Norma Editorial publica el primer volumen de Escape, con guion de Rick Remender y dibujo de Daniel Acuña; una desgarradora alegoría contra los conflictos armados donde los soldados de ambos bandos y la población civil se transforman en seres indefensos ante la barbarie.

Aquí tens la versió en catalá


En 2017, los sociólogos Jack Levin y Arnold Arluke, de la Northeastern University, publicaron un estudio fundamental titulado Are People More Disturbed by Dog or Human Suffering?: Influence of Victim’s Species and Age ([¿Nos perturba más el sufrimiento de un perro o el de un humano?: Influencia de la especie y la edad de la víctima]). Pusieron a prueba a cientos de participantes con noticias falsas sobre agresiones brutales. Las víctimas variaban: un bebé humano, un adulto humano, un cachorro y un perro adulto. Los resultados midieron los niveles de conmoción y compasión percibida por parte de todos los sujetos de estudio.

De este modo, se descubrió que las reacciones ante el maltrato de un bebé, un cachorro y un can adulto eran prácticamente idénticas, dejando al hombre adulto en el último lugar de la escala de afectividad. Esto confirma que la sociedad percibe a los canes, sin importar su edad, como seres completamente indefensos y dependientes —equiparables a los niños—, lo que nos lleva a experimentar un mayor desamparo e indignación ante su dolor que frente al de un semejante maduro capaz de defenderse. En definitiva, el estudio demostró que la solidaridad emocional humana no se rige por la especie, sino por la vulnerabilidad percibida. Al ver a un adulto humano sufrir en la guerra, el cerebro asume subconscientemente que «algo habrá hecho» o que puede valerse por sí mismo.

Esta investigación, ampliamente difundida en los medios generalistas por su sorprendente conclusión, llegó a manos del prolífico guionista estadounidense Rick Remender, quien se propuso que, si en el futuro escribía una historia de guerra, sus personajes serían animales antropomórficos. Al convertir a los soldados y civiles en animales, Remender pensó que lograría que los percibiéramos automáticamente con la misma desprotección que a un niño o a una mascota, disparando una identificación visceral instantánea.

La oportunidad de aplicar dicha decisión llegó cuando decidió inspirarse en la historia de su abuelo paterno. Se trataba de una vivencia que él desconocía por completo y que descubrió tras la muerte de su padre al buscar en los archivos familiares. Allí se topó con antiguos recortes de prensa que documentaban «su distinguido servicio en las Fuerzas Aéreas durante la Segunda Guerra Mundial: se detallaban sus reconocimientos y contribuciones cruciales a la derrota de Rommel en el norte de África… hazañas de las que nunca había tenido noticia».

El gran problema de las historias de este conflicto es el sesgo político e histórico del lector. Si el protagonista es un soldado estadounidense, un lector occidental conectará de inmediato; si es un soldado alemán, el cerebro activará defensas ideológicas, juicios morales y prejuicios históricos automáticos (lo que en psicología social se conoce como sesgo endogrupal/exogrupal). Abordar las atrocidades de la contienda a través de viñetas protagonizadas por perros antropomórficos podría parecer un intento de suavizar el relato, pero la teoría literaria demuestra que el impacto psicológico es diametralmente opuesto. 

Como analizó la investigadora Suzanne Keen en su célebre estudio Fast Tracks to Narrative Empathy: Anthropomorphism and Dehumanization in Graphic Narratives ([Vías rápidas hacia la empatía narrativa: antropomorfismo y deshumanización en las narrativas gráficas], 2011), el uso de animales humanizados en el cómic funciona como un resorte emocional inmediato. Al despojar a la guerra de los prejuicios históricos o de la desensibilización que a veces sufrimos ante el dolor humano real, estas figuras caninas derriban nuestras defensas psicológicas. Ver a un can sufrir en la trinchera o bajo la opresión de un régimen totalitario no infantiliza la tragedia, sino que la purifica, abriendo un canal directo hacia una compasión descarnada y universal que nos conecta con el horror del pasado de una forma que la cruda realidad, a veces, ya no consigue.

Keen demuestra que el antropomorfismo elimina las barreras geopolíticas. Al transformar a los bandos en diferentes especies animales, se reinician los prejuicios del lector: ya no se juzga a un soldado de una nacionalidad específica contra otra, sino que se observa a un ser vivo sufriendo en un entorno hostil. Esto permite que el dilema moral —la crueldad pura de la guerra— llegue al lector sin el filtro de sus propias opiniones políticas, un aspecto fundamental si queremos potenciar lo que en literatura se conoce como «efecto de distanciamiento». Si una historia muestra un nivel de violencia explícita demasiado realista en humanos, el cerebro del lector puede llegar a un punto de saturación o trauma, activando un mecanismo de defensa que lo desconecta emocionalmente de la obra («es demasiada sangre, no quiero ver esto»).

Sin embargo, al usar animales, se crea una distancia estética segura. El cerebro sabe que es una alegoría. Al bajar la guardia porque «son dibujos de animales», el lector permite que la historia se infiltre en su mente. Una vez dentro, el impacto de la violencia se vuelve mucho más crudo y reflexivo, porque el lector no vio venir el golpe emocional. Es exactamente el mismo fenómeno que consagró al cómic Maus (1986, 1991), de Art Spiegelman, como la obra maestra definitiva sobre el Holocausto, lo que lo convirtió en la primera novela gráfica merecedora de una Mención Especial de los Premios Pulitzer en 1992.

El Efecto de Distanciamiento (conocido en alemán como Verfremdungseffekt o V-Effekt, y a veces traducido como «efecto de alienación») es uno de los conceptos más revolucionarios de la teoría teatral y literaria del siglo XX. Fue desarrollado por el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht (1898-1956) en la década de 1930 como la piedra angular de su Teatro Épico. Su objetivo fundamental no era entretener pasivamente al público, sino transformarlo en un observador crítico y político. Básicamente, Brecht no quería que lloraras con el protagonista; quería que te indignaras con el sistema que lo hacía sufrir. 

Brecht teorizó por primera vez este concepto después de ver actuar en Moscú (en 1935) al célebre actor de la Ópera de Pekín, Mei Lanfang (1894-1961), publicando posteriormente el artículo Verfremdungseffekte in der chinesischen Schauspielkunst ([Efectos de distanciamiento en el arte dramático chino], 1937) en la revista vanguardista alemana Das Wort (1936-1939), editada en Moscú por el exilio contra el régimen nazi. Este texto se puede encontrar en la recopilación Escritos sobre teatro (1933-1947), publicado en castellano por Alba Editorial con traducción de Genoveva Dieterich.

Para entender la revolución teatral de Bertolt Brecht hay que comprender primero contra qué libraba su particular guerra: el drama clásico de herencia aristotélica, ese que buscaba que el espectador olvidara que estaba en una sala de teatro, se identificara ciegamente con el héroe y liberara tensiones mediante la pura empatía emocional. En lugar de atraparnos en la historia, Brecht nos expulsa de ella constantemente, destrozando la ilusión cognitiva con sutiles recordatorios de que lo que vemos es una mentira; aplica además el concepto de «hacer extraño lo familiar» para descontextualizar injusticias cotidianas como la pobreza o la guerra y obligarnos a cuestionarlas en vez de normalizarlas; y, por último, dinamita el suspense destripando el final de las escenas mediante carteles para que dejemos de sufrir por el «¿qué pasará?» y empecemos a analizar científicamente el «¿por qué pasa así?». Entre otros recursos, mostraba claramente los focos del escenario, a la vista de todos los espectadores, para recordarnos que «el teatro no es un refugio para evadirse, sino un espejo para pensar»… como lo es ahora el cómic.

Norma Editorial publica en mayo de 2026 el primer volumen recopilatorio del cómic Escape 1 (Escape, 2025-2026), de Rick Remender y el dibujante Daniel Acuña, con traducción al castellano de Hernán Migoya. En Estados Unidos, la obra está publicada por Image Comics, la editorial independiente más importante del sector. De manera más específica, el cómic sale bajo el cobijo de Giant Generator, el sello exclusivo propiedad del propio autor dentro de Image, diseñado para lanzar novelas gráficas de primer nivel con control absoluto por parte de los creadores.

El sello funciona bajo la premisa de invitar a los mejores dibujantes del mundo para cocrear proyectos con total libertad de tiempos, sin las prisas ni las interferencias de las grandes editoriales. Estas condiciones resultan fundamentales para producir obras de gran calidad, permitiendo que los autores mantengan el control del proceso creativo y la propiedad absoluta del resultado final. Un modelo que, además, transforma los beneficios económicos: en lugar de cobrar una tarifa fija por página como en la industria convencional, los creadores se quedan con los dividendos directos de las ventas, multiplicando exponencialmente sus ganancias potenciales si la obra triunfa en las librerías o salta a la pantalla.

Bajo estas condiciones de absoluta soberanía artística, Remender no dudó en reclutar al dibujante Daniel Acuña para convertirse en una de las piezas clave del sello, confiándole el apartado visual de este ambicioso proyecto bélico, Escape. Esta sinergia creativa en el cómic independiente se gestó durante años, cuando trabajaron juntos en Marvel Comics en los míticos números de la colección Imposibles Vengadores (Uncanny Avengers, 2013-2015), publicados en castellano por Panini Cómics. Aquel trabajo conjunto fue catalogado por la crítica especializada como una auténtica delicia visual, una obra donde el trazo denso, la espectacular composición de página y la iluminación casi al óleo de Acuña elevaron el relato a la categoría de épica moderna; sin embargo, aquella deslumbrante labor pictórica también sufrió las condiciones de la maquinaria industrial, obligando al dibujante murciano a lidiar con el implacable calendario mensual de las grandes corporaciones.

El estilo pictórico, atmosférico y detallista de Acuña, originario de la ciudad de Águilas (Murcia), donde ha desarrollado su carrera profesional, puede verse ahora en todo su esplendor después de más de tres años desde la concepción del proyecto, y más de dos de dedicación exclusiva a esta obra. Norma Editorial ha apostado por destacar el trabajo gráfico al publicar, junto al primer número, un volumen especial: Escape: El arte de la guerra (2026), que contiene el primer episodio de los seis que forman el tomo, pero dejando las viñetas sin ningún bocadillo de texto, con el objetivo de poder disfrutar completamente del arte de Acuña. La publicación contiene sendas entrevistas a los dos autores, fotografías originales del abuelo de Remender, noticias relacionadas con su participación en la contienda mundial, así como el diseño de personajes y páginas de muestra de guion y lápiz.

El ecosistema de Giant Generator ha supuesto el escenario perfecto, puesto que le ha permitido a Acuña disponer del tiempo necesario para madurar cada viñeta, modelar el diseño de producción de un universo propio desde cero y exprimir su personalísima paleta cromática, explotando al máximo la temperatura y la saturación del color para dotar de una atmósfera orgánica a las páginas, tanto para las escenas de guerra como para las imágenes del pasado del piloto protagonista. Con las hojas ya definitivas, se demuestra que el talento artesanal se expresa en su mejor versión cuando se le concede el control total de sus propios ritmos y se le libera del corsé de la rigurosidad histórica, al crear un universo de ficción singular.

El diseño de producción visual de la obra se manifiesta en todo su esplendor al vertebrar la trama en torno a una amenaza tecnológica sobrecogedora: un colosal cañón nazi inspirado en el histórico Schwerer Gustav (el «Gran Gustavo»), la mítica pieza de artillería ferroviaria de 800 milímetros. Al rescatar este monstruo de la ingeniería del Tercer Reich, Remender y Acuña no solo inyectan un rigor documental estremecedor en el relato, sino que elevan el conflicto a una dimensión de terror absoluto. Este fetiche de destrucción masiva, colocado en el horizonte de los protagonistas, deja de ser un simple recurso de suspense y se convierte en el escenario o el objetivo táctico ideal para una misión desesperada, reflejando la obsesión industrial nazi a escala masiva.

Al vestir a sus personajes con rostros de animales en un escenario bélico hiperrealista, Escape no solo se consolida como un triunfo estético, sino como una sofisticada reactivación del efecto de distanciamiento de Bertolt Brecht. Esta audaz decisión formal encuentra su perfecta justificación científica en los estudios sociológicos de Levin y Arluke sobre la sensibilidad colectiva hacia el sufrimiento animal, y se apoya en lo que la teórica Suzanne Keen define como «empatía narrativa transespecífica»: al despojar al lector de los prejuicios raciales, políticos o geográficos inherentes a las facciones humanas, el cómic nos obliga a dar un paso atrás y procesar el horror de la guerra desde una perspectiva puramente racional y desfamiliarizada. En última instancia, Escape nos expulsa de la comodidad del espectador pasivo para recordarnos la lección más pura del V-Effekt: a veces es necesario «hacer extraño lo familiar» a través de una máscara animal para que, al fin, podamos comprender la verdadera y descarnada naturaleza de nuestra propia condición humana.

Escape
Escape: el arte de la guerra

de Rick Remender y Daniel Acuña
Norma Editorial, 2026

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Jordi Ojeda

El Dr. Jordi Ojeda es professor del Tecnocampus (Universitat Pompeu Fabra).

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