La película hongkonesa The Way We Talk, dirigida por Adam Wong, gana el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público en el Festival Nits de Cinema Oriental de Vic 2026 mediante un relato que profundiza en la historia de tres amigos con diferentes perspectivas sobre la sordera y, sobre todo, con distintas formas de afrontar la adversidad.

Aquí tens la versión en catalá


En la 23.ª edición del Festival Nits de Cinema Oriental de Vic (o en su nombre internacional, Asian Summer Film Festival, ASFF), celebrada del 14 al 19 de julio de 2026, se ha proyectado un total de 38 largometrajes y 6 cortos, todos en versión original con subtítulos en catalán a excepción de un preestreno especial, en concreto la película Doraemon: Aventures en el món de l’art (Eiga Doraemon: Nobita no Esekai Monogatari, 2025), que se pudo ver con doblaje en catalán. El director del festival, Quim Crusellas Padrós, responsable de la programación junto a Domingo López, indicó en la clausura que «el festival destaca, edición tras edición, por la gran cantidad de estrenos que programa, y ya se ha convertido en una importante ventana de exhibición de cine asiático en el continente europeo. En esta edición ha habido 33 estrenos en total, entre los que hay once internacionales y uno mundial». Dicho de otro modo, hay un filme asiático que se ha exhibido en público por primera vez en el marco del festival, y hay once que lo han hecho por primera vez fuera de sus países de origen.

El jurado oficial del festival estaba formado por el director de cine catalán de ascendencia china Jiajie Yu, que ha presentado dos cortometrajes; el actor catalán de ascendencia coreana Alberto Jo Lee, que también ha presentado un corto; y la especialista en promoción audiovisual, Carme Puig. El jurado otorgó el Gran Premio del Festival a la película hongkonesa The Way We Talk (Hon ngo gamtin zaammo syut, 2024), dirigida por Adam Wong, destacando en el fallo el valor de la producción, centrada «en dar visibilidad y representación a la comunidad sorda, por su retrato tierno de la amistad y de la fidelidad a uno mismo, y por explicar de forma bella y luminosa el viaje de autodescubrimiento de sus tres protagonistas». La película es un emotivo drama de iniciación y aprendizaje que explora la identidad, la aceptación y la comunicación a través de las experiencias de tres jóvenes sordos en el Hong Kong contemporáneo.

La cinta se adentra en las vidas de Sophie, Alan y Wolf, tres jóvenes que experimentan su sordera desde perspectivas diametralmente opuestas. Mientras Sophie y Alan —ambos con implantes cocleares— han crecido esforzándose por encajar en el mundo normoyente mediante el arduo aprendizaje de la lengua oral, Wolf abraza su silencio comunicándose en exclusiva a través de la lengua de signos y persiguiendo, contra toda barrera, su anhelo de ser instructor de buceo. 

El punto de inflexión en la historia ocurre cuando Sophie, recién graduada, consigue su primer empleo corporativo en una compañía de seguros y descubre con profunda frustración que es utilizada como una simple «mascota» de inclusión para lavar la imagen de la firma, lo que desmorona su deseo de ser tratada como una persona más. Esta crisis personal la empuja a reencontrarse con Alan y a conocer a Wolf, quienes le abren las puertas a la lengua de signos y a una comunidad y forma de expresión que le resultaban completamente ajenas. 

A medida que las vidas de los tres se entrelazan, este viaje de autodescubrimiento desencadena intensas tensiones y debates sobre la identidad, planteando tanto a los protagonistas como al espectador un dilema existencial: el constante conflicto entre desgastarse forzando la integración en una sociedad diseñada para oyentes o reivindicar con orgullo la pertenencia a la cultura sorda, en una actualidad muy influenciada por los avances tecnológicos, que han supuesto un gran progreso en lo que respecta a los implantes cocleares.

La proyección de la película en el Centre d’Arts Escèniques L’Atlàntida, una de las sedes del festival, contó con la colaboración de la Agrupació de Sords de Vic i Comarca, una entidad sin ánimo de lucro cuya actividad comenzó en 1972, dedicada a defender los derechos y mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad auditiva. Con la meta de alcanzar una integración y participación social plenas, la asociación impulsa diversas actividades culturales, deportivas y de formación, además de facilitar a sus socios el acceso a información vital sobre recursos y ayudas. Como eje central de su labor, la agrupación mantiene una lucha activa para erradicar las barreras de comunicación persistentes en la sociedad, promoviendo el desarrollo individual y la visibilidad colectiva de la comunidad sorda.

Al finalizar el pase de la película, se celebró un encuentro con los miembros de la agrupación presentes en la sala, con la participación, entre otros, del presidente, David Puigsasllosas, y la colaboración de Judit Farrerons, que actuó como intérprete de lengua de signos, facilitando la comunicación entre todos los presentes. Los asistentes a este encuentro pudimos escuchar de primera mano algunas de las reivindicaciones que planteaban los miembros de la agrupación frente a las barreras habituales que encuentran en su vida cotidiana y laboral. La sesión se convirtió en un gran ejercicio pedagógico para que las personas oyentes presentes en el recinto comprendieran la realidad de las personas sordas, desde una vertiente social, educativa y familiar.

Uno de los conceptos clave para comprender las barreras que enfrentan las personas sordas es la llamada «privación lingüística». Esta condición surge cuando un menor no tiene un acceso fluido y continuo a una lengua natural —sea hablada o signada— durante su período crítico de desarrollo cognitivo, que abarca aproximadamente los primeros cinco años de vida. Puesto que más del 90 % de los niños sordos nacen en el seno de familias oyentes, las intervenciones médicas suelen priorizar la oralización y el uso de tecnología auditiva como los implantes cocleares. Sin embargo, cuando estas herramientas no logran proporcionar una comprensión completa del habla y se pospone la enseñanza de la lengua de signos, el menor queda inmerso en un profundo vacío comunicativo.

Las consecuencias de este fenómeno van mucho más allá de un simple retraso en el habla, afectando directamente al desarrollo neurológico y socioemocional de la persona. En el estudio titulado Language Deprivation Syndrome: a possible neurodevelopmental disorder with sociocultural origins ([Síndrome de privación lingüística: un posible trastorno del neurodesarrollo con orígenes socioculturales], 2017), los investigadores Hall, Levin y Anderson acuñaron el término «síndrome de privación lingüística», demostrando cómo la ausencia de un código lingüístico temprano altera las funciones ejecutivas del cerebro —como la memoria de trabajo y la resolución de problemas— y dificulta el desarrollo de la teoría de la mente, imprescindible para entender las emociones ajenas. Los autores concluyen que las dificultades cognitivas y de salud mental observadas en parte de la población sorda no son un resultado biológico inherente a la falta de audición, sino la consecuencia directa de una barrera sociocultural que priva a la infancia del acceso inmediato a la comunicación.

En las diferentes intervenciones se destacó cómo el subtitulado para personas sordas es una de las disciplinas más complejas de la traducción audiovisual, ya que trasciende la simple conversión de voz a texto. Como advierte la investigadora Josélia Neves en su influyente trabajo 10 Voices within Subtitling for the Deaf and Hard of Hearing ([10 voces en el subtitulado para personas sordas y con discapacidad auditiva], 2008), el verdadero reto de esta disciplina reside en «reescribir el paisaje sonoro». Para el profesional, el objetivo no es solo trasladar las palabras, sino plasmar los tonos de voz, las intenciones, la música y los efectos acústicos clave que generan tensión o emoción en una película, logrando condensar toda esa información sin saturar la pantalla.

En la práctica cotidiana, este oficio enfrenta serios dilemas técnicos y lingüísticos. Por un lado, debe resolver la identificación clara de quién habla mediante colores o posiciones en pantalla, especialmente cuando los personajes están fuera de campo. Por otro, se libra un constante debate entre la fidelidad literal del texto y la necesidad de editarlo para no rebasar la velocidad de lectura recomendada. Puesto que la lengua escrita funciona como una segunda lengua para muchas personas sordas signantes, un exceso de texto por segundo produce fatiga visual y distrae de la experiencia estética de la imagen. A esto se suma la enorme heterogeneidad de la audiencia receptora. Diseñar un estándar inclusivo que contemple estas realidades tan diversas sigue siendo uno de los mayores desafíos éticos y técnicos del cine accesible.

En la película hay una escena que sorprende enormemente al espectador, cuando la madre de una niña sorda le tapa los ojos en la calle para que no vea a dos niños sordos mientras hablan entre ellos mediante lengua de signos. En realidad forma parte de una denuncia explícita en el inicio de la película, cuando en el año 2004 la política de oralidad en las escuelas prohibía terminantemente a las personas sordas que utilizasen esta modalidad de comunicación. Si se realiza un implante coclear como a la protagonista de la película, se agrava esta situación, al limitarse completamente la posibilidad de comunicarse mediante el lenguaje signado.

El implante coclear es un dispositivo electrónico implantado quirúrgicamente que sustituye la función del oído interno dañado, transformando las ondas sonoras en señales eléctricas que estimulan directamente el nervio auditivo. Lejos de constituir una «cura» milagrosa o una solución automática para la sordera, su éxito depende de un largo y exigente proceso de rehabilitación logopédica y reentrenamiento cerebral, con resultados muy diferentes en cada caso particular. Además de sus desafíos técnicos, el implante conlleva profundas implicaciones socioculturales y éticas: mientras la medicina lo presenta como un puente indispensable hacia el entorno oyente, en el seno de la comunidad sorda despierta un intenso debate de identidad, al existir el temor de que una visión puramente patológica de la sordera desplace la lengua de signos y la riqueza cultural de este colectivo. Estos dilemas morales que aparecen en la película The Way We Talk contribuyeron a que también ganase el Premio del Público-Gato de la Suerte en el festival, categoría en la que quedó finalista la película de animación The Last Blossom (Housenka, 2025).

The Last Blossom ganó también el Premio de la Crítica del Festival. Dirigida por el cineasta japonés Baku Kinoshita, que coescribe el guion junto a Kazuya Konomoto, la película es un íntimo y melancólico drama criminal que combina el cine de yakuzas con el realismo mágico. Producida por el prestigioso Studio CLAP y distribuida en castellano y catalán por Jonu Media, la trama sitúa al espectador en la celda de aislamiento donde Akutsu, un anciano y exmiembro de la yakuza, cumple cadena perpetua a la espera de sus últimos días, acompañado únicamente por una flor de bálsamo (hōsenka) arraigada en una lata que, en un giro surrealista, comienza a hablarle. A través de sus ácidas y contemplativas conversaciones con la planta, el protagonista emprende un viaje introspectivo hacia el verano de 1987, rememorando su pasado como un criminal de poca monta atrapado entre la violencia del hampa y el afecto genuino por una madre soltera y su hijo. Atrapado en una red de falsas lealtades y traiciones, Akutsu orquesta un arriesgado golpe contra su propia banda para salvar a la familia que eligió. 

En la tradición espiritual y teatral de Asia, la máscara jamás ha sido un mero instrumento de ocultación, sino un poderoso catalizador de transformación. Así lo reivindica el Festival Nits de Cinema Oriental de Vic en su lema conceptual de esta edición, tomando como referente el teatro Noh japonés: la máscara no enmascara la realidad, sino que la transforma mediante un juego de luces y sombras para proyectar estados emocionales profundos y verdades invisibles a simple vista. Esta misma premisa parece latir en el corazón de The Last Blossom, que encarna a la perfección esa compleja dualidad del rostro humano. Atrapado durante décadas tras la feroz máscara del crimen organizado, el viaje introspectivo del protagonista hacia su pasado revela que bajo la coraza del delincuente siempre coexistieron la ternura, el sacrificio y un desesperado anhelo de redención para salvar a su familia elegida. Al igual que el espíritu kitsune y las máscaras tradicionales que vertebran la identidad del certamen, la obra de Kinoshita utiliza la fantasía y el recuerdo no para esconder la culpa, sino para entretejer un maduro relato de delicada estética sobre las decisiones irreversibles y la búsqueda de la paz interior al final de la vida.

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Jordi Ojeda

El Dr. Jordi Ojeda es professor del Tecnocampus (Universitat Pompeu Fabra).

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