Autor: Cristina Llagostera

Esta situación de emergencia nos pone ante una realidad nueva, desconocida, que nos conecta directamente con la sensación de vulnerabilidad. Pensemos en la soledad que impone este extraño virus: en las camas de hospital, en las casas de los que viven solos, en la falta de abrazos, besos y caricias. Cuando todo pase, podremos retomar ese contacto más cercano, pero para quienes hayan perdido seres queridos eso será irrecuperable. Estas personas vivirán un duelo sin apenas posibilidad de despedirse, sin poder acariciar a quien está a punto de morir, sin poder ver el cuerpo del difunto, velarlo ni celebrar su…

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