Autor: Alejandra Ciriza

A Ileana Mi madre se fue en estos días, a los 90 años. Inteligente, bella y educada, cultísima, tuvo, dentro de los márgenes establecidos para las mujeres de su tiempo, una buena vida. Los últimos meses fueron difíciles. Varias caídas y una quebradura de cadera desmoronaron su cuerpo ya muy fragilizado. Entonces su vida empezó a consumir la mía, y las de otras personas. Con su vida no alcanzaba para la vida. Cuidar a una persona adulta dependiente implica aceptar que, como sabiamente señaló uno de mis hijos, ella no aprenderá una cosa nueva cada día, sino que más bien las…

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