Autor: Esperanza Escribano

Desde hace un tiempo, comparo la vida con el surf. A cada una nos cuesta más o menos, pero en mi caso puedo decir que, una vez alcanzados los 30, había conseguido subirme a la tabla y disfrutar de los desafíos que llegaban a mi vida con relativa armonía. Después me quedé embarazada, y desde entonces, no dejan de acecharme olas gigantes que me derriban. Algunas, incluso me arrastran por el fondo y salgo del agua después de haber tragado litros, llena de rasguños. Luego vuelvo a subirme a la tabla, y a veces, incluso empiezo a confiarme de nuevo.…

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