Hace más de 100 años, un grupo de obreros catalanes paralizó el 70% de la industria del país y estuvo en huelga durante más de cuarenta días. Esta huelga, que fue una de las más importantes de la historia, consiguió con la lucha obrera de los trabajadores y trabajadoras mejoras impensables en ese momento: mejores salarios, liberación de detenidos y, tal vez la más destacada, la jornada laboral de 8 horas.
En la actualidad, tanto tiempo después, miles y miles de afiliados a las organizaciones sindicales de CC.OO (Comisiones Obreras) y UGT (Unión General de Trabajadores), se han vuelto a congregar alrededor de la Plaza del Portal de la Pau, donde se ubica el monumento a Colón. Todos ellos y ellas se han reunido bajo un mismo grito: “¡Reducción de jornada ya!”.

El pasado 4 de febrero se presentó el anteproyecto de ley para reducir el tiempo de la jornada actual de 40 horas a 37,5. Esta iniciativa, liderada por la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, estaba pensada en un primer momento para ser aún más ambiciosa, pero después de un proceso de negociaciones con todos los agentes sociales, tuvieron que conformarse con estas horas. El acuerdo con las principales organizaciones sindicales españolas se firmó el 20 de diciembre. Ya solo queda un último paso: la aprobación parlamentaria.
La reducción de la jornada laboral es una necesidad imperiosa para todos los trabajadores y trabajadoras. La cifra de 40 horas semanales no se actualiza desde el año 1983. Algo que también debe tenerse en cuenta son la jornada laboral máxima establecida por la ley y las que se acuerdan en convenios colectivos. En este caso, son muchos los países del entorno de la Unión Europea donde se trabaja entre 35 y 38 horas, como Francia, Italia o Bélgica.
La manifestación ha continuado su recorrido por el Paseo de Josep Carner, ha subido por la Avenida del Paralelo y ha finalizado el trayecto en los Jardines de las Tres Chimeneas, el mismo lugar donde se encontraba la fábrica de la Canadenca, que ha servido para rendir homenaje a esta lucha histórica. Durante todo el camino, lleno de banderas de ambas organizaciones sindicales, tanto de CC.OO como de UGT, pintadas con los colores de la Senyera, del morado del color de la mujer o de la bandera LGTBI, se oían gritos y proclamas a favor de la reducción de jornada, un derecho que involucra a todas las personas, tengan la ideología que tengan.

“2 de cada 3 personas quieren conseguir la reducción de la jornada laboral. La aprobación en el Congreso de los Diputados de esta ley requiere la presión de los grupos sociales y las organizaciones sindicales, no dudaremos en ponernos al frente de esta”, ha explicado el secretario general de CC.OO de Cataluña, Javier Pacheco.
Esta ha sido solo alguna de las declaraciones que han hecho ante la prensa algunos de los dirigentes de los sindicatos organizadores, antes de comenzar el recorrido de la manifestación. Javier también ha destacado la necesidad de los trabajadores de, en el mundo digital actual, tener derecho a la desconexión fuera de la jornada de trabajo o el derecho a que haya un control horario de las horas trabajadas.

“Mientras que al otro lado de la montaña de Montjuïc se habla de innovación tecnológica en el Mobile World Congress, aquí buscamos innovar de otra forma: conseguir que los sistemas productivos puedan trabajar menos y en mejores condiciones. Esta es nuestra reivindicación”, ha señalado el secretario general de UGT Cataluña, Camil Ros.

Hasta la manifestación también se han acercado los dirigentes nacionales de UGT y de CC.OO, Pepe Álvarez y Unai Sordo. Ambos han coincidido en el hecho de que la reducción de la jornada laboral es una deuda que se tiene con los trabajadores y las trabajadoras. Destacan la necesidad de presionar a los partidos políticos para que aprueben esta ley, en las calles, con manifestaciones. Pepe Álvarez se ha dirigido a los diputados elegidos en Cataluña para que sean conscientes de lo que quiere la gente y que voten en consideración a ello cuando llegue el momento de la votación en el Congreso de los Diputados.


En 1932, el ministro de Trabajo, Largo Caballero, durante la II República, fue el encargado de aprobar la jornada laboral de 8 horas. Más de 90 años después, los trabajadores y las trabajadoras continúan reclamando mejoras, en una lucha que parece no acabar nunca. Es por eso que el ambiente de la manifestación ha sido tan reivindicatorio: buscaba hacer ruido para hacerse oír, para que la voz de los obreros, de los que lucharon en la huelga de la Canadenca, y de los que luchan hoy en día, no deje nunca de escucharse.
Una vez terminada la manifestación, en los Jardines de las Tres Chimeneas, en conmemoración del lugar donde se encontraba la fábrica de la Canadenca, se ha instalado un pequeño escenario donde los afiliados y las afiliadas han podido escuchar discursos de miembros destacados de la lucha sindical por la mejora de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. En esta gran asamblea, también se ha querido dar voz a algunos de los manifestantes, en un diálogo abierto con la ciudadanía.
La conmemoración de lo que ocurrió hace un siglo es muy importante porque en el mismo lugar donde un grupo de obreros se levantó y paralizó la industria de todo un país para reclamar mejoras indispensables para sus vidas, ha sido hoy el lugar donde todos los trabajadores han gritado para reclamar “¡una reducción de jornada ya!”. Aunque parezcan momentos muy distantes, la clase trabajadora sigue luchando por mantener su dignidad y mejorar sus condiciones.

