En febrero de 1950, el senador de los Estados Unidos, Joseph McCarthy (1908-1957) sobresaltó a sus conciudadanos al denunciar una conspiración comunista en el mismo seno del departamento de Estado. A pesar de que no pudo demostrar sus acusaciones a los supuestos infiltrados, sus intervenciones le hicieron muy popular en las facciones conservadoras de su país, justo cuando empezaba a gestarse la Guerra de Corea (1950-1953), un año después de la llegada al poder de Mao Zedong en China, y en plena Guerra Fría con la Unión Soviética, que continuaba alardeando de los avances de su plan de defensa nuclear.
Sin duda, McCarthy fue uno de los inductores de lo que se conoció como «caza de brujas» por motivos ideológicos, una persecución que hacía tambalear los principios de la propia Constitución estadounidense. Ese escenario de tensión bélica fomentada desde el ámbito político, llevó a un «miedo rojo» y a una histeria colectiva por el peligro de la subversión comunista en el país. Esta histeria culminó en las audiencias ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes, donde cientos de personas fueron llamadas a testificar sobre sus supuestas afiliaciones comunistas. Como resultado de las audiencias, muchos perdieron sus trabajos y familias, y algunos incluso se suicidaron.

Varias obras de ficción abordaron encubiertamente esa sensación de paranoia que azotó el país durante la década de los cincuenta. De todas ellas, sobresale, especialmente, una novela y su posterior e inmediata adaptación cinematográfica. El relato Los ladrones de cuerpos (The Body Snatchers, 1954), de Jack Finney es, probablemente, el mejor exponente en ese sentido. Publicada originalmente en tres entregas en la mítica revista Collier’s (1888-1957) entre noviembre y diciembre de 1954, se publicó en forma de libro al año siguiente con alguna pequeña modificación, aunque significativas. La historia está protagonizada por un médico que se sorprende cuando los pacientes que acuden a su consulta denuncian un hecho inaudito y común a todos ellos: que algún familiar, próximo a ellos, no es en realidad quién parece ser.
En compañía de una antigua amiga del pueblo, descubrirán que suceden fenómenos extraños en los sótanos de las casas de los vecinos. En primera instancia, el psicólogo al que acuden los advierte de que se trata de histeria colectiva, hasta que las evidencias demostrarán con contundencia que la población está siendo sustituida por unos seres que, a pesar de mantener la memoria y aspecto del original, carecen de humanidad. La chispa se acabaría de encender al indicar que el peligro venía del espacio, con las originales vainas alienígenas, en consonancia con la psicosis provocada por las numerosas noticias de avistamientos de OVNIs a partir del conocido caso Roswell el 2 de julio de 1947, cuando se estrelló un objeto desconocido en esa población y se inició la veda para proclamar diferentes teorías de conspiración que duran hasta hoy en día.

En el libro ¡Ya están aquí! ¡Tú eres el siguiente! Las invasiones de ladrones de cuerpos en el cine y la televisión (2025), del Dr. Julio Vallejo Herán, publicado por Diábolo Ediciones, el autor analiza las decenas de producciones audiovisuales relacionadas con los ladrones de cuerpos. En el caso concreto de la influyente novela de Finney, Vallejo recuerda que el escritor siempre indicó que su intención había sido la de realizar una obra de ciencia ficción para entretener al lector, sin ninguna ambición extra. Aun así, destaca el valor alegórico de la novela sobre el miedo al comunismo y a la uniformidad que incluía, a su vez, el capitalismo. «Finney expone el declive de las pequeñas ciudades estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. En la novela, esa decadencia se muestra en el deterioro de las casas y los comercios, signos del comienzo de una pérdida de la grandeza de Estados Unidos. Otro signo del deterioro del american way of life es la condición de divorciados de los dos protagonistas, un ejemplo del daño a la vida familiar y el consiguiente fracaso moral», afirma Vallejo en su libro.
Precisamente, uno de los cambios significativos que realizó para su publicación en formato de novela fue la de sustituir la ficticia población de Santa Mira por la de Mill Valley, que era la localidad donde residía, donde vivió gran parte de su vida, y que se intuye lo hizo para dotar aun más de verosimilitud y proximidad a la historia. La novela ha sido adaptada libremente en películas hasta en cuatro ocasiones, pero su influencia ha sido notable en la ficción en numerosos títulos, tanto en la literatura como en el cine y la televisión. Esas cuatro adaptaciones mutaron para reinterpretar los miedos y angustias de cada momento. Aunque la primera de ellas fue producida inmediatamente después de la publicación de la novela, por lo que las dos son coetáneas y hay pocas diferencias en su contenido esencial.

La primera adaptación fue una iniciativa del productor Walter Wanger (1894-1968), que escogió al prestigioso Don Siegel (1912-1991) como director de la seminal película La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956), que lidera, con el equipo de guionistas, cambios más cinematográficos respecto de la novela, con más escenas de acción y menos nostalgia evocando la vida anterior a la Segunda Guerra Mundial. «En la versión de Siegel, la última toma de la imagen era una en la que se veía al actor Kevin McCarthy apuntando con el dedo directamente a la audiencia, gritando a todo pulmón: “¡Tú eres el siguiente!”. En ese momento la imagen terminaba de forma abrupta y dramática. Los pases de prueba de la película a finales de junio y principios de julio de 1955 demostraron el notable poder del final en el que McCarthy grita pidiendo ayuda. Así describió Siegel la respuesta del público: “Cuando se encendieron las luces todos miraron nerviosos a su vecino inmediato y se preguntaban con inquietud si estarían rodeados de vainas”», recoge Vallejo.
La película fue un éxito de crítica pero no de público, y triunfó en tierras británicas, que percibieron mejor la crítica subyacente en el relato de la película, un despiadado reflejo de la homogenización de la sociedad estadounidense de los años cincuenta, que tendría su mejor reflejo en las ilustraciones y pinturas de Norman Rockwell (1894-1978). Detrás de esa imagen idealizada y propia de una clase media en plena eclosión, había muchos sueños perdidos y pesadillas encubiertas. Las reposiciones en la televisión potenciaron un nuevo éxito en los setenta, que llevó al productor Robert H. Solo (1932-2018) a promover una nueva adaptación de la novela, esta vez en color, aunque, los cambios en el guion irían en consonancia con la sociedad del momento.

La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1978) contó con la dirección de Phillip Kaufman, protagonizada por Donald Sutherland, Brooke Adams, Jeff Goldblum y Leonard Nimoy. Lo curioso fueron los cameos de Don Siegel, Veronica Cartwright y Kevin McCarthy, director y pareja protagonista de la primera adaptación, realizando un guiño curioso a los aficionados cinéfilos, que podían interpretar una cierta continuidad entre las dos producciones. Aunque los cambios eran notables: la historia no transcurriría en una pequeña población del interior, sino en la ciudad de San Francisco, y el médico de pueblo era transformado en un burócrata del Departamento de Sanidad de la ciudad.
«Si en la cinta de los años cincuenta los ladrones de cuerpos se podían considerar como una alusión al comunismo, en esta ocasión, la cinta parece profetizar el auge del conservadurismo de la inminente era Reagan, representado en el monolítico marido de la protagonista femenina y los propios alienígenas ladrones de cuerpos», indica Vallejo. El mismo Kaufman afirmaba en una entrevista a la revista Hollywood Reporter (1930-) lo siguiente: «Hay una escena en la que Donald Sutherland dice algo sobre el marido de uno de los personaje que duda de que su pareja sea su pareja realmente: “Tal vez se haya convertido en republicano”, le exclama… Hay cierta validez en esa frase. Algunos de los mejores republicanos que conozco han dejado de serlo porque hay una especie de conformismo e histeria y menosprecian a personas más complejas, compasivas y humanistas. Mucha gente todavía ve a San Francisco de esa forma, que de alguna manera está fuera de los “requisitos de grupo” para el avance de ese tipo de civilización horrible. Siento que las vainas se han apoderado de gran parte de nuestro discurso. No quiero convertir esto en una diatriba política sobre lo que me preocupa en el mundo actual, pero ciertamente está ahí”». Una de las frases del psicólogo en la película es también contundente: «La gente entra y sale de las relaciones porque no quieren responsabilidad. Por eso los matrimonios se van al infierno. La unidad familiar se rompe».

El mismo productor impulsó una tercera adaptación de la novela original tres lustros después: Secuestradores de cuerpos (Body Snatchers, 1993), dirigida por Abel Ferrara. La película acontece en un base militar, un recinto cerrado, que aparentemente podría dar la sensación de confinamiento que pudiera proteger la expansión de la invasión, y, además, «la uniformidad y la obediencia de los soldados resulta extrañamente similar a la sumisión de los seres salidos de la vaina», reconoce Vallejo. «Respecto a la huella de su tiempo en esta versión, queda patente en la preocupación por las guerras químicas, el deterioro del medio ambiente y el auge del militarismo del gobierno de George H. W. Bush», sentencia.
La cuarta adaptación fue producida por Joel Silver, que propuso al destacado director alemán del momento, Oliver Hirschbiegel, como responsable de la película Invasión (The invasion, 2007), protagonizada por Nicole Kidman y Daniel Craig. En este caso, los cambios fueron importantes: la trama sucede en Washington D. C., es decir, la invasión llega a la capital del país, con todo el simbolismo que representa. Por otra parte, las vainas han dejado paso a unas esporas que se transmiten en forma de virus, rompiendo así con una de las constantes en las diferentes versiones de la obra de Finney: «Los fluidos, como la saliva o la sangre, son los utilizados por la particular entidad invasora para expandirse. Evidentemente, los responsables lo usan para hablar del miedo a las pandemias entre la población en el siglo XXI que, hasta entonces, se había manifestado con el SARS o la gripe aviar. Curiosamente, más de una década después, la pandemia mundial se haría realidad con el covid-19. A este respecto, la película parece profetizar la paranoia que surgió respecto a las vacunas entre algunos grupos, que pensaban que contenía algún medio de control sobre los ciudadanos. Evidentemente, en el filme esa sospecha es más que certera, mientras que en la realidad era solamente un bulo de los antivacunas», argumenta el autor.
Julio Vallejo es Licenciado en Ciencias de la Información y doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado diversos libros de análisis cinematográfico, centrándose en esta ocasión en analizar una ciencia ficción sociológica que sirve de instrumento para analizar la sociedad de cada instante en que fue adaptada al cine la novela original, aunque algunas cosas de estas películas comentadas las podríamos interpretar perfectamente desde nuestro tiempo. Al fin y al cabo, hay muchos padres que dudamos, hoy en día, si nuestros hijos se están volviendo republicanos todos de golpe.


