La huelga de La Canadenca, en 1919, posicionó a Barcelona como un referente internacional en la defensa de los derechos y las libertades de la clase trabajadora. Gracias a esta gesta histórica del movimiento obrero catalán, la jornada laboral se fijó en 8 horas al día o 48 horas semanales como máximo legal, teniendo en cuenta que en esa época se trabajaba unas 12 horas diarias. Ya en periodo democrático, en 1983, otra modificación redujo nuevamente la jornada laboral hasta las 40 horas semanales. Pero, desde entonces, durante más de 40 años, nada ha cambiado. Hasta ahora.
Este mes de febrero, el Consejo de Ministros ha aprobado el anteproyecto de ley para reducir la jornada laboral a 37 horas y dos cuartos semanales, sin reducción salarial. Más allá de los aspectos legales, ¿qué nos aporta trabajar menos cobrando lo mismo? En primer lugar, tener más tiempo para nosotros mismos, que no es poco. Esto se traduce en menos estrés, ansiedad y una mejor calidad del sueño. Descansar más significa más energía y mejor capacidad para afrontar el día a día. La conciliación laboral y familiar también sale beneficiada, y pasar menos horas en la oficina aumenta la productividad y la motivación. Una prueba piloto que se llevó a cabo en 2022 en Portugal es un ejemplo: participaron 41 empresas, el 95% de las cuales consideraron que los cambios observados en los empleados fueron positivos. A medida que disminuía la ansiedad, la fatiga, el insomnio, la tensión y la soledad, aumentaban el rendimiento y la motivación. Además, como los trabajadores pasaban menos horas en la oficina, se observó un aumento de la actividad física y de la calidad en las relaciones sociales.
Este es un escenario donde todos ganan, porque, ¿qué empresa no preferiría tener empleados más sanos, productivos y motivados? Los resultados de la prueba piloto demuestran que los empresarios deben replantearse qué cultura laboral promueven, y adaptarla a los medios y tecnologías del siglo XXI. La reducción de la jornada laboral a 37,5 h es un gran paso en los derechos y libertades de la clase trabajadora de nuestro país. Se ha roto un tabú de algo de lo que se llevaba mucho tiempo sin hablar, se ha abierto un debate que continuará vigente e impactará de manera positiva en nuestra calidad de vida. Los Comunes hemos tenido un papel clave, pero esta es solo la primera paso: debemos seguir reduciendo la jornada y aumentando los salarios. Por compromiso con la clase trabajadora, continuaremos luchando para que todos trabajen menos y disfruten más y mejor.

