En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha pasado de ser una promesa tecnológica a una realidad cotidiana. Se habla de ella como si fuera un agente capaz de pensar y decidir, y a menudo se presenta como una amenaza o como una solución milagrosa. Sin embargo, es necesario comenzar con una aclaración esencial: la IA no es inteligente ni tampoco artificial. No es inteligente porque no razona ni tiene conciencia; simplemente calcula probabilidades y completa patrones. Y no es artificial porque se alimenta de los datos, los textos y las imágenes que nosotros, como sociedad, hemos generado previamente.…
