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Opiniones

El secuestro de la atención, para acabar con la comunicación
Estamos comprobando que la apropiación corporativa de Internet redefine al totalidad del campo comunicacional hasta modificar las condiciones de la recepción.

Gabriel Jaraba12 de octubre de 2026 - 07:31
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Uno se pregunta: ¿en qué consiste el negocio de la comunicación? Diríase que en ganar y acumular audiencia, es decir público que atiende a los mensajes difundidos y se adhiere a los medios que los vehiculan. También, que ese seguimiento se traduce en términos directamente económicos o en influencia, sea lo que sea esta última cuestión. Pero la pregunta sigue en pie: ¿en qué consiste la transacción y cuál es su beneficio? ¿Qué es exactamente lo que se compra y se vende en un acto de comunicación mediada en un contexto comercial?

Es necesario esclarecer esta cuestión porque con ella se juega el destino de un bien preciadísimo para la democracia y sobre todo para la condición humana, y que ahora se ve amenazado por la contrarrevolución general que está llevando a cabo el tecnofeudalismo y con ello la disminución de nuestros derechos y la eliminación de la libertad: la comunicación humana mediada que produce el bien democrático del derecho a la información.

Cómo funciona la comunicación

La teoría de la comunicación que hasta ahora hemos venido usando no nos aclara demasiado la cosa. Probablemente porque sus fundadores se basaron en modelos y metáforas originadas en la ingeniería y no en la hermenéutica al uso en las humanidades. Según los planteamientos así establecidos, la comunicación es un proceso establecido entre un emisor y un receptor, mediante un canal y un código. El resultado es la recepción del mensaje, que puede dar lugar a una retroalimentación (feedback), y producirse procesos concomitantes o sucesivos que contextualicen el acto comunicativo. Los autores que han desarrollado todo este campo teórico han profundizado y complejizado la perspectiva nacida según el paradigma ingenieril y han dado lugar a una disciplina que hoy día figura en la cima de las ciencias sociales y humanas. Pero la metáfora tecnológica que un día parecía ser argumento científico es hoy un obstáculo de comprensión.

El problema de la visión esquematizada del acto comunicativo reside en que parece hacerse abstracción de que la comunicación humana mediada se produce entre humanos, es decir entre conciencias. Y las conciencias humanas se caracterizan, cuando establecen una comunicación, por estar determinadas por dos factores: la cualidad de la intención y la calidad de la recepción.

Alguien comunica algo con un propósito, alguien recibe lo comunicado según su capacidad de aprehenderlo. De este modo, el emisor tiene una pretensión inherente al acto de comunicar y el receptor aprehenderá lo emitido en la medida en que esté en condiciones de hacerse con él. La aprehensión conclusiva del proceso de transmisión no dependerá sólo, pues, de que emisor y receptor compartan el código utilizado y de que las interferencias puedan resultar un obstáculo, sino de que el destinatario de la comunicación sea capaz de recibirlo y asimilarlo conscientemente y de hacerlo en su totalidad o una parte significativa.

El valor de la comunicación

Espero no haber aburrido al amable lector con esta explicación que no es académica sino del todo pragmática. Se resumiría así: no hay comunicación visual posible para ciegos ni auditiva para sordos. El valor de la comunicación se basa pues en que el receptor se haga perfecto cargo de lo que ella significa. Y para ello es necesario no sólo que sus sentidos se la ofrezcan sino que su atención se lo permita.

El valor de cambio de la comunicación es la atención. Lo que se vende y se compra en la comunicación mediada responde a una condición fundamental y elemental: la atención del receptor, propiciada, suscitada y realizada. Lo que vale es que la gente atienda, perciba, reciba y se haga cargo de lo que comunicas. El resto viene después.

El valor de cambio de la comunicación es la atención. Lo que se vende y se compra en la comunicación mediada responde a una condición fundamental y elemental: la atención del receptor, propiciada, suscitada y realizada

Lo que la comunicación vende es el valor de la atención, es decir, que se produzca la recepción del mensaje con la calidad pretendida. Y para ello todos los elementos del acto comunicativo deben estar en disposición de producirlo. Incluido el receptor, a quien se le suponen las condiciones sensitivas y mentales para que pueda comportarse como tal. Se valora y paga el resultado de la comunicación fehaciente, no la pérdida o menoscabo de su acción. Se paga para lograr que se atienda a lo emitido, llegue a su destinatario, sea recibido por el máximo de personas y produzca los efectos pretendidos. Pero para que esa cadena de valor sea suscitada es necesario, primero y sobre todo, que exista la atención de la que pende. Lograr que te hagan caso, en suma, y que lo hagan de un modo suficiente según la intención del emisor.

El corazón de la contrarrevolución antidemocrática

Y ahí es donde interviene el tecnofeudalismo en el actual momento de su contrarrevolución antidemocrática. Ya no sólo se trata de controlar los emisores, los mensajes emitidos, los medios por los que se emite. El huevo de Colón de ese gran giro es actuar sobre los receptores: influir y condicionar en la misma atención, en la capacidad de aprehender el mensaje comunicado.

Dado que el producto es la atención, eso puede cambiar. Ya no manipularemos los mensajes o los medios, hay que intervenir en los receptores.

Estamos comprobando que la apropiación corporativa de internet redefine la totalidad del campo comunicacional hasta modificar las condiciones de la recepción. Los públicos jóvenes, y no tan jóvenes, tienen menor capacidad de atención sostenida, es la era de Tik Tok, el scroll infinito y la fragmentación extrema de contenidos. Consumo rápido y deficientemente asimilado, impresiones superficiales, preponderancia de lo sensacional: ya hemos visto cómo se construye un sector de extrema derecha populista basado en ese tipo de comunicación. A ello se añade la comprobada insuficiencia en lectoescritura de la población escolar –y habría que ver la capacidad correspondiente de quienes superan esa edad—y ya tenemos sentadas las bases de un nuevo analfabetismo funcional nacido en el seno de la sociedad de la comunicación, no sólo a pesar de esta sino a causa de esta.

La operación neoanalfabetizadora ha atacado al corazón de la cuestión: la modificación de la capacidad de atención de los receptores. Los efectos se desprenden en cascada: desinterés por las cuestiones importantes, absorción por el sensacionalismo, superficialidad en las relaciones que se dan en torno a la comunicación, sumisión ante la inducción de intenciones interesadas y disimuladas. Plantear el problema de las fake news o la alfabetización mediática es superfluo cuando no hay capacidad no ya de comprensión sino de ni siquiera atención.

La operación neoanalfabetizadora ha atacado al corazón de la cuestión: la modificación de la capacidad de atención de los receptores. Los efectos se desprenden en cascada

Secuestro de la atención, robo de la democracia

El secuestro de la atención hace que el poder de esta disminuya hasta que puede ser reemplazada por el mero reflejo del receptor. Un reflejo conductual, como lo imaginó Skinner, que arrastrase tras de sí una acción , favorable a las intenciones del emisor. Habríamos llegado así al súmmum de la comunicación que ha soñado este nuevo mundo: secuestrar la atención para ir disminuyendo su poder cognitivo y derivar en reflejo.

Peter Thiel, el más destacado teóricopráctico de la contrarrevolución antidemocrática lo ha dicho claro: democracia y libertad son incompatibles. Hay que acabar pues con la primera para acceder a la segunda, cuyo nombre atribuido oculta su verdadera naturaleza como sistema de dominación. Y para acabar con la democracia hay que destruir la comunicación, haciendo caer el constructo desmontando su base. Si desactivan la atención la comunicación se neutraliza y se convierte en mero mecanismo que produce reflejos. Recuperar la atención y defenderla es pues defender la democracia.

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Gabriel Jaraba
Gabriel Jaraba

Doctor en Comunicación y Periodismo por la UAB, Subdirector de la Cátedra Unesco de Periodismo de Calidad y Alfabetización Informativa y asesor general del Gabinete de Comunicación y Educación UAB, además de articulista en varios medios.

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