La temporada de festivales en Cataluña ha empezado. Se trata de uno de los puntos marcados en el calendario para muchos y el punto álgido para la industria musical.
Precisamente el sector atraviesa “un momento de gran vitalidad”, aunque arrastra “fragilidades estructurales persistentes”, según apunta el Informe anual sobre l’estat de la cultura i de les arts 2025, elaborado por el Consell Nacional de la Cultura i de les Arts (CoNCA). El informe revela que el gasto de los catalanes en ocio y cultura en 2024 fue de 6.659 millones de euros, lo que equivale al 5,7% del gasto total de los hogares y que supone un 35% más que el año anterior. El documento resalta “la efervescencia artística, proyección internacional, el incremento de los públicos y la expansión de equipamientos”. Aún y así, establece como tareas pendientes “la precariedad laboral, los desequilibrios territoriales, las desigualdades de género y diversidad, los conflictos de gobernanza y transparencia y el retroceso del uso social del catalán”, entre otros.
Barcelona, el centro del ‘gig tripping’
Pero, aún y el crecimiento en el gasto en cultura de los catalanes, siguen siendo minoría en grandes eventos como el Primavera Sound. A una programación cada vez más internacional se le suma un salvaje proceso de gentrificación que vive la ciudad. Junto a la popularización de macroeventos culturales como conciertos y festivales crea un cóctel cada vez más excluyente para los locales. Precisamente la capital catalana es ya uno de los puntos preferentes del mapa internacional para este tipo de eventos.
La cultura, gastronomía y una playa a la que puedes llegar en metro ha convertido a Barcelona en una ciudad donde viajar para asistir a conciertos está al orden del día
El turismo en la ciudad se ha multiplicado por tres en 10 años alcanzando los 26,1 millones de turistas, según el Observatorio del Turismo de Barcelona. La capital catalana es la localización perfecta para muchos guiris que optan cada vez más por los festivales como la excusa para una escapada exprés. La cultura, gastronomía y una playa a la que puedes llegar en metro ha convertido a Barcelona en una ciudad donde el ‘gig tripping’ (viajar para asistir a conciertos) está al orden del día.
Festivales made in Barcelona
La marca Barcelona se ha convertido en el denominador común de los grandes festivales catalanes. Primavera Sound, el Sónar o el Cruïlla compiten por erigirse como el festival más barcelonés, conscientes de que la marca de la ciudad es el lazo perfecto para su producto.

Pero el sello barcelonés en el movimiento de festivalero catalán no es algo nuevo, se remonta a treinta años atrás. El Doctor Music Festival en Escalarre (Lleida) en 1996 se convirtió en un hito al ser el primer gran macrofestival de música al aire libre organizado en España y que contó con grandes nombres como David Bowie.
Cuatro años después la unión de la música pop rock alternativo de los noventa con referentes como Joy Division, The Cure; el britpop y el grunge dio como resultado una primera edición del Primavera Sound en el Poble Espanyol con un aforo de unas 5.000 personas. En 2004 dio el salto al Parc del Fòrum y sufrió un crecimiento exponencial del formato a partir del 2015, aupado por la gentrificación de la ciudad, dando forma a lo que conocemos a día de hoy.
“Barcelona es campeona en turismo urbano y, eso, sumado a la excelencia de los programadores y a unas infraestructuras competitivas, posicionan la música como un factor por el cual apostar para seguir apuntando al turismo de calidad”, explica Mateu Hernández, director general de Turisme de Barcelona. “Ha generado una industria local y unos festivales propios, como el Primavera Sound y el Sónar, que son referentes internacionales y que no compiten con la oferta local, sino con la global”, añade Hernández. Jugar a atraer público de otros países “hace que la exigencia de los programadores sea más alta y que la oferta sea mejor”.
Más de un 60% de público internacional
Los datos lo confirman. La edición 24ª del Primavera Sound dio el pistoletazo de salida a una de las épocas favoritas para muchos. El festival, aunque no llegó al lleno absoluto por culpa de una ahogada primera jornada, alcanzó los 287.000 asistentes, con un 62% de público internacional. Las cancelaciones (cabezas de cartel como Massive Attack, Doja Cat o Badgyal) de la primera jornada obligaron a la organización a devolver el importe de 15.000 entradas. Una edición “transversal e intergeneracional”, según el codirector Alfonso Lanza, que combinó a clásicos como The Cure, The xx o Gorillaz y nuevas estrellas como Addison Rae, PinkPantheress o el concierto sorpresa de Olivia Rodrigo.

Pero, ¿la procedencia del público acaba influyendo en la confección del cartel?, según Lanza, los factores son muchos y variados y la elección se hace “artista por artista”. Otro de los elementos es el precio, que en el caso del Primavera Sound ha pasado de los 245 euros por los tres días en 2022 a 350 euros en 2026.
Nueva etapa para el Sónar
Al Primavera Sound le toma el relevo esta semana, del 18 al 20 de junio, el Sónar con su 33ª edición. El festival, nacido desde el club alternativo de la electrónica, ha sido históricamente un foco mundial en la experimentación del sonido electrónico.
Con un cambio en la dirección, ahora en manos de François Jozic que también dirige paralelamente el Brunch Electronik, la edición de este año tendrá más de 100 actuaciones, una ambiciosa propuesta inmersiva que combinará música, tecnología, arte digital e innovación y un cambio en el formato, unificando la programación diurna y nocturna. El público internacional se espera que gire entorno a un 32%, similar al porcentaje de la edición del año pasado, mientras que el público local, que suele decidir a último momento, se estima que representará un 65%.
Las vinculaciones con el fondo proisraelí KKR y una tibia respuesta de la dirección ante el genocidio el año pasado supusieron una oleada de cancelaciones y una crisis reputacional que se llevó por delante a los creadores del festival.

La edición de este año tiene muchos ojos encima, pendientes de que el evento electrónico referente en el mundo no se convierta en un Brunch Electronik. Para reforzar su identidad contará con seis escenarios simultáneos y un cartel con grandes reclamos como la mítica banda británica The Prodigy, el rapero londinense Skepta y figuras destacadas de la escena electrónica internacional como Charlotte de Witte. También Amelie Lens y Chris Stussy. Paralelamente, actuarán artistas como Cabaret Voltaire, Kelis, WhoMadeWho, Modeselektor y Speedy J con su proyecto inmersivo STOOR Live en formato 360 grados. Además de un line up internacional, el Sónar 2026 contará con artistas nacionales con nombres como Metrika, Alba Franch, la Sofy o Mercè.
El festival reafirma su compromiso con la innovación electrónica con instalaciones inmersivas y una edición del Sónar+D que busca reflexionar sobre la relación que tenemos con la inteligencia artificial, la hiperconectividad y la transformación digital con un encuentro en la Llotja de Mar que reunirá a artistas, investigadores, tecnólogos, músicos y pensadores de un programa multidisciplinar.

El Cruïlla saca pecho de un pleno catalán en su público
El triángulo de los grandes festivales catalanes lo cerrará el Cruïlla con su 16ª edición que se celebrará del 8 al 11 de julio bajo el lema “Cruïlla és casa” buscando abanderarse de ser el festival más barcelonés de todos los grandes festivales al tener casi un 100% de su público catalán.
“Barcelona es casa, el público es local y queremos mostrar lo mejor de una ciudad que se identifica con la colaboración y la creatividad”, afirmó el director del certamen, Jordi Herreruela.
Aunque el formato apuesta por una mayor proximidad con el público local, en su edición de este año no renuncia a un cartel internacional encabezado por David Byrne, The Pixies y Halsey, al que se suman The Black Crowes, Sidonie, Garbage o Renée Rapp. Aún y así, no faltarán nombres de la escena catalana y estatal como Els Pets, Zahara, Rigoberta Bandini y La Ludwig Band. En su última edición contó con unas 76.000 personas, consolidando un modelo que según Herreruela pretende alejarse de los macrofestivales para reivindicarse como una fiesta mayor.
Y es que al margen de las diferencias de modelo, la marca Barcelona sigue siendo el gran activo de los grandes festivales catalanes conscientes de que tanto para un público local como internacional es el sello ganador.

