Corría el año 2011 y yo vivía en Alemania; era una cándida estudiante de Erasmus por los pasillos de la Albert-Ludwigs-Universität, los mismos que pisaron el propio Erasmo de Rotterdam, Hannah Arendt, Heidegger y Goebbels. Por aquel entonces, los Erasmus convivíamos con los migrantes laborales escupidos por la crisis del 2008 y en general con lo que se llamó “fuga de cerebros” —una metáfora que solo se puede decir en castellano y que nunca ha dejado de inquietarme—. Había, claro, cierto sentimiento de desamparo. Para contrarrestarlo, y quizás inconscientemente, me apunté al seminario sobre cantautores catalanes que ofrecía Miquel Malondra.…
