Marc Giró es Marc Giró (Barcelona, 1974), y no me doy cuenta hasta que responde mi primera pregunta, que le enoja un poco. Media hora antes, sin embargo, mientras se acercaba pisando las hojas de la calle Enric Granados enfundado en una gabardina color crema, yo ratificaba la estrella mediática que es. Después de la sesión de fotografías, cuando nos sentamos ya en un bar esquina con Diputación, me fijo en su juego de cejas: un torbellino de expresión. Entonces, planteo la primera pregunta, que le mosquea. Pero, rápidamente, la mosca vuela y Giró se indigna cuando encaramos la problemática del fascismo. “El fascismo no es una reflexión sobre la identidad, no, no; de lo que trata es de la violencia”. Luego, hablamos de muchas cosas más: de España y Cataluña, del feminismo y el deseo, de la prensa, del mundo, de todo un poco. Sí, Giró es Giró. Sin lugar a dudas.
¿Le preguntan por el personaje?
A ver, esto me lo preguntan mucho, sí, y me parece de mala educación y te diré por qué. A un hetero y blanco no le preguntas qué hay de personaje en él, ¿verdad? Siempre nos toca a las mariconas, vaya. Cuando alguien trabaja cara al público, todo el mundo esboza un cierto personaje, como la carnicera que atiende tras el mostrador. El otro día, lo recuerdo ahora, un señor me soltó: «Que el personaje no te coma»; y, claro, yo me encaré con él. ¿Qué quería decirme con eso?
Estudiaste Historia del Arte en la universidad, ¿verdad? Debió de ser muy interesante.
Sí, y trabajé en la revista de moda Marie Claire.
¿Y lo de estudiar arte, por qué?
Por comodidad, sí, porque se impartía por la tarde, y, después, me parecía una carrera que… De hecho, yo no he sido ni ambicioso ni he sentido nunca ninguna vocación de nada, no, más bien he ido haciendo, y, como, en aquel tiempo, durante el COU, me interesaba la historia y me iba bien —de hecho, a mí me gusta lo que me sale con facilidad—, pues me lancé a estudiar Historia del Arte y sin pensármelo mucho. Mi entorno, sí, sí que estaba preocupado. Yo siempre he tenido claro que tenía que ganarme el pan, sí, sí. En mi casa no había nadie tumbado a la bartola ni rentistas de nada, no, no. Esto de ganarme el pan yo mismo lo tenía clarísimo, vaya. Además, estudiando arte, la verdad es que me lo pasé muy bien, sí, y de hecho recomiendo estudiar Historia del Arte, porque me ha servido para expresarme.
¿Y el salto a la televisión? ¿Un inicio improvisado, también?
De casualidad también, sí, porque yo trabajaba en la revista Marie Claire. Yo envié un correo… Pero, a ver, si tú tienes una vocación y quieres ser torero o médico, el camino ya lo tienes bastante pautado, ¿verdad? Pero, en mi caso, no había ninguna vocación, y yo improvisaba absolutísimamente bajo la idea de ganarme el pan, y nada más; y, así enviaba currículums, sí. Y ahora estoy aquí, pero podía, qué sé yo, ser director de Inditex, porque también envié currículum a Zara para trabajar de dependiente. Pero, un día, una amiga mía me dijo que enviara uno a TV3, a ver qué pasaba. Y sí, lo hice y me cogieron. Pero, mira, lo que a mí me ha salvado es la escritura, porque la primera vez que me cogen para trabajar, como tuve que enviar el currículum con una carta escrita, que debía de ser bastante graciosa, llamó la atención. O sea que, en el fondo, me salvó la escritura, y me ha salvado para trabajar, nada de expresar sentimientos, no, no, ninguna necesidad de escribir literariamente.

¿Nunca de querer escribir un poema, un cuento, un diario? ¿Nunca? No, no, no, ningún poema, ni de pequeño ni de mayor. Escribo uno y me da algo.
¿Y leer, de poesía?
No, no, no. Yo leo de casualidad también. De hecho, aprendí a leer con muchas dificultades, sí, porque tengo dislexia, y cuando se giró la tortilla, cogí carrerilla; y, entonces… el caso es que yo leo mucho y mucho, pero no poesía. Qué barbaridad.
De monólogos, sí que escribes. ¿Cómo los montas?
Depende. Hay algunos que me salen del tirón y hay otros donde me subo por las paredes y me digo: «Esto no saldrá de ninguna manera». Pero, puede ser, a veces, salen de una noticia, de una frase, de una actitud, de alguna escena de la calle, yo qué sé. A veces, de repente, un comentario de alguien y te parece que de ahí puede salir algo, pero, bueno, yo qué sé.
¿Y te interesa algún tema en concreto? Son monólogos que parecen declaraciones de principios, una manera de ser y estar en el mundo, ¿no?
Bueno, a ver, yo no tengo ningún problema en… O sea que a mí me gustaría hablar de algún otro tema (bueno, no sé si me gustaría, o no), pero yo sí que encuentro que estamos en un momento en el que se debe ser antifascista, sí, y me sorprende que mucha gente aún dude de ello y no lo tenga muy claro. Entonces, la pregunta que habría que plantearles es: “Si usted no es antifascista, ¿qué coño es? ¿Fascista?”. Además, es que observas la cosa y te vuelves antifascista, ¿no? ¿Es que, si no eres antifascista, qué eres? Fascista, ¿no? Pues, ya está. ¿Que el tema me preocupa? Sí, a mí sí, y mucho. Me preocupan el aumento del fascismo y las personas que no se preocupan de este aumento, vaya. Me enoja el fascista, el prefascista y el que está en babia.
Me preocupan el aumento del fascismo y las personas que no se preocupan de este aumento, vamos. Me preocupa el fascista, el prefascista y lo que está en Babia
A veces, dentro del hogar, entre amigos, un primo, un tío o un suegro te suelta y viene con algún comentario homófobo o machista. Esto sucede en el entorno de los afectos.
Yo soy afortunado con mi familia, pero veo otras que… En mi casa somos civilizados, y es genial que sea así, sí. Yo siempre lo explico, pero yo, que soy marica de toda la vida, en mi casa siempre se ha tenido la delicadeza de no expresar verbalmente ciertos comentarios, sí. ¿Por qué digo esto? Lo planteo en el sentido de que, muchas veces, por diferentes motivos, nos puede ningunear la actitud y la forma de vivir del otro, pero, uno de los valores de la democracia es que puedes convivir con quien nunca te irías de vacaciones ni con quien cruzarías dos palabras. ¿Qué quiero decir? Que una de las cosas buenas de la democracia es que puedes estar con una persona sin te largue una bofetada ni tú se la largues a él, y sin que debáis deciros media palabra. Es fantástico. Tienes que convivir con ella y ya está. Aquello que decían antes del saber estar. Ni usted me tiene que explicar su vida ni yo le explicaré la mía, y tan tranquilamente.
Uno de los valores de la democracia es que puedes convivir con quien nunca te irías de vacaciones, ni con quien cruzarías dos palabras
El otro día el Gran Wyoming confesaba que había recibido un par de hostias mientras paseaba por la calle.
Y Rufián también.
¿Y qué opinas de Aliança catalana?
Pues que se veía venir, ¿no? Hay muchos que llegan tarde, pero estaba clarísimo.
¿Y cómo hemos llegado a tener un partido así en Cataluña?
El nacionalismo, sí. En cualquier tipo de nacionalismo siempre hay trazas de fanatismo y de fascismo.
Decías que se ha de saber estar en democracia, pero con el Procés no supimos ser ni estar, ¿no? Hubo mucha crispación.
A España le costó mucho saber estar durante el Procés. De hecho, fue la gran oportunidad perdida de la democracia española. En aquel momento, yo sentía que los independentistas mantenían las formas y que pedían pacíficamente un referéndum, con manifestaciones multitudinarias, sí, para revisar la relación entre Cataluña y España, todo aquello denominamos la reflexión territorial, vaya. Y la solución de España me pareció nefasta, desde todos los puntos de vista. Era un pueblo que reclamaba… Bueno, todo un pueblo, no, porque no todos lo reclamaban, claro, pero sí que había una voluntad de hablar de este tema, y la cosa acabó a garrotazos y con unas personas en la cárcel y todo muy enredado hasta límites inimaginables. De hecho, esta herida todavía está abierta. Yo, entonces, estaba en Madrid y, desde Cataluña, más bien se hacían unas acciones simbólicas.
Durante el Procés, a España le costó mucho saber estar. De hecho, fue la gran oportunidad perdida de la democracia española
¿Y en Madrid se entendía este simbolismo?
No lo sé si lo entendían mucho… De hecho, se rompió el vínculo simbólico. Fallaron una serie de conexiones entre ambos poderes, sí, íntimamente relacionados. Hay mucho por explicar todavía de todo esto. Yo estaba a favor del referéndum, soy de aquellos que dice: «Vamos a ver esto de qué va»; pero la fractura empezó cuando todo el mundo se vino arriba y los caballos se desbocaron y se montó la estampida, tanto de una parte como de la otra. Sí, posiblemente, ambas partes perdieron las formas, sí. Ahora bien, sucede algo.
¿Qué?
Desplegar la democracia en España, que tanto ha costado y cuesta, como en todos los países, porque, de hecho, la democracia es como la pareja, que debes picar piedra y piedra y no te puedes relajar en ningún momento; decía yo que, en España aparecen dos momentos clave que asientan la democracia todavía un poco más; incluso, tres momentos, sí. Uno es la disolución de ETA; el otro, el matrimonio de personas del mismo sexo; y un tercero, sí, el debate sobre el territorio y qué es Cataluña y quién es catalán y quién es español y qué queremos ser y qué no y que tal y tal; que, en el fondo, tiene que ver con la revisión del franquismo y de la memoria histórica. Y en ese punto hubo una oportunidad perdida, con el artículo 155 del PP y el PSOE, y lo digo sin ser yo específicamente independentista, no. A mí me habría gustado hacer un referéndum para clarificar la situación, sí.

He leído que te gusta mucho la figura de Pasqual Maragall.
A mí sí, mucho.
¿Y por qué?
Pasqual Maragall es una izquierda europeísta y civilizada, sí; aquel socialismo de aquel momento, también con Jorge Semprún. Gente moderna y creativa, ¿tan difícil de encontrar ahora, ¿no? Maragall es un personaje original, una política desde la ciudad… Me gusta, sí, como me gusta Ada Colau, a quien acosaron tantísimo.
Maragall es un personaje original, de una política hecha desde la ciudad… Me gusta igual que me gusta Ada Colau, sí, cuando la asediaron tanto y tanto
¿Te mueves mucho entre Barcelona y Madrid?
Cada vez menos.
¿Cómo ves las dos ciudades? ¿Percibes los mismos problemas?
Madrid es como un dragón, una ciudad que siempre… ¿Ruge? ¿Cómo se dice?
Que ruge, sí.
Que ruge, eso, sí, una ciudad siempre en marcha, como una máquina que no descansa, y que la sientes constantemente. Y además es una ciudad imperial, sí. A mí me gusta mucho Madrid, me siento muy madrileño.
¿Y Barcelona?
Los de Barcelona nunca están contentos con Barcelona, es una cosa muy de Barcelona. Habla con alguien de Barcelona y siempre encuentra inconvenientes a la ciudad, como si sintieran nostalgia de una Barcelona que no sabemos cuál es, ¿no? Es una nostalgia pija. Hoy Barcelona tiene los problemas de todas las ciudades, sí: la vivienda, el encaje de los inmigrantes, los servicios públicos… Pero son los problemas también de Cataluña.
Has hablado de Maragall, pero ¿qué piensas de Jordi Pujol? Con el tema del juicio se habla de su legado.
Bueno, lo que yo me pregunto es qué habría sido de Cataluña sin los 23 años de Pujol, esto es la primera cosa. De hecho, en Cataluña tendría que haber un sistema electoral en el que una persona no pudiera estar 23 años en el poder. Es decir, se tendría que regular que alguien esté tanto de tiempo en el poder, porque siempre acaba siendo problemático, como después hemos comprobado. No debemos estar diseñados, los seres humanos, para sostener la gloria y el poder durante tanto tiempo, no. Ahora bien, yo le tengo un gran respeto al presidente Pujol, sin haberlo votado nunca, no. Pediría un respeto para él. Encuentro que Pujol ha sido un gran político, con visión de la jugada y mirada de estado. Fue creativo, sí, se inventó una especie de Cataluña.
Creo que Pujol ha sido un gran político, con visión de la jugada y mirada de Estado. Fue creativo, sí, se inventó una especie de Catalunya
¿Lees la prensa?
Constantemente.
¿Eres de leer el periódico?
Sí, sí, tres o cuatro cada día.
¿Y cómo ves el ecosistema mediático?
Se debe leer mucha prensa porque hay muy buenos periodistas, y debes leer, incluso, la prensa que no es de tu cuerda, porque siempre encuentras información. Es cierto que estamos en un momento donde se confunde la información con el entretenimiento, sí, con titulares muy sensacionalistas. Ahora bien, deberíamos decidir también qué es lo que queremos, porque estoy convencido de que, si las primeras portadas de los periódicos cambiasen, es decir, si cada vez que se produjese un feminicidio fuera portada en todos los periódicos, quizá empezaríamos a tomarnos en serio lo que pasa.

¿Y qué pasa? ¿Qué está sucediendo?
Que estamos en un proceso imparable donde han arraigado una serie de ideas que no se detendrán. ¿Qué quiero decir? Mira, el feminismo es la idea filosófica del último tiempo más importante, sí, que tiene que ver con la igualdad, y no solo entre la igualdad de los hombres y las mujeres, no; sino con el reconocimiento del otro como persona y ser que piensa y siente, y eso es fundamental, sí. Hablo de toda la reflexión alrededor del deseo, con quién nos lo montamos en la cama, a quién amamos, cómo nos juntamos y qué familias fundamos, etc. Yo entiendo esta ola fascista que pretende acabar con esta dinámica, sí, pero esta energía nueva ya es irrenunciable e imparable, y además evolucionará. Hablo de una manera nueva de estar en el mundo, de estar en él, de la oportunidad de ser uno mismo, sí, y la gente ya no va a renunciar a ello. Esto no hay manera de pararlo.
El feminismo es la idea filosófica del último tiempo más importante, que tiene que ver con la igualdad, y no sólo entre la de los hombres y las mujeres; sino con el reconocimiento del otro como persona y ser que piensa y siente, y esto es fundamental
Te entiendo, sí.
Lo que me enoja a mí fundamentalmente es el fascismo. Hablabas de las hostias del Gran Wyoming, pero ¿qué me dices de los guantazos que reciben todas las personas inmigrantes por parte de las fuerzas de seguridad de los estados, eh?
Espantoso.
Lo que quiero decir es que el fascismo no es una reflexión sobre las identidades, no, no; va, al fin, de la violencia.
¿De la gestión de la violencia?
Sí. Ni la gestión del patrimonio ni de las identidades ni de nada de nada. Es la gestión de las hostias, a quién le metemos las hostias. Es el absurdo de la violencia, sí. y eso es lo que me preocupa; esta violencia que sufren las personas migrantes; y las fuerzas de seguridad se entrenan con los disidentes y con los transexuales y… ¿sabes qué? Un día le llegará el turno a la señora blanca de la izquierda del Eixample, ¿me entiendes? Un día vendrán por ti y por los tuyos. Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar, ¿no?, como dice aquel refrán.
¿Y se debe hablar con los partidos de ultraderecha?
No voy a decir nombres, no, pero hay ciertos partidos en Cataluña que son fascistas, pero que, ahora, por una razón de marketing y de imagen, no les conviene todavía definirse como fascistas. Están en la fase de “a ver qué despistado pescamos, sí”. Un día, tocan un poquito el tema de la migración, al día siguiente, una cosa Cataluña-Catalanidad, y después que si la cosa rural y tal y tal.
Sí, sí, sí. Ya sé por dónde vas.
El facha, de entrada, te dice que se debe hablar con todo el mundo. Pero, después, cuando tú haces lo imposible para favorecer el encuentro del diálogo y aparece que si el independentista, la negra, la trans, el marica, la coja, el tullido y no sé quién, entonces se acaba el diálogo. Y sobre la polarización, el discurso este de no perder las formas, mira, te diré que, a veces, hay cosas que no se pueden decir de manera pausada, no.
Claro. O eres demócrata, o no lo eres, ¿verdad? No hay término medio en algunos temas.
Exacto. ¿Usted es fascista o antifascista? ¿Que estamos polarizadas? Y tanto, por supuesto. Si a mí me pregunta usted si estoy a favor o en contra del feminicidio, le respondo que absolutamente en contra. Es que no encuentro por dónde podría yo no estar. ¿Usted está a favor o en contra de la persona LGTBIQ+ y del deseo? ¿Usted está a favor o en contra del deseo del otro y que el otro explore su deseo como a él le dé la gana? ¿Usted está a favor o en contra de la libertad de prensa? ¿y de la libertad de expresión? ¿Usted está a favor o en contra del fascismo? En contra, yo estoy en contra, pero es que estoy en contra radicalmente del fascismo. Yo no entiendo exactamente por qué no debemos polarizarnos… ¿Usted es machista o no es machista? Yo no soy machista, no. Y punto.

