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Mercè Rocaspana, enfermera: “Las enfermeras no están demasiado bien cuidadas en ningún sitio”
Actualmente, Mercè Rocaspana Moncayo es coordinadora de la unidad de emergencias humanitarias de MSF y, como docente, imparte la asignatura de Salud internacional y Cooperación a futuras enfermeras y enfermeros en la Escuela Superior de Enfermería del Hospital del Mar. En esta conversación con El Diari de la Sanitat habla de necesidades no cubiertas y

Estel Huguet13 de March de 2026 - 07:09
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infermera Gaza
Mercè Rocaspana Moncayo, infermera cooperant. | Pol Rius

Actualmente, Mercè Rocaspana Moncayo es coordinadora de la unidad de emergencias humanitarias de MSF y, como docente, imparte la asignatura de Salud internacional y Cooperación a futuras enfermeras y enfermeros en la Escuela Superior de Enfermería del Hospital del Mar. En esta conversación con El Diari de la Sanitat habla de necesidades no cubiertas y de ayuda humanitaria, de vínculo y de profesión sanitaria.

Terminaste el año trabajando sobre el terreno en la Franja de Gaza. ¿Qué escenario os encontrasteis?

Lo que vimos es que hay mucha destrucción de infraestructura. Existen zonas más arrasadas que otras, pero se considera que más o menos un 80% de las estructuras sanitarias tienen alguna carencia.

¿Cuáles serían las principales necesidades de la sociedad en la Franja?

Lo prioritario sería un lugar donde vivir, porque hay tanta destrucción que mucha gente ya no dispone de su casa, y muchos han tenido que trasladarse porque el lugar donde vivían era muy peligroso, y están viviendo entre plásticos, en condiciones muy precarias. También el agua es muy importante, porque actualmente en Gaza es un bien muy escaso. Se trata de un lugar que depende mucho de la desalinización del agua del mar, y todas las estructuras han sido dañadas. Y cuando tienes poca agua la priorizas para beber y entonces no queda suficiente para la higiene personal o para limpiar los alimentos, la cocina, la ropa…

Hay muchas personas que vienen al centro de salud con heridas que inicialmente eran pequeñas tonterías –sobre todo en los pies– que se han infectado porque no se han podido curar; especialmente niños, porque muchos no tienen zapatos y van descalzos, ya que desde que empezó todo, hace dos años, quizás han cambiado dos o tres veces de número y no disponen del calzado adecuado.

¿Qué ocurre con cuestiones esenciales como la comida y los medicamentos?

Desde octubre, que hubo alto el fuego, se permite la entrada de camiones con material básicamente comercial que la gente puede comprar. También llegan las organizaciones con su suministro, pero no hay una entrada masiva de ayuda humanitaria gratuita para la población. Tampoco se dispone de grandes cantidades de comida para distribuirla entre las personas que la necesitan. Los medicamentos llegan a través del sistema de la OMS, que es quien coordina el suministro a los hospitales del Ministerio de Salud, y las ONGs también entran sus propios materiales. Nosotros llevamos los medicamentos y materiales que utilizamos en nuestras estructuras sanitarias, pero la globalidad no está cubierta, faltan muchas cosas.

Un 80% de las estructuras sanitarias en Gaza tienen alguna necesidad

¿Qué tipo de patologías se atienden más en los centros de salud?

En el centro de salud vemos de todo: salud mental y salud física; niños y adultos; atención prenatal, postnatal, contracepción, sesiones grupales o individuales de salud mental, sesiones de promoción de la salud. También hacemos screening nutricional para saber si hay niños y, sobre todo, mujeres embarazadas o madres lactantes con malnutrición. En el centro también hay una sala donde podemos realizar algunas cirugías menores, como abrir un absceso, tratar quemaduras complejas o, incluso, un pie diabético. También tratamos algunas enfermedades crónicas y enfermedades psiquiátricas.

En un escenario de infraestructuras dañadas y de necesidad de todo tipo de materiales… ¿el sector sanitario da abasto?

Sí, pero hay muchas cosas que no se hacen. No dispongo de cifras, pero seguramente hay mucha cirugía lectiva que se debería estar haciendo y no se realiza. En Gaza el nivel de resolución de los hospitales era muy parecido al nuestro, pero actualmente no creo que nadie esté realizando cirugías de hernia o prótesis de rodilla o artroscopia. Incluso de oncología se hace muy poca cosa; sólo algún tratamiento muy básico. Y sólo hay un sitio donde se hace diálisis en la actualidad.

¿Se podría decir que se ha reducido la actividad sanitaria?

Sí, se ha reducido todo. Por ejemplo, al principio nosotros éramos de los pocos que disponíamos de medicación para enfermedades crónicas, como la hipertensión o la diabetes, y es lo que mucha gente necesita. La mayor parte de organizaciones estaban más preparadas para todo lo referente a trauma, heridos de guerra o enfermedades agudas.

“Muchas veces te cansas de tantas desgracias planetarias y piensas que lo dejas pero, al final, siempre sigo”. | Pol Rius

¿Crees que aquí nos llega la realidad que se está viviendo en Gaza, o tenemos una información sesgada?

Creo que el hecho de que no haya periodistas internacionales y esté prohibida la entrada de la prensa internacional no es bueno. El trabajo que están haciendo los periodistas palestinos es bueno –el de unos mejor que el de otros–, pero igualmente se nos solicita mucha información a las organizaciones que trabajamos allí, porque lo vemos todo desde primera línea. Pero las imágenes que vemos por televisión de calles con todos los edificios completamente en el suelo son reales; de mezquitas no queda ni una, y todos los minaretes están destruídos, hay zonas en las que no queda absolutamente nada.

¿Cuándo se trabaja in situ, cambia la visión del conflicto?

Lo cierto es que no, porque se conoce tanto que no hay sorpresas. Es verdad que, incluso ahora que hay el alto el fuego, pasan muchas cosas, y eso significa que, en vez de oír cien bombas al día, escuchas cuatro o cinco. Pero no existe el silencio. No hay tranquilidad. Este conflicto no ha terminado…

No hay una entrada masiva de ayuda humanitaria gratuita para la población y la globalidad no está cubierta, faltan muchas cosas

Durante un tiempo se restringió y bloqueó la ayuda humanitaria en la zona. ¿Su organización ha tenido inconvenientes en este aspecto?

Sí, por supuesto, Israel puso las normas desde el primer día. De hecho, antes de este último conflicto que empezó hace dos años, ya existían regulaciones israelíes. Hay una lista, que llaman dual use, donde se lista todo lo que está prohibido; en nuestro caso, es básicamente material de biomedicina, porque contienen baterías o minerales que pueden tener otro uso. Pero se llega a puntos absurdos, como prohibir la entrada de bombas de extracción de leche materna. ¿Qué peligro pueden suponer? Esta lista se ha ido modificando, y también ha habido períodos de cierre total. Nosotros, como tenemos mucha experiencia en escenarios bélicos, generalmente hacemos pedidos grandes y calculamos un stock de reserva. Actualmente tenemos reservas para tres meses.

Como personal sanitario, ¿te has sentido un objetivo militar en algún momento ?

En Gaza, desde que empezó este último conflicto, se considera que han muerto unos 1.700 trabajadores humanitarios, quince de ellos compañeros de nuestra organización. Tenemos un protocolo de seguridad, sobre todo de movimientos y, en principio, el gobierno de Israel conoce nuestra posición para intentar garantizar que no nos consideren un objetivo de su interés.

Personalmente, ¿alguna vez te has sentido en riesgo?

En realidad, yo nunca he estado en peligro ni a punto de que me pasara nada, pero muchas veces he pasado miedo, sí; no hace gracia ninguna oír bombas que no sabes de dónde vienen y aviones que te sobrevuelan a las cuatro de la mañana. Cuando estábamos en Siria tuvimos que salir rápido, pero siempre trabajamos con cierto margen, y la mayoría de momentos son tranquilos y tengo recuerdos muy bonitos.

“Nunca he estado en peligro ni a punto de que me pasara nada, pero muchas veces he pasado miedo”. | Pol Rius

¿Vivir una situación de emergencia afecta más a un grupo determinado de población (niños, mujeres embarazadas, personas discapacitadas etc)?

Para algunos niños, los bombardeos forman parte de su día a día. Con el alto el fuego se están reabriendo escuelas, y eso es bueno, y es importante ver que los padres están bien, tienen trabajo y hay comida en la mesa. Desde la organización intentamos realizar actividades de psicoeducación y promoción de salud mental. Sin embargo, en Gaza los niños son una prioridad; si una familia tiene poca comida, los primeros en alimentarse son los niños. En otros países, por connotaciones culturales, serían prioritarios los adultos de sexo masculino. Pero aquí no, y por eso existe la malnutrición infantil, pero no se registran cifras alarmantes. Hemos visto más malnutrición en mujeres embarazadas o durante la lactancia, y ahí les ofrecemos soporte nutricional.

¿Hay algo que te haya marcado especialmente en alguna de tus experiencias como cooperante?

Una de las cosas que se da especialmente en esta región es el compromiso del personal nacional con la población. Hay muy buenos profesionales y están muy comprometidos en ayudar a su gente, hecho que es de admirar. Empatizas mucho con ellos y se establece un vínculo muy fuerte con los compañeros nacionales.

Otra cosa que se debe tener claro es no caer en el paternalismo; no se puede ir a Gaza y salvar todas las vidas. Tienes que tener más perspectiva y trabajar para el conjunto: escoger medidas que van a impactar globalmente, como formar al personal nacional, reforzar sus capacidades… No se trata de hacerlo todo sola, porque entonces cuando te vas no queda nada. Es mucho mejor trabajar con los compañeros de allí; si trabajamos juntos será más fácil obtener un beneficio global y más a largo plazo.

¿Cómo se ve el sector de la enfermería cuando ves realidades tan distintas?

Son mundos muy distintos pero al final el paciente es el mismo; el dolor y el malestar de la gente es exactamente igual, si trabajas en la sanidad pública como en la privada; si vives en Gaza, en El Congo o en Barcelona. Aunque las condiciones laborales puedan ser diferentes, el trabajo es el mismo; al final, se trata de cubrir las necesidades del paciente, y es un trabajo duro. Las enfermeras no están demasiado bien cuidadas en ninguna sitio.

Para algunos niños, los bombardeos forman parte de su día a día

¿El reconocimiento de la profesión se vive de manera diferente según el país?

Pienso que el reconocimiento de la profesión médica es más o menos igual en la mayoría de países; pero en el sector de la enfermería hay visiones más distintas porque no en todos los países la enfermería es un grado universitario, no estudias los mismos años en todas partes, no todo el mundo incluye el mismo currículum… En Gaza funcionan bastante igual que aquí, pero si vas a un país africano muchas de las tareas que aquí realizan las enfermeras, allí las hacen trabajadores comunitarios especializados en prevención y a los cuidados, ya que no hay demasiados profesionales médicos. En Angola o en Sudán, por ejemplo, quien lidera la atención primaria es una enfermera, y es la misma que hace la prescripción.

¿Qué te llevó a ser enfermera cooperante?

Cuando estudiaba enfermería ya lo tenía claro y estoy muy contenta de haber elegido este camino. Hay gente que se lo toma más bien como una experiencia corta y quiere dedicarle sólo unos meses de su vida, pero para mí era una opción de carrera. También es verdad que muchas veces te cansas de tantas desgracias planetarias y piensas que lo dejas, pero, ¡al final, siempre sigo!

cooperación internacional enfermería gaza Médicos Sin Fronteras
Estel Huguet
Estel Huguet

Periodista

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