Hay que entender que la vivienda no es un aspecto «externo» a la consulta, sino un elemento que condiciona directamente la salud de las personas que atendemos.

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El hogar tendría que ser el primer espacio seguro de cualquier persona. El lugar donde poder nacer, crecer, desarrollarse y, si así se desea, también donde morir. Pero esta idea tan esencial se hace pedazos cuando la vivienda deja de ser un derecho y se convierte en una amenaza cotidiana.

Halfdan Mahler, exdirector general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue determinante en la creación de la atención primaria en los sistemas de salud y decía que: «La salud empieza al hogar, en la escuela, en los campos y en las fábricas. Es en estos lugares donde las personas viven y trabajan, donde la salud se forja o se rompe».

La Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud incorpora la necesidad de abordar los determinantes sociales de la salud y considera que: «Las condiciones y requisitos para la salud son la paz, la educación, la vivienda, la alimentación, la renta, un ecosistema estable, la justicia social y la equidad».

Transitar de un modelo biomédico hegemónico de la salud y la enfermedad a un modelo holístico que incorpora los determinantes de la salud como ejes de la desigualdad de esta última no ha sido fácil, pero hoy en día nadie pone en entredicho la influencia que tienen.

En las consultas tendríamos que poder identificar la situación de inseguridad residencial que tienen las personas, tal como hemos hecho con otros aspectos como las violencias machistas, por ejemplo. Y como profesionales nos asaltan las dudas sobre si es trabajo nuestro. Y, en el supuesto de que la respuesta sea que sí, aparecen de nuevo: ¿cómo tenemos que hacerlo?

En las consultas tendríamos que poder identificar la situación de inseguridad residencial que tienen las personas, tal como hemos hecho con otros aspectos como las violencias machistas

Como primer paso se tendría que mejorar la sensibilización e implicación de las profesionales hacia este tema. Hay que entender que la vivienda no es un aspecto «externo» a la consulta, sino un elemento que condiciona directamente la salud de las personas que atendemos. Desde esta implicación podemos: emitir informes de vulnerabilidad o pobreza energética cuando sea necesario, mostrar nuestro posicionamiento públicamente, acompañar a la comunidad en actos en que se reivindiquen mejoras o derechos y recomendar aquellas plataformas o entidades que trabajan por el derecho a la vivienda y que pueden paliar los problemas que se sufren. Pero sobre todo tendríamos que intentar no medicalizar la pobreza ni patologizar a estas personas. Antes de emitir un diagnóstico de salud física o mental, hay que preguntarse en qué condiciones vive esta persona y qué podemos hacer ayudarla.

En esta línea, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca PAH de Vallekas, conjuntamente con un grupo de profesionales sanitarias, ha elaborado una guía sobre Vivienda y salud. Acompañar personas en riesgo de desahucio. Es un documento que propone maneras concretas de trabajar juntas sanitarias, profesionales de los servicios sociales y personas afectadas por la crisis de vivienda. Creemos que es un documento que nos puede ayudar a mejorar la atención a las comunidades desde la Atención Primaria. No es solo una guía, es una invitación a repensar qué podemos hacer. Ignorar cómo es de determinante la vivienda en la salud es, sencillamente, mirar hacia otro lado.

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