Solo el uso de gafas homologadas con la ISO correspondiente evitará lesiones en el ojo que, a pesar de no percibirse, pueden aparecer más tarde. Un estudio pionero recogerá el impacto del fenómeno en el cuerpo humano.

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El sol, la luna y la tierra entrarán en juego el próximo 12 de agosto para alinearse dando lugar a un eclipse solar total que en determinadas ubicaciones de Cataluña tendrá una visibilidad excepcionalmente privilegiada. Esto será «en Lleida, Tarragona y algo más arriba, y hacia el sur, hasta Valencia y algo más, y también desde las islas Baleares, que son el último lugar donde se podrá ver la totalidad del eclipse», explica el director técnico del Observatorio del Montsec, Kike Herrero Casas, creador de Celístia, un puente al descubrimiento del universo de la mano de astrónomos que hacen de guías hacia los lugares de observación más idóneos.

Pero disfrutar de la espectacularidad de este fenómeno no debería ser motivo de una lesión ocular, un daño que es muy fácil y probable si no se siguen los protocolos de protección de los ojos. Es un acontecimiento único en la vida, si hablamos de la franja de planeta donde estamos —el próximo eclipse total en Cataluña tocaría en 2180 y el último que hubo se produjo en 1905, según Herrero—, por lo cual no es extraño que esté despertando tanta expectativa que, sin embargo, también requiere la máxima protección.

«Ni con los ojos desnudos, ni con gafas de sol, ni con gafas con vidrios polarizados, ni a través de una radiografía. Quien quiera mirar el eclipse lo tendría que hacer con unas gafas con homologación ISO 12312-2», puntualiza la óptima optometrista Guiomar Párraga, directora de Cottet Óptica y Audiología. Quien no lo haga así se arriesga a sufrir lesiones de retina y, «como no tenemos sensibilidad en la retina, a pesar de no sentir nada, sin tener ninguna molestia, puede aparecer después un daño que no sea reversible», precisa Párraga. También advierte que, a pesar de que con el eclipse se tenga la sensación que no los rayos de sol no son fuertes, la radiación es la misma. Del mismo modo que, afirma la especialista de Cottet, «hay la falsa creencia de que mirar el sol durante unos pocos segundos no comporta riesgos para la vista, cuando en realidad el daño puede producirse igualmente en un tiempo muy breve». 

Ni con los ojos desnudos, ni con gafas de sol, ni con gafas con vidrios polarizados, ni a través de una radiografía. Quien quiera mirar el eclipse lo tendría que hacer con unas gafas con homologación ISO 12312-2

Mirar directamente el sol durante un eclipse puede provocar una retinopatía solar, una lesión fotoquímica de la retina que afecta a la visión central y que, en algunos casos, deja secuelas permanentes. También pueden producirse quemaduras en la córnea por la radiación ultravioleta o agravarse otras patologías oculares.

Las gafas con la ISO correspondiente se tienen que adquirir en establecimientos especializados en óptica y antes de usarlas se tiene que comprobar que no estén rayadas ni tengan perforaciones o cualquier deterioro que pueda obstaculizar su eficacia.

La optometrista de Cottet explica, además, que, «en caso de utilizar prismáticos, telescopios o cámaras fotográficas, todos estos aparatos tienen que incorporar filtros solares específicos, en cada caso, que se tienen que adquirir en las tiendas especializadas de estos dispositivos». 

¿Y qué pasa si se ha mirado el eclipse sin protección? Desde la Clínica Oftalmológica Martínez de Carneros explican que, precisamente «porque la retina apenas tiene receptores del dolor, muchas lesiones pasan completamente desapercibidas al principio y los síntomas aparecen varias horas o incluso días después». En realidad, «el eclipse genera una falsa sensación de seguridad. Dado que el sol deslumbra menos, tendemos a pensar que también es menos nocivo, pero no es así. La radiación continúa alcanzando la retina y unos pocos segundos de observación sin la protección adecuada pueden ser suficientes para producir una lesión irreversible en la mácula», explica la Dra. Paloma Martínez de Carneros, especialista en oftalmología y directora de la Clínica Martínez de Carneros.

El eclipse genera una falsa sensación de seguridad. Dado que el sol deslumbra menos, tendemos a pensar que también es menos nocivo, pero no es así

Los síntomas que tienen que hacer sospechar un daño ocular —apuntan— son: visión borrosa; la aparición de una mancha oscura o punto ciego en el centro de la visión; dificultad para leer o enfocar objetos pequeños; ver las líneas rectas deformadas u onduladas o bien una disminución de la sensibilidad a los colores.

«Ante cualquiera de estos síntomas, aunque hayan aparecido horas después del eclipse, es importante acudir cuanto antes mejor al oftalmólogo. Un diagnóstico precoz permite confirmar si existe una lesión y realizar el tratamiento adecuado. Esperar a que desaparezcan por sí solos no es recomendable», añade la directora de la Clínica Martínez de Carneros.

En resumen, para disfrutar del fenómeno sin riesgos, los especialistas de Clínica Martínez de Carneros recomiendan:

  • No mirar nunca al sol directamente sin protección, ni siquiera durante unos segundos.
  • Utilizar exclusivamente gafas homologadas para la observación de eclipses.
  • Comprobar que las gafas estén en perfecto estado y rechazarlas si presentan arañazos, perforaciones o cualquier deterioro.
  • No usar ojeras de sol convencionales, por oscuridades que parezcan.
  • No emplear radiografías, cristales ahumados, filtros caseros ni otros métodos improvisados.
  • No observar el eclipse con cámaras, telescopios o prismáticos sin filtros solares específicos.
  • Supervisar siempre a los niños durante la observación.

Al margen de los fenómenos astronómicos como el que se vivirá el próximo doce de agosto, para cuidar la retina siempre, la optometrista de Cottet recuerda que conviene usar todo el año —y tanto adultos como niños— unas gafas de sol compradas en un establecimiento óptico que nos garanticen que estamos filtrando bien la radiación ultravioleta (UV). Igualmente, se recomienda hacer una revisión de la vista con un especialista en optometría un vez al año. A partir de los cuarenta años, además, aconseja hidratar diariamente cada ojo con una gota de lágrima artificial.

Latidos y respiración por el eclipse

Leer la emoción de contemplar el eclipse del 12 de agosto en parámetros biométricos, a través de la frecuencia cardíaca y la respiración de las personas que observen este fenómeno en directo es lo que se han propuesto desde la Consellería de Investigación y Universidades, con la participación del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC) y del Vall d’Hebrón Instituto de Investigación (VHIR).

Para poderlo hacer, han creado el programa SOLARIS (Seguimiento de Observaciones de La Actividad caRdíaca I reSpiratoria durante un eclipse solar) de ciencia colaborativa, con la participación de la ciudadanía que, a través de una aplicación descargable con un QR que ya está disponible en la web de Eclipse Cataluña, podrán aportar estos parámetros individuales, de manera anónima. Esto permitirá analizar la respuesta del cuerpo humano durante el eclipse a partir de los datos anónimos recogidos por relojes inteligentes y otros dispositivos portátiles. Estos datos los analizará el Vall d’Hebrón Instituto de Investigación (VHIR), a través de los grupos de investigación de Neumología y Enfermedades Cardiovasculares.

La iniciativa, totalmente pionera, estudiará por primera vez cómo un eclipse solar total puede influir en parámetros fisiológicos como la frecuencia cardíaca y la respiración. Tal y como expuso en la presentación del estudio la Dra. Maria Jesús Cruz Carmona, jefe del grupo de investigación de Neumología del VHIR, «el eclipse es un fenómeno que despierta pasiones y por medio de este estudio basado en la contribución de los ciudadanos podremos evaluar cómo se traduce en la respuesta fisiológica de las personas. Hasta ahora estos cambios eran muy difíciles de medir, pero gracias a los relojes inteligentes podremos registrar parámetros como la frecuencia cardíaca o la respiratoria y analizar cómo reacciona el cuerpo humano». Cruz Carmona añadió que «se trata de una situación muy especial: se hace oscuro de repente, baja la temperatura y se vive de manera colectiva, como un acontecimiento único. Creemos que todos estos factores tendrán un impacto fisiológico, y esto es precisamente lo que queremos estudiar comparando los datos de los dos días previos al eclipse, los del mismo día y los de los dos días posteriores».

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