El Tour de Francia es uno de los principales acontecimientos deportivos del mundo; tiene también importantes repercusiones sociales y económicas, a pesar de que, a la vez, es un gran negocio y ya se empieza a poner en cuestión su impacto medioambiental. Aun así, la población de Cataluña se ha volcado masivamente en la carrera y han sido miles los ciudadanos y ciudadanas que se han situado en los arcenes de carreteras y calles para ver pasar la caravana publicitaria y los ciclistas.
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Bienvenido, Mister Marshall?
Cuando de aquí un tiempo se quiera destacar una realización significativa del mandato de la alcaldesa Ada Colau en Barcelona es muy probable que se citen las superillas. Cuando se intente resaltar algún aspecto de la etapa del alcalde Collboni costará mucho encontrar nada y se tendrá que recurrir a recordar que mientras él era alcalde el Tour salió de Barcelona.
Collboni y otros alcaldes y alcaldesas han recordado un poco el papel del alcalde interpretado por Pepe Isbert en la vieja película de Luis García Berlanga, Bienvenido, Mister Marshall: el alcalde espera la llegada de una delegación de los Estados Unidos que finalmente pasa por el pueblo sin dejar nada. Es innegable que el Tour ha dado a Barcelona un impacto muy positivo en los medios de comunicación de todo el mundo, que ha sido muy valorado por los amantes del deporte y que ha beneficiado al sector de la hostelería, pero cuando Collboni afirma que ha sido el hecho «más importante» desde los Juegos Olímpicos de 1992 hace trampa. Los Juegos supusieron una gran transformación urbanística de la ciudad y dejaron un conjunto de instalaciones deportivas y culturales de las que hoy todavía disfrutamos. De Collboni a Pasqual Maragall hay un abismo.
Collboni se lo pasó muy bien haciendo sonar la campanilla de la última vuelta al circuito de Montjuïc durante la segunda etapa, pero ha escondido su nula voluntad de apostar por el uso de la bicicleta en la ciudad: mientras Colau habilitó 143 kilómetros nuevos de carril bici, Collboni solo lleva unos 8 (que quizás podrían llegar a 12), muchos menos que los 26 impulsados por el alcalde convergente Xavier Trias.
El alcalde de Barcelona no es el único que ha practicado la hipocresía con el Tour. En Castelldefels, el alcalde del PP, Manuel Reyes, ha presumido del paso de la carrera ciclista por su ciudad, mientras obviaba que en vez de expandir la red de carriles bici protegidos ha destruido el carril de la Pineda.
El Tour ha pasado, pero no ha servido para hacer cambiar la percepción de algunos alcaldes sobre la movilidad.
Cataluña, en el Tour de Francia
La repercusión mediática del Tour es enorme. ¿Qué pueden haber captado los espectadores franceses y de todo el mundo que han seguido por televisión el paso de la carrera por Cataluña durante tres días?
Por un lado, han podido contemplar unos paisajes naturales y urbanos de una gran belleza: desde los lugares más conocidos de Barcelona a los de Tarragona, la costa Dorada, Begues, Sant Miquel del Fai, Vic o Puigcerdá, por citar algunos. Habrán comprobado que el paisaje catalán no tiene nada a envidiar al francés que ven en la edición de cada año y que, en algunos casos, lo supera en espectacularidad. Este hecho puede incrementar la llegada de turistas, con los impactos positivos pero también negativos que esto comporta, pero su regulación y control no es responsabilidad del Tour sino de la Generalitat y los Ayuntamientos. Que se muestre y se valore la belleza de nuestro país es, en principio, algo destacable.
La repercusión mediática del Tour es enorme. ¿Qué pueden haber captado los espectadores franceses y de todo el mundo que han seguido por televisión el paso de la carrera por Cataluña durante tres días?
Los espectadores de fuera de Cataluña habrán comprobado también, con sorpresa o no, dependiendo del grado de conocimiento que tengan de nuestra realidad, que el predominio de senyeras y esteladas ha sido abrumador. Y ha ido más allá del llamamiento de algunas entidades independentistas en horas bajas. La gente, cuando ha pasado el Tour, ha querido mostrar su vinculación a un país, a una lengua y a una cultura. Las banderas españolas han sido escasísimas y menos que las de Palestina o las de países latinoamericanos con ciclistas en competición. Quizás alguien habrá reflexionado sobre el hecho que en el reciente Tour de Eslovenia las banderas del país tenían una presencia masiva y aquí las del Estado donde se desarrollaba la carrera eran prácticamente inexistentes. Y algún estudiante francés de Historia habrá recordado la frase del ministro Talleyrand, que en 1815 afirmó que «Cataluña es la provincia menos española de España». Soy consciente de que el Mundial de Fútbol puede provocar una avalancha de apoyo a una selección española que ahora es más plural que nunca, pero nuestro país es así: complicado y complejo. Por eso, celebro que la realidad nacional catalana haya quedado reflejada en el Tour. Y que tres etapas se hayan podido seguir por TV3 también es un hecho a destacar.
Y todavía hay otro elemento que los espectadores no catalanes habrán podido observar. El papel que la Gendarmería Nacional hace en Francia, fundamental para garantizar la seguridad del Tour, en Cataluña lo ha llevado a cabo un cuerpo que no es la policía del Estado español. Antes de 1997 la Guardia Civil habría acompañado los ciclistas. Ahora ha sido la policía catalana, los Mossos d’Esquadra, ayudados por las Policías locales de varios municipios. 3.600 efectivos de los Mossos d’Esquadra y 900 de las Policías Locales han velado para que todo fuera bien en una operación de una gran complejidad. No se veía a la gente aplaudir a los Mossos desde la manifestación posterior a los atentados del 17 de agosto de 2017. Ahora lo hemos vuelto a ver. Lógicamente era un reconocimiento festivo, porque el paso de las motos de los Mossos forma parte del espectáculo. Pero el Tour ha permitido a Cataluña mostrarse al mundo como una sociedad con un grado de autogobierno elevado que dispone de un sistema de policía propio.
Nuestros paisajes, parte de un territorio a menudo maltratado por un crecimiento incontrolado, ayudan a definir nuestra nación. El papel de los Mossos ha sido una demostración de nuestro autogobierno. Las señeras quizás apostaban por llevar más allá nuestra capacidad de gobernarnos.

