La Catalunya Nord ha sido noticia en las últimas semanas por dos motivos. El primero, bastante lamentable, por la polémica que ha rodeado la comparecencia en el Parlamento del que fue director de la Casa de la Generalitat en Perpiñán, Christopher Daniel Person. Aunque, según el Govern, cesó “a petición propia por motivos personales”, todo el mundo sabe que fue consecuencia de su negativa a asumir la denominación “Catalunya Nord”, con argumentos inconsistentes que evidenciaban o bien una ignorancia absoluta o bien cierta mala fe. De hecho, la máxima responsabilidad recae en el Govern que lo nombró, mostrando una inexplicable falta de sensibilidad respecto al cargo que debía ejercer.
El segundo motivo por el que se ha hablado de la Catalunya Nord ha sido la oleada de solidaridad social e institucional con La Bressola, la red de escuelas en catalán, acosada por la falta de colaboración del Estado francés.
La lucha por el catalán frente a la extrema derecha
La Catalunya Nord está formada por las comarcas del Rosellón, el Vallespir, el Conflent, la Cerdaña y el Capcir. Tiene 500.000 habitantes, más que los que viven en la circunscripción de Lleida. Forma parte del Estado francés desde el Tratado de los Pirineos de 1659 y, a pesar del tiempo transcurrido, una parte de la población mantiene un sentimiento de catalanidad que va más allá del conocimiento minoritario pero real de nuestra lengua. El jacobinismo francés no dudó en utilizar métodos represivos en las escuelas para intentar eliminar el aprendizaje y la transmisión del catalán. Y hoy, diversos ayuntamientos, encabezados por el de Elna, luchan por ejercer su derecho a expresarse en catalán en los plenos municipales.
En el ámbito político, el crecimiento de la extrema derecha del Rassemblement National de Marine Le Pen en toda Francia ha sido especialmente acusado en la Catalunya Nord. El ultraderechista Louis Alliot es actualmente alcalde de Perpiñán. Pueden existir razones generales que afectan a todo el Estado, pero también otras específicas, entre las que podríamos destacar el sentimiento de abandono de este territorio alejado de París. Pero, en contra de la imagen que a veces difunden determinados medios de comunicación de nuestro país, no todo el mundo apoya a la extrema derecha; también hay una parte de la sociedad que se opone firmemente. Si en las últimas elecciones de 2024 el partido de Le Pen ganó en la Catalunya Nord, el Nou Front Popular quedó como primera fuerza en la ciudad de Perpiñán.
Es lógico que entre los sectores que luchan por generalizar la enseñanza del catalán en las escuelas y que trabajan para ampliar poco a poco su uso social preocupen los recortes anunciados por el gobierno Macron y el aumento de la influencia de una extrema derecha beligerante contra todo lo relacionado con el catalán. Si ya nos indignan las políticas del PP y Vox en la Comunidad Valenciana y Baleares en relación con la lengua, basta imaginar lo que pueden hacer los de Le Pen, aliados de Vox, en un territorio donde tienen mucha más fuerza y la capacidad de resistencia es mucho menor.
En este contexto es necesario plantearse cómo debería actuar la sociedad del Principado y sus instituciones. Para empezar, Junts, que encontró en la Catalunya Nord un escenario acogedor para que Puigdemont y Comín, injustamente privados de regresar a casa, pudieran hacer campaña electoral, debería reflexionar sobre sus responsabilidades en el escaso apoyo a las entidades de este territorio: las ayudas exiguas a determinadas iniciativas durante los últimos años de gobierno de CIU o la supresión de la delegación de TV3 en 2013, en tiempos de recortes, fuertemente contestada por la parte más sensible de la sociedad nord-catalana, que no se reabrió hasta 2024, después de once años de gobiernos independentistas. Los apoyos han llegado a menudo de entidades y movimientos del sur, como la reciente ayuda de 12.000 euros recaudada por el sindicato CCOO entre su afiliación para ayudar a rehabilitar el edificio de la Maternidad de Elna. También sería conveniente que algunos de nuestros medios de comunicación que se refieren a la Catalunya Nord como el “Sur de Francia”, como si hablasen de Burdeos o Marsella, se atrevieran a explicar los lazos históricos y culturales que nos unen.
La capacidad de resistencia de Ràdio Arrels
El apoyo a La Bressola, necesario y oportuno, no debería servir tampoco para tranquilizar la conciencia de nuestros gobernantes. De poco sirve enseñar catalán en la escuela a chicos y chicas si después no encuentran dónde expresarse en esa lengua. Aquí juega un papel esencial Ràdio Arrels: fundada en 1981, impulsada por Pere Manzanares, actual concejal de Elna, es una emisora que funciona 100% en catalán, que dispone de 4 frecuencias y que emite desde el Rosellón, el Vallespir, el Conflent y desde Cerdaña-Capcir. Hoy Ràdio Arrels ve con preocupación cómo el auge de la extrema derecha pone en riesgo esta iniciativa asociativa y le obliga a buscar apoyos. Por este motivo, el pasado 8 de mayo hizo desde el Ateneu Barcelonès “un llamamiento a toda la nación” para colaborar económicamente con la emisora. Un apoyo que podría extenderse a las muchas entidades deportivas o de cultura popular que expresan de distintas maneras su catalanidad y que debería ser el primer eslabón de un auténtico plan de choque para proteger la lengua en todos los territorios de habla catalana; el futuro del catalán no se juega solo en el área metropolitana de Barcelona.
El artículo 13 del Estatuto de 2006 votado por el pueblo catalán establece que “la Generalitat debe promover la comunicación, el intercambio cultural y la cooperación, con las comunidades y los territorios, pertenecientes o no al Estado español, que tienen vínculos históricos, lingüísticos y culturales con Cataluña”. No fue fácil en la negociación del Estatuto mantener la referencia “pertenecientes o no al Estado español”, pero se logró. Pues parece que ya va siendo hora de aplicarla de forma más decidida. Las iniciativas presentadas en el Parlamento en apoyo de Ràdio Arrels pueden ser una buena ocasión para poner en práctica los principios recogidos en el Estatuto. El Pacte Nacional per la Llengua apuesta por reforzar la cooperación entre los territorios de lengua catalana: ¿hay mejor manera de empezar?

