Intentar hacer políticas de izquierda sin asegurar el derecho a la vivienda o erradicación de la figura del trabajador pobre es como encargar la organización de una fiesta infantil al mismísimo Herodes, y confiar en que todo acabe bien. No es descabellado pensar que con palos y desahucios contra los Derechos Humanos se provoque la extensión del “fascismo social”
