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cómic ciencia y tecnología

El dolor congelado: romper el tabú del suicidio a través de la narrativa gráfica
Astiberri Ediciones publica la novela gráfica Son cuatro días, con guion de Joan S. Luna y dibujo de Jordi Pastor. Esta historia, basada en hechos reales, explora los motivos que llevaron al mejor amigo del periodista a quitarse la vida hace más de dos décadas, analizando el impacto psicológico en los supervivientes de este tipo de pérdidas.

Jordi Ojeda14 de septiembre de 2026 - 05:29
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Una de las series de televisión más destacadas del siglo XXI en la ciencia ficción sociológica es, sin duda, The Leftovers (2014–2017), cocreada por Damon Lindelof y Tom Perrotta —este último, autor de la novela original publicada en 2011 y publicada en castellano por Editorial Hidra con traducción de Jesús Negro García—. Su prestigio ha ido creciendo con los años, incluso una década después de su finalización, gracias al reconocimiento de su reparto, su audacia narrativa y su capacidad de retratar el dolor emocional. La premisa parte de un evento inexplicable: un 14 de octubre, sin previo aviso, el 2 % de la población mundial (140 millones de personas) desaparece de la faz de la Tierra de forma súbita, sin dejar rastro ni patrón aparente, y sin una explicación científica que permita comprender el fenómeno ocurrido.

La serie no se centra en los que se marcharon, ni intenta resolver el misterio de adónde fueron a parar. El foco está puesto enteramente en el 98 % que se quedó atrás: los remanentes, concepto que serviría de traducción del título original, aunque el significado literal haga referencia a «las sobras». La historia explora cómo los supervivientes lidian con el duelo, un estado que se cronifica al no existir cuerpos que enterrar ni explicaciones racionales. En ella vemos cómo la sociedad colapsa psicológicamente. Las instituciones tradicionales, desde el Gobierno hasta la Iglesia, se muestran inútiles para ofrecer consuelo. Aparecen sectas extremistas, charlatanes salvadores y comportamientos radicales de unos ciudadanos que entran en un bucle destructivo de culpa y furia, ante la impotencia al no hallar respuestas a la situación vivida.

La profesora Liz Bowen en su artículo Why Are None of these People in Therapy? Doing Battle with Mass Grief in The Leftovers ([¿Por qué ninguna de estas personas está en terapia? Luchando contra el duelo colectivo en The Leftovers], 2025), analiza un elemento muy llamativo de The Leftovers: en un mundo completamente devastado por el dolor emocional, casi ningún personaje busca ayuda psicológica convencional, y la única terapeuta principal de la historia abandona su profesión para unirse a una secta del silencio. Para explicar este fenómeno, la autora recurre explícitamente a la doctora Pauline Boss y a su concepto de «pérdida ambigua». Bowen argumenta que la desaparición súbita del 2 % de la población genera un tipo de duelo que carece de un objeto tradicional: no hay cuerpos que enterrar, ni un final verificable, ni rituales culturales que puedan enmarcar el luto.

El artículo detalla que la terapia occidental clásica resulta ineficaz porque exige un cierre que en estas circunstancias es imposible, tal y como postuló Boss en sus estudios con familiares de soldados desaparecidos en combate (o más recientemente, con el trauma colectivo de la pandemia, que devolvió un protagonismo global a sus conclusiones). El concepto de «pérdida ambigua» fue acuñado en la década de los setenta por la Dra. Pauline Boss, actual profesora emérita de la Universidad de Minnesota, cuyo trabajo de investigación se divulgó a través de su influyente ensayo La pérdida ambigua. Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado (Ambiguous Loss: Learning to Live with Unresolved Grief, 1999), publicado en castellano por Herder Editorial con traducción de Isabel Campos Adrados. Boss desarrolló esta teoría para dar nombre a un tipo de pérdida profunda que carece de claridad y de resolución, lo que bloquea el proceso natural del duelo y genera un estado crónico de ansiedad y confusión.

El ensayo distingue dos categorías: una con ausencia física del cuerpo del fallecido y otra con presencia física pero ausencia psicológica, bien por casos de demencia, daño cerebral traumático, adicciones severas… o suicidio, especialmente si el finado no ha dejado una nota de despedida. En esencia, la serie The Leftovers funciona como un reflejo devastador de lo que experimentan los familiares de una persona que se suicida sin dejar una nota ni mostrar señales previas que justifiquen su decisión. Mientras que modelos famosos como las cinco etapas del duelo de Elisabeth Kübler-Ross buscan llegar a «la aceptación», Boss sostiene que en la pérdida ambigua el cierre es un mito dañino: exigirle a una persona que «pase página» cuando no tiene respuestas solo aumenta su trauma.

Quizás para evitar ese duelo congelado o crónico, el periodista, ensayista y escritor Joan S. Luna decidió buscar respuestas al suicidio de uno de sus mejores amigos, ocurrido en 1999, con quien compartió los años de la universidad y el lustro posterior. El azar convirtió ese periplo en el guion de la novela gráfica Son cuatro días (2026), con dibujo de Jordi Pastor, publicada por Astiberri Ediciones, en un intento por dar visibilidad a un tema tabú, muchas veces ignorado en los medios de comunicación, a pesar de ser una de las causas de fallecimiento más prevalentes en la sociedad actual.

El título del cómic recupera, con el permiso de sus creadores, el de la canción homónima del grupo El Último de la Fila, con letra de Manolo García y Quimi Portet, que se incluyó en su álbum debut Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana (1985). Con su evidente influencia de la rumba catalana y unas guitarras muy rítmicas, la letra de la canción es un canto a la fugacidad de la vida, subrayando lo efímero de la existencia mientras sus protagonistas escuchan a un músico de jazz «en un local oscuro junto al mar». Tras un trauma, es habitual sentir que la vida se detuvo en ese punto exacto; sin embargo, canciones como Son cuatro días recuerdan que el tiempo pasa rápido y no espera a nadie.

La novela gráfica comienza con un suceso fortuito la mañana del jueves 1 de diciembre de 2022 en la ciudad de Barcelona, cuando Luna se topa con la policía y los bomberos, que están recogiendo a un hombre que se había colgado de un árbol. La impresión del momento le lleva a proponerse buscar respuestas a la marcha voluntaria de su amigo Ismael, reflexionando sobre su papel en los días previos y su propio comportamiento posterior. También realiza una serie de entrevistas para hallar explicaciones entre familiares directos de personas que se suicidaron e, incluso, con un superviviente de un intento de suicidio, quien describe la experiencia como un nuevo nacimiento, según relata el propio testimonio.

Pastor resuelve con solvencia el reto de dibujar un texto que plantea diversos desafíos, como el de representar distintos momentos temporales (la actualidad y la década de los noventa), la presencia de personajes secundarios que van envejeciendo con el tiempo (incluido el protagonista y narrador de la historia), así como la iluminación en variados escenarios: interiores de viviendas, bares, aulas de la universidad, locales de ocio o las calles de la ciudad de noche. También destaca la forma en que mantiene la tensión dramática en las múltiples conversaciones —y la representación gráfica de las mismas—, fundamentales en una historia de este tipo, que tiene una vocación documental y descriptiva de los hechos acontecidos.

La novela gráfica cuenta con el epílogo Hablar, escuchar… romper silencios y tabúes, del escritor y trabajador social Agustín Bonifacio Guillén, autor del libro El Plan B: Qué podemos hacer para ayudar a los jóvenes a superar su desesperanza vital (2025), un texto que funciona como un manual de apoyo diseñado para dotar de recursos prácticos a familias, educadores y a la sociedad en general con el fin de detectar a tiempo el aislamiento juvenil y los impulsos suicidas. Tanto en su ensayo como en el texto del epílogo, el autor subraya la necesidad urgente de acabar con el silencio y los estigmas que rodean la salud mental. La contribución de Luna y Pastor resulta clave para aprovechar la capacidad pedagógica y divulgativa del cómic a fin de abordar el tema del suicidio con rigor y sensibilidad.

Al final del texto se incluyen contactos de utilidad, como el teléfono 024 (la línea pública y gratuita del Ministerio de Sanidad para la atención a la conducta suicida) y los datos de la entidad Teléfono de la Esperanza en España: el correo electrónico ayuda@telefonodelaesperanza.org y el número 717 003 717.

Son cuatro días
Joan S. Luna y Jordi Pastor
Astiberri, 2026

Còmic i educació cómic y educación
Jordi Ojeda
Jordi Ojeda

El Dr. Jordi Ojeda és professor del Tecnocampus (Universitat Pompeu Fabra).

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