Escuchar a Josep Maria Bricall (Barcelona, 1936) siempre es un placer. Reflexiona acerca de un hecho histórico, se explaya, y, de repente, redondea su argumentación con una anécdota personal que ofrece la clave de todo. JM Bricall es, sin duda, un hombre con los pies en el suelo, alérgico a cualquier tipo de fantasía política; y, quizá, por eso, más de uno lo define como uno de los homenots con la cabeza mejor amueblada del país. Catedrático de Economía y rector de la Universidad de Barcelona (1986-1994), JM Bricall fue mano derecha del presidente Josep Tarradellas, primero como secretario general de la Presidencia de la Generalitat (1977-1979), y después como consejero de Gobernación (1979-1980). Ahora que el mundo se adentra en tiempos inciertos y peligrosos, hablamos un rato con él, en su casa, sin prisas. Y empieza así, con JM Bricall recordando sus paseos por algunas ciudades europeas: “Italia me enamora. Y Viena es una maravilla: pasear y admirar sus plazas, sí, algo que resulta muy europeo, ¿verdad? Los cafés, las tertulias, las lecturas…”
La regulación de las cosas.
Claro. En cambio, ahora estamos en manos de salvajes.
¿Cómo ve la situación de Europa?
Mal. Al contrario de lo que deben pensar muchos, me da la sensación de que sufrimos una ausencia de líderes. En Europa había grandes liderazgos después de la guerra. De Gaulle, Konrad Adenauer, el propio Truman de los EE. UU. o De Gasperi en Italia, un personaje excepcional. Eran personajes de quienes leías sus declaraciones en el periódico con interés.
Tengo la sensación de que sufrimos una ausencia de líderes. Quizás la última gran política haya sido Angela Merkel
¿Y qué ha pasado para sufrir esta pérdida de liderazgos?
La hipertrofia de la comunicación; primero, con la televisión, y, después, con internet. Y hoy en día ya no se sabe muy bien con qué; en fin, todo un conjunto que hace muy difícil que personas sensatas se dediquen a la política. Quizá, la última gran política haya sido Angela Merkel.
Para los alemanes debe ser duro verse en una situación de confrontación con unos Estados Unidos en plena batalla con China.
Sí, es que es una lucha en la que… Pero, claro, si consideras que Europa es una entidad, hay que confesar que no está suficientemente definida. Ahora mismo, he leído que António Costa, el actual presidente del Consejo Europeo, ha contradicho a Úrsula von der Leyen, asegurando que Europa debe defender el sistema de reglas y el derecho internacional.
Parece el papel natural de Europa.
A mí también me lo parece, sí, representa sus valores. Hay que admitir que la historia de Europa fue espantosa, y la última guerra fue atroz. Sin embargo, hay una parte de Europa con la que uno puede sentirse identificado. Yo recuerdo que, cuando era rector, hace muchos años, me convocaron a una reunión de hispanistas. Yo soy catalanista e intenté siempre que todos los informes de la universidad se escribieran en catalán, porque todo se leía en castellano. Entonces, el responsable del departamento de Filología Española me dijo: ‘escucha, hay una reunión del Hispanismo Internacional, y te pediría si podemos poner la ciudad de Barcelona como sede del departamento’. Yo le dije que sí, y que incluso podían hacerlo durante toda la campaña. Él me lo agradeció y quiso saber la razón por la cual me ocupé de ello con tanto interés, y le contesté que sí, que me interesaba mucho, porque, en primer lugar, la lengua española es una lengua universal con muchísimos hablantes y con una literatura excepcional; y después porque, cuando hay una guerra en este país, los exiliados pueden hacer algo de provecho en el extranjero, y una es trabajar en algún Departamento de Español de alguna universidad del mundo. Hemos tenido mucha suerte de nacer en Europa.
Me parece que sí.
Es el simple hecho de poder ir por la calle a las doce de la noche sin miedo a que nada pueda ocurrirte. Eso solo sucede en Europa. Es la realidad. Una cosa tan sencilla como esta.
La seguridad, el progreso, la…
El estado del bienestar. Paseas por la calle, tropiezas y te caes, y alguien te recoge y te acompaña al hospital. Y esa persona te ayuda no porque sea un funcionario o un policía, sino porque es alguien que hace lo que debe hacer. En Europa quizá no valoramos suficientemente lo que tenemos.
Y ahora además nos amenaza una extrema derecha. ¿Usted podía imaginárselo?
No, no me lo imaginaba. Y aquí tampoco. Pero lo que más me asusta es Alemania.
¿La historia se mueve en círculos?
No lo sé.
¿Y cómo contempla la política económica europea?
Es que no existe la política económica europea. Están quienes apuestan por el estado del bienestar y las libertades; usted, de hecho, habló antes de la regulación, y me parece una expresión correcta, porque la libertad es muy importante, sí, aunque todavía lo es más que una parte de la sociedad no se enfrente a la otra mitad; y eso significa regular el derecho. En realidad, que apareciera el derecho fue decisivo. Por eso, debe diferenciarse entre el derecho y la fuerza; y en este sentido debo decir que me gustó con creces el discurso de Pedro Sánchez sobre esta cuestión. Lo suscribo rotundamente: no a la guerra. A ver, ¿quién ha provocado esta guerra? Algunos lo justifican diciendo que Irán es una dictadura, pero si es que el 60% de los países son dictaduras y a ninguno de ellos se les declara ninguna guerra. EE. UU. va por mal camino. El discurso de Sánchez me gustó, sí, no sé exactamente quién se lo había escrito o si lo redactó él mismo, pero estuvo bien y lo pronunció con acierto. Fue claro y correcto.
Ahora se habla de una cierta singularidad española dentro de Europa, ¿no?, con un partido más de izquierdas. Y luego los papeles de Francia e Inglaterra han sido algo…
Inglaterra todavía se ha posicionado algo, más de lo que me pensaba, porque su primer ministro es de izquierdas.
Entonces, ¿la dicotomía izquierda/derecha sigue vigente todavía?
Para mí, sí, me parece fundamental. Mire, la reconstrucción europea fue mágica. Llegaron los socialdemócratas al poder, empezando en Inglaterra con Richard Attlee; continúo después, en Francia, con un gobierno, digamos, de coalición; y más tarde pasó algo parecido en Italia. ¿Y qué hicieron entonces los estados? Se encargaron de los problemas fundamentales que preocupaban. Entonces, hubo un momento en que se acabó el periodo socialista y llegó la derecha al gobierno. Hablo, para entendernos, de la democracia cristiana. Y esta derecha no tocó nada de lo fundamental de lo que se había hecho, como, por ejemplo, en Gran Bretaña, cuando después de Churchill vinieron Eden y Macmillan. Es decir, en estos países, los partidos de derechas mantuvieron las reformas del Partido Socialista. Es decir, hubo un cierto consenso hacia una política básicamente socialdemócrata. Y esta es la realidad. Y aquí hay que resaltar una cuestión importante.
¿Cuál?
Los líderes de la democracia cristiana, supongo que, por su propio carácter y educación, eran auténticos católicos practicantes, y orientaron la derecha hacia un sector reformista. Merkel, de hecho, es un ejemplo clarísimo de esto que le explico, y Alemania ha continuado con esta tradición democrática y cristiana. Ahora bien, hoy en día, con este taciturno actual no sé muy bien qué le sucederá. Mire, una vez me recibió Romano Prodi. Ya atardecía. Muy agradable. Y en un momento me confiesa: ‘el otro día estuve hablando con Helmut Kohl y me dijo que habría elecciones en Espanya. Yo quiero que gane Felipe González, aunque él no forme parte de nuestro grupo, porque su opositor, que está más cerca de mi partido, no me cae muy bien’. Es curioso, ¿verdad? Es un ejemplo de esto que le decía.
¿Y la política nacional cómo la contempla?
Es una lástima que se haya tirado por la borda el acuerdo nacido de la Transición, porque contrariamente a lo que dice mucha gente, la Transición española fue ejemplar. Teniendo en cuenta que aquel personaje se murió en una cama, francamente, no había más opciones que buscar una fórmula de entendimiento y que la cosa funcionara. Y todo esto se ha torpedeado, y es evidente que ya no funciona así. Y el culpable inicial fue José María Aznar, que es el primero que rompe las reglas. Orientó su partido a los extremos de donde después emergió VOX. La situación actual está muy polarizada.
Es una lástima que se haya lanzado por la borda el acuerdo que nació de la Transición (…) Y el culpable inicial es José María Aznar, que es el primero que rompe las reglas. Orienta el partido hasta unos extremos donde después salen los de VOX
¿Y Catalunya?
En estos momentos hay un gobierno que gobierna, porque durante un tiempo hubo unos gobernantes que solo proclamaban cosas. El actual presidente ha serenado la situación, y yo soy muy partidario de ello. Si hablamos del caso concreto de Catalunya, cabe decir que lo de poner sensatez (seny) no ha sido una práctica muy habitual de los catalanes. De sensatez, más bien ha habido poca. Yo recuerdo siempre lo que me decía Manuel Ortínez, aquello de que Catalunya es un país de locos. De hecho, los locos más importantes de la historia han sido catalanes: Ramon Llull, Salvador Dalí…
En Catalunya de juicio ha habido más bien poco. Yo siempre recuerdo que Manel Ortínez me decía que Catalunya no es un país de la cordura, es un país de locos. Los locos más importantes de la historia han sido catalanes: Ramon Llull, Salvador Dalí…
¿Josep Pla?
También, sí, un poco, porque de vez en cuando soltaba esos exabruptos. En España, ahora que hablábamos de ello, hay que mencionar la pésima alternativa a Sánchez.
¿Y la oposición a Illa?
No sé quién le hace la oposición a Illa.
¿El político de Bruselas?
Eso ya es tema para los psicoanalistas. Si te fueras a Bruselas y dijeras cosas sensatas, todavía, pero cuando encima no dices nada, háztelo mirar. Pero, bueno, eso, dejémoslo correr. A mí lo que más me sorprende es que personas que trajeron el fracaso de lo que pretendían, y me refiero al famoso Procés, continúan paseándose como si nada. En cualquier lugar del mundo se habrían escondido detrás de una silla.

