El problema no es invocar la libertad, sino hacerlo de tal manera que ya no sabemos qué queremos decir con ella. No es tarea fácil porque aunque su sentido cambia, se matiza o evoluciona con el tiempo, utilizamos la misma palabra para designar lo que entendemos como opuesto a la necesidad, la esclavitud, la opresión o la coacción. Solemos entenderla como un valor por el cual la vida de una persona está bajo su control en el equilibrio frágil entre la coerción de la comunidad y la acción individual, pero no nos detenemos a pensar si esta noción coincide con…
