Las palabras también levantan muros
¿Cuándo se convierte una persona en una amenaza? ¿Cuando atraviesa una frontera o cuando alguien decide que debemos tenerle miedo? ¿Y quién gana cuando nos preocupa más el vecino migrante que los responsables de la precariedad, la crisis de la vivienda o el deterioro de los servicios públicos?
Estas son algunas de las preguntas que atraviesan la nueva conversación de Pere Ortín con Eileen Truax en Catalunya Plural TV.
Periodista mexicana residente en Barcelona, Truax ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar las migraciones en Estados Unidos y a cuestionar los discursos políticos y mediáticos que convierten a millones de personas en sospechosas por el simple hecho de haber nacido en otro lugar. La conversación parte de una idea esencial: la inmigración no es solo una cuestión de fronteras y leyes. Es también una batalla por las palabras, las imágenes y el poder de explicar quiénes somos.
Fabricar enemigos para ocultar responsabilidades
Las sociedades necesitan encontrar culpables de sus problemas. Y las personas migrantes, a menudo sin poder político ni capacidad para defenderse públicamente, se convierten en el blanco perfecto.
La falta de vivienda, la precariedad laboral o la crisis de los servicios públicos tienen causas estructurales y responsables políticos y económicos. Pero el discurso racista ofrece una explicación mucho más sencilla: la culpa es de quien acaba de llegar.

Truax analiza cómo este mecanismo se repite en Estados Unidos, en Europa y también en Cataluña, con discursos que apelan a la inseguridad, la identidad y el miedo a perder aquello que consideramos nuestro.
De Trump a Europa: la política del miedo
Las deportaciones, las actuaciones del ICE en Estados Unidos y las denuncias de maltratos en las fronteras europeas muestran hasta qué punto la deshumanización puede tener consecuencias concretas. El miedo no afecta solo a las personas migrantes. También puede servir para intimidar a quienes las defienden, normalizar la vulneración de derechos y debilitar la solidaridad.
La conversación nos deja una pregunta muy complicada de asumir: ¿estamos convencidos de que aquello que pasa en Estados Unidos no está pasando también aquí?
Cataluña: ¿cuándo dejas de ser de fuera?
La defensa de la lengua y la cultura catalanas no debería convertirse en una excusa para excluir. ¿Cuántos años tiene que vivir una persona en Cataluña para que dejemos de considerarla extranjera? ¿Quién tiene derecho a definir la identidad colectiva? ¿Y por qué seguimos exigiendo a las personas migrantes que sean víctimas ejemplares o héroes extraordinarios para reconocerles los mismos derechos que al resto?
Truax invita a repensar las narrativas migratorias y el papel de los medios. No basta con dar voz a las personas migrantes: es necesario reconocerlas como protagonistas de la vida política, cultural, periodística y social, con capacidad para opinar y decidir las ideas y la narración sobre un futuro compartido.
Un periodismo que investigue el poder, no que amplifique el miedo a «el otro»
La conversación también es una reflexión sobre la responsabilidad periodística. Las palabras «avalancha», «invasión» o «crisis migratoria» nunca son inocentes. Pueden convertir a personas en amenazas y transformar desigualdades estructurales en conflictos entre vecinos.
Ante esto, el periodismo debe recuperar una de sus funciones esenciales: investigar quién toma las decisiones, quién controla los recursos y quién se beneficia del miedo. Porque el racismo cotidiano ofrece culpables fáciles, pero deja intactas las causas de los problemas. Y quizá esta sea la pregunta más importante que deja abierta la conversación con Eileen Truax:
¿Quién gana cuando consiguen que tengamos más miedo del vecino migrante que de los poderosos que recortan nuestros derechos?
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