Cuando un paciente llega a una consulta, muchas veces lo hace con incertidumbre, dolor, miedo o en situación de vulnerabilidad. En este contexto, que el profesional sanitario hable la misma lengua puede ayudarle a sentir más tranquilidad, confianza o bienestar. Pero no solo esto. Parece ser que expresarse en el mismo idioma que el paciente puede convertirse en una herramienta fundamental a la hora de precisar un diagnóstico o de garantizar una mejor calidad asistencial. Así lo apunta un estudio de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que incluye un centenar de investigaciones sobre el impacto de la discordancia lingüística en la atención sanitaria en países como Canadá, el Reino Unido, Finlandia o el País Vasco, con territorios bilingües o con una lengua minoritaria o minorizada.
El estudio constata que no garantizar una atención sanitaria en la lengua del paciente puede tener consecuencias médicas. Entre otras cosas, puede disminuir la precisión del diagnóstico y la calidad del servicio sanitario y, en ocasiones, se podría perder el vínculo entre el profesional y el usuario.
Joana Pena Tarradelles, investigadora en sociolingüística y justicia lingüística de la UPF, ha analizado los diversos estudios y explica que, en grupos lingüísticos de origen migrante, se ha detectado menos precisión o adherencia a los tratamientos, más errores médicos o la necesidad de realizar más pruebas en las personas que no dominan ninguna de las lenguas del país de acogida. Entre la población autóctona —añade—, «concretamente en los estudios hechos en el Canadá se refleja la idea de que los pacientes francófonos reciben peores diagnósticos y entienden peor las instrucciones, tienen más complicaciones y más tiempos de ingreso en el hospital si son tratados en inglés, pero estos elementos surgen sobre todo entre personas francófonas menos bilingües. En las más bilingües se detectan otras consecuencias: describen peor el dolor, se sienten menos cómodos o tienen más ansiedad y estrés por tener que comunicarse en la segunda lengua, pero no se puede afirmar directamente que esto implique directamente un peor diagnóstico».
En general, las investigaciones realizadas con hablantes de galés en el Reino Unido, de francés en zonas anglófonas del Canadá, de sueco en Finlandia o de vasco en Euskadi concluyen que la capacidad de expresarse en una segunda lengua disminuye en situaciones de estrés, vulnerabilidad, miedo o dolor intenso, y que utilizar una lengua diferente a la propia supone un esfuerzo mental añadido e invisibiliza matices vitales para el diagnóstico. Estos estudios, que revisan el impacto de la discordancia lingüística cuando el médico no habla la lengua preferida por el paciente, se enmarcan dentro de una investigación más amplia que examinará por primera vez qué supone usar el castellano a la hora de atender a los pacientes catalanohablantes en los centros sanitarios del país. Los primeros resultados sobre el valor de la lengua catalana dentro de la consulta sanitaria, todavía en proceso de análisis, se presentarán de aquí a un año aproximadamente.
Una sanidad poco catalanohablante
En Cataluña, el derecho del paciente a ser atendido en catalán se podría estar vulnerando en alguna ocasión; la lengua catalana no es actualmente la lengua de uso común entre la mayoría de médicos y médicas que ejercen en el país, según el Estudi sobre les necessitats i coneixements lingüístics dels metges a l’assistència sanitària, elaborado por el Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña (CCMC) en 2024. El documento concluye que solo el 48%de los professionals utilizan la lengua catalana habitualmente para comunicarse con los pacientes. Y, concretamente —destaca el estudio— el uso de la lengua catalana durante las visitas es menos frecuente entre generaciones de médicos jóvenes (sobre todo a la franja de 30 a 45 años), coincidiendo con porcentajes más elevados de médicos nacidos fuera de Cataluña, especialmente a países extracomunitarios. Aun así, el documento también pone en valor que dos de cada tres médicos nacidos fuera de Cataluña y que ejercen en el sistema sanitario catalán quieren mejorar sus competencias en lengua catalana. Concretamente, el 80% tienen predisposición para aprender o mejorar el conocimiento de la lengua y un 54,7% de los médicos y médicas nacidas fuera de Cataluña han hecho algún curso de catalán. Entre los que no han hecho ninguno —un 45,3%—, más del 90% consideran útil el conocimiento de la lengua y la formación, pero lamentan que la oferta disponible hasta ahora no se ajuste a sus horarios y necesidades.
Entre compañeros de profesión, es habitual que el profesional catalanohablante cambie de lengua automáticamente ante un interlocutor castellanohablante. En porcentaje, el 74,9% de los médicos que se dirigen en catalán a un compañero acostumbran a cambiar al castellano cuando esta es la lengua que utiliza el interlocutor.
Derecho a ser atendido en la lengua propia
Ante este escenario, el CCMC reclama a la administración que ofrezca a los médicos y médicas formación gratuita, flexible e interactiva que tenga en cuenta el conocimiento de vocabulario específico del ámbito sanitario y asistencial. En esta misma línea, el Consejo de Colegios recuerda en un comunicado, que «las habilidades lingüísticas son una competencia básica de los profesionales de la medicina para el establecimiento de una relación de confianza con el paciente y para una atención de calidad». Insiste que los profesionales «tienen que velar por adquirir las competencias lingüísticas necesarias en catalán y que la administración, con el apoyo de organizaciones sanitarias y colegios profesionales, tiene que facilitar esta formación».
También el Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Barcelona (COIB) se ha posicionado recientemente en esta línea con motivo de la Fiesta Nacional de Cataluña. El COIB resalta el valor de la lengua catalana como elemento de cohesión social, de proximidad y de calidad en la atención a las personas: «La comunicación es una parte esencial de las curas. Escuchar, acompañar, informar y establecer una relación de confianza con las personas atendidas requiere compartir un lenguaje que permita expresar necesidades, emociones y preocupaciones con naturalidad. En este sentido, el catalán es una herramienta fundamental para garantizar una atención centrada en la persona y respetuosa con su identidad lingüística», afirma en un comunicado.
La lengua que genera confianza
Los cursos de catalán para sanitarios son imprescindibles, pero hacen falta otras medidas para poner el catalán en el centro del sistema sanitario en un momento de descenso general del uso del catalán. Con este objetivo nació en 2023 la asociación Salut pel Català, que ya suma más de 2000 miembros entre profesionales de la salud y pacientes. Esta entidad, que pretende promover el uso del catalán en el ámbito de la sanidad y de la investigación biomédica, es quien lidera el llamado Pla d’Acollida del Hospital Clínico de Barcelona, dirigido a todos los residentes independientemente de su origen o de su lengua materna. Esta iniciativa ofrece varias actividades —salidas culturales, talleres de cocina, experiencias— y espacios para que los profesionales sanitarios puedan incorporar el catalán en su práctica diaria.
El programa, que va por la segunda edición, quiere favorecer la integración lingüística y cultural de los residentes recién llegados, promover el uso del catalán en la práctica asistencial y garantizar una comunicación eficaz con los pacientes.
Klaus Franz es residente de segundo año y forma parte del Plan d’Acollida. Este joven chileno estudió el grado de medicina en Santiago de Chile y llegó a Barcelona el año pasado para empezar su residencia en el Hospital Clínico. Enseguida vio claro que el aprendizaje del catalán le podía ser de utilidad a la hora de establecer vínculos con los pacientes: «Hay personas que han hablado en catalán toda la vida y, en contextos complicados de salud o en pacientes mayores en estados demenciales o en condiciones de estrés, el conocimiento de la segunda lengua se puede llegar a perder y les resulta difícil hacerse entender en una lengua que no es la suya», explica. Franz añade que «hablar la lengua propia del paciente favorece el entendimiento entre las dos partes, facilita la comprensión de la información sanitaria y permite explorar algo del paciente que probablemente no te diría si no te tiene confianza. Saber la lengua marca la diferencia».
También el sindicato médico Metges de Catalunya acordó el año pasado con Òmnium Cultural una estrategia conjunta que se enmarca dentro de la campaña «Català per a tothom» y consiste en crear grupos de vínculos en los centros de salud para que entre los compañeros se establezcan conversaciones informales orientadas al aprendizaje y la práctica de la lengua catalana; y actuar para implicar a las consellerías del Govern, los órganos de participación social del ámbito sanitario y las patronales del sector de la salud con la activación de más recursos formativos que promuevan el uso del catalán entre el personal facultativo.
En el ámbito de la salud, la lengua es mucho más que una herramienta de comunicación: es una vía que genera vínculos, acompaña, orienta, cuida y hace confianza. Y que el profesional atienda al paciente en su propia lengua es un derecho que tiene la ciudadanía.
