Hay procesos que no son rápidos, que se cocinan a fuego lento. Para toda una generación, la batalla de Urquinaona supuso una ruptura. Una ruptura que alargó sus efectos mucho más allá del estallido de aquellos días. Decidimos que se habían acabado las sonrisas. Recuperamos la vieja tradición proletaria de llenar de fuego y barricadas las calles de Barcelona. Pero más allá de la espectacularidad, lo que se rompió fue político: entraron en acción las masas profundas del proletariado juvenil más empobrecido y colérico, que se escaparon de todo control y tutela de los líderes y partidos de la pequeña…
