, nos está trayendo una resaca de debates que ya estaban superados en los años 90. Uno de ellos es sobre el concepto de mujer que se comenzó a desmontar con Simone de Beavouir y que ahora volvemos al discurso basado en la biología.
¿Por qué cree que se pasó de aquel encuentro de Granada de los 5000 feminismos al feminismo en singular. ¿Cree que puede deberse al conservadurismo que está impregnando el ambiente?
Creo que hay un relevo generacional que no se está aceptando. No se acepta el feminismo de la diferencia que está representado por autoras muy jóvenes frente a las militantes clásicas del feminismo de la igualdad. Sí que creo que lo que está ocurriendo es un gran síntoma a un retorno a un giro conservador de la sociedad: la familia tradicional y la fidelización de cuestiones que ya estaban superadas, como, por ejemplo, la maternidad como núcleo fundamental en la vida de las mujeres. El feminismo clásico e identitario ha hecho un giro hacia el conservadurismo en donde no nos sentimos identificadas porque tiene una genealogía hegemónica europea, clasista y burguesa.
María Galindo dice que nos han robado el feminismo desde la tecnocracia de género y que el capitalismo ha fagotizado cualquier resistencia, incluido el feminismo con el movimiento trans: si no estamos muy celosas y muy vigilantes pueden ser abducidos.
El feminismo colonial es un concepto que está sobre la mesa en la discusión feminista, sobre todo en la latinoamericana, pero que también aparece en Feminismos fronterizos Usted, ¿dónde nota este aspecto del colonialismo?
En mi estudio, la mayoría de la autoras postcoloniales analizan -de manera muy lúcida- que la colonización no fue solo lo que ocurrió hace 500 años, sino que la colonización forma parte del sistema capitalista. Desde ahí, observamos cómo nos atraviesa cotidiana, política o jurídicamente en los estados que han sido colonizados. Por ejemplo, Argentina sigue siendo un país colonial: el argentino blanco de origen europeo sigue siendo el sujeto dominante. En mi caso, mientras he vivido en Europa he visto que los trabajos más duros o penosos los han realizado las mujeres y los hombres de las antiguas colonias. La academia sigue siendo una institución jerárquica que no solo expulsa a las personas inmigrantes, sino que la lógica del conocimiento mira a Europa o a Estados Unidos. Dos ejemplos: si no publicas en inglés, no se publican tus artículos; y las estancias de investigación tienen más valor si son en países europeos que en país de América Latina.
España también debería revisar cómo el colonialismo atraviesa la ciencia, nuestra forma de hablar o nuestro propio deseo.
Después de leer Feminismos Fronterizos la lectora o el lector puede coger aire y volver a creer que el feminismo en plural es un movimiento integrador…
En este momento estoy leyendo a Sarah Ahmed que dice que el feminismo es un trabajo de memoria, por eso es importante volver a autoras que ya estaban reflexionando sobre ideas importantes a mediados del XX y dejar a un lado la esterilidad de este discurso actual. En la academia y en la militancia tenemos que ser cuidadosas y volver a nuestras raíces, regresar a la memoria feminista.

