Autor: Mònica Palacín

Entre los años 70 y 80 en el colegio público Diego de Velázquez, en el barrio de la Verneda, no llegaba ni al 25% el número de alumnos catalanohablantes en las aulas. De hecho, en mi grupo las alumnas que en casa hablábamos catalán se podían contar con los dedos de una mano, y digo en casa porque literalmente era así. En las actividades extraescolares, piscina, baloncesto y en el recreo se reproducía lo mismo que en la escuela. La inmersión lingüística nos cogió tarde en mi grupo. Creo recordar que hacíamos octavo de EGB cuando se inició en los primeros centros y…

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