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geopolítica

El poder de Marruecos
Jugando con el movimiento de su propia población necesitada y con falsas promesas de un futuro mejor, Marruecos ha puesto contra las cuerdas al Gobierno español una y otra vez.

Joan Salvat13 de octubre de 2026 - 07:30
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Mesquita de Hassan II a Casablanca. Foto de Gabriele Frau (CC BY-NC-ND 2.0).

Sin disparar ni un solo tiro. Solo jugando con el movimiento de su propia población necesitada y con falsas promesas de un futuro mejor. Así es como Marruecos ha puesto contra las cuerdas al Gobierno español una y otra vez. Tiene la llave de la inmigración y la ha utilizado cuando ha querido.

Es así como amplió su territorio y conquistó una pieza deseada: 266.000 kilómetros cuadrados (ocho veces la extensión de Cataluña o la mitad del territorio español), invalidados/invadidos por una población formada por familias enteras con banderas y cánticos.

Franco en la cama

Era noviembre de 1975. El dictador Francisco Franco yacía en la cama de la que ya no saldría y el presidente del Gobierno, Arias Navarro, conocido como «el carnicero de Málaga» por su actuación como fiscal militar al firmar miles de sentencias de muerte en juicios sumarísimos contra defensores de la República, estaba a punto de salir en la única televisión del país, Televisión Española, con lágrimas en los ojos. Anunciaba la muerte del Caudillo. Un momento de máxima debilidad del régimen franquista, aprovechado por Marruecos para hacer una jugada a su favor que cambió por completo la configuración política de la zona.

El Sáhara Occidental, que había sido colonizado por España, era abandonado a su suerte ante una invasión de personas sin armas: decenas de miles de familias de Marruecos a las que se les había prometido una tierra donde vivir, un lugar donde prosperar, en contra de quienes ya la habitaban desde tiempos inmemoriales —los saharauis de toda la vida—, que habían confiado en la palabra dada por el Gobierno español de un futuro proceso de autodeterminación.

La Marcha Verde

El 6 de noviembre de 1975 se inició la Marcha Verde. Cientos de miles de marroquíes cruzaron la frontera del que entonces era el Sáhara español con la aquiescencia de los Estados Unidos, en plena Guerra Fría. A la movilización también se sumó una fuerte presencia de soldados marroquíes.

Contra las cuerdas y mientras Franco agonizaba, el Gobierno español firmó los Acuerdos de Madrid el 14 de noviembre de 1975, por los cuales se cedía la administración del territorio saharaui a Marruecos y a Mauritania (que posteriormente renunció en favor de los marroquíes). El ejército español abandonaba el territorio a finales de febrero de 1976, dejando atrás el Sáhara Occidental y todas las promesas hechas.

El propio Rey de España Juan Carlos I había volado a El Aaiún, la capital saharaui, el 2 de noviembre de 1975, para anunciar que España cumpliría sus compromisos: «Deseamos proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui», declaró.

Ni España ni Marruecos han respetado las más de 150 resoluciones aprobadas por Naciones Unidas a lo largo de los años que, todavía hoy, considera al Sáhara Occidental como «territorio colonizado».

La Guardia Mora

Qué paradoja que algunos de los descendientes de aquellos que habían ayudado a Franco en el golpe de Estado y a ganar la Guerra Civil, la temida «guardia mora», pudieran ahora participar, bajo el amparo del Rey Hassan II, en la conquista de nuevos territorios contra España.

La guardia mora era una unidad de élite integrada por entre 60 y 100 mil soldados de origen marroquí, muchos de ellos reclutados de entre la población más pobre. Unas tropas que fueron conocidas por el terror de sus acciones durante la Guerra Civil española: eran los primeros que entraban en los pueblos y ciudades conquistadas por el bando franquista, saqueando, matando, robando y violando.

Algunos historiadores, como Paul Preston, han documentado que el alto mando franquista utilizó estas tropas como una arma psicológica de terror contra la población civil y las milicias republicanas. Matar, violar y robar todo lo que encontraban se convirtió en la manera de actuar bajo las órdenes franquistas. Degüellos, decapitaciones, amputaciones de miembros, como orejas o narices, se hacían con la gumía, el cuchillo tradicional norteafricano, como método para crear pánico entre la población civil y la resistencia republicana.

Pensiones para los soldados

Qué paradoja también si alguno de ellos estaba en la movilización masiva que conquistó el Sáhara Occidental sin disparar ni un tiro. La formación valenciana Compromís denunciaba en 2021 que aquel año el Gobierno español se había gastado 150 millones de euros en pensiones de soldados de la guardia mora que continuaban cobrando del Estado español gracias a una ley franquista de 1965.

La guardia mora fue un símbolo. Era la guardia pretoriana, la guardia de honor del dictador que lo acompañaba allá donde fuese en los desfiles y actos oficiales, con sus trajes de gala, chilabas y turbantes. En 1956 fue disuelta, al proclamarse la independencia de Marruecos.

Después de la Marcha Verde y la capitulación del Gobierno español con los Acuerdos de Madrid, miles de saharauis huyeron refugiándose en la frontera cerca de Argelia. Comenzaba un conflicto armado que duraría hasta nuestros días, con un alto el fuego desde 1991 hasta 2020, cuando Marruecos lo rompió unilateralmente al entrar fuerzas militares en las zonas de Guerguerat para desalojar a manifestantes saharauis. Marruecos considera que quien rompió el alto el fuego fue el Frente Polisario. Como siempre, un hecho, dos versiones.

De Tinduf al mar

Yo era muy joven y trabajaba en el diario El Correo Catalán cuando fui enviado junto a otros compañeros periodistas a cubrir la vida en los campos de refugiados a pocos kilómetros de la ciudad argelina de Tinduf. Hacía muy poco que los refugiados saharauis estaban allí y se acababan de construir campamentos con tiendas provisionales sin que nadie se pudiese imaginar que esta provisionalidad se alargaría para siempre.

Entonces el conflicto armado entre el Frente Polisario y las tropas de Marruecos estaba en plena actividad. Desde Tinduf, las tropas saharauis nos hicieron una demostración de su control del territorio. Ahora sería imposible. Sin fecha concreta de vuelta ni posibilidad de conexión con el exterior, ni teléfonos por satélite ni ningún otro método de contacto, nos demostraron que podían llegar a las costas del Atlántico en unos jeeps con los que atravesaron los 350 kilómetros que nos separaban. De Tinduf a la playa. Viajando de noche o de día.

De vez en cuando, nos parábamos un buen rato escondidos detrás de una duna o en un pequeño oasis y veíamos pasar los helicópteros de las fuerzas armadas de Marruecos. Nos reunían y hacíamos un té sentados en el suelo, bajo el sol o al atardecer, y llevábamos unas pequeñas cabras que nos sirvieron de alimento. Era evidente que el Frente Polisario controlaba una gran parte del terreno, el cual conocía a la perfección. También visitamos alguna de las ciudades arrasadas por Marruecos.

Aún tenían la esperanza de que pronto volverían a sus pueblos y ciudades que habían tenido que abandonar a toda prisa. Cuántos años pasados sin que se haya encontrado una solución y una salida a un conflicto enquistado. Cuántas resoluciones de la ONU hechas en vano. Una demostración más de que la partida la gana quien tiene más fuerza, no quien tiene la razón. La ley del más fuerte.

La Guerra Fría continuada

Mientras que la Guerra Fría había situado a Argelia en el bando de la Unión Soviética, tras la lucha por la independencia contra los franceses, Marruecos se consolidó como un aliado internacional de Occidente y jugó sus cartas. Con la ayuda de los norteamericanos, que preferían una monarquía a una república alauí —como también hicieron con España—, con el apoyo de los antiguos colonialistas franceses y de los israelíes, comenzaron una obra faraónica para impedir la movilidad de los saharauis. La construcción del segundo muro más grande de la Tierra, después de la Gran Muralla China: 2.700 kilómetros (un poco menos que la distancia que hay entre Barcelona y Moscú) de terraplenes, torres de vigilancia electrónica y cuarteles militares para evitar los movimientos del Frente Polisario. Un muro equipado ahora con drones de última generación proporcionados por los israelíes y los norteamericanos.

El régimen alauí se quedó con el 80% del territorio dentro de los muros, rodeados de lo que se considera el campo minado más grande del mundo, donde se calcula que hay unos 10 millones de minas terrestres que cada año producen víctimas inocentes, en una zona inaccesible donde nadie puede saber lo que pasa. El Frente Polisario controla un 20% del territorio sin acceso al mar y lejos de donde están los recursos y la riqueza de la región.

Un récord de gasto militar

Marruecos gasta alrededor de un 4% de su PIB en Defensa, el segundo país de África que más invierte solo por detrás de Argelia, que le dedica un 8%. Ambos países han ido incrementando el gasto militar año tras año.

Estados Unidos es el principal proveedor histórico de Marruecos, proporcionando aviones de combate y sistemas de misiles, seguido de Israel, que proporciona drones de ataque, ciberseguridad y tecnología de inteligencia, como por ejemplo el sistema Pegasus, el cual se utilizó para pinchar el teléfono del presidente español Pedro Sánchez y otros miembros de su gabinete.

Marruecos ha ido ganando también batallas diplomáticas importantes, también de la mano de Estados Unidos y de Israel, que han apoyado el plan de autonomía para el Sáhara Occidental propuesto por el Reino alauí. A cambio, este se ha sumado a los Acuerdos de Abraham impulsados por el presidente Donald Trump en 2020 por los cuales se normalizan las relaciones y se reconoce al Estado de Israel. De hecho, el pasado 16 de septiembre, en medio de la crisis de Ceuta, Marruecos anunció la apertura de embajadas entre los dos países.

Ahora, este mes de octubre, se tendrá que decidir si continúa la misión de la ONU para el referéndum del Sáhara Occidental, la Minurso, activa desde 1991, que vigila la tregua entre el Frente Polisario y Marruecos y con la misión de organizar la consulta de autodeterminación. Una consulta que continúa siendo rechazada por Marruecos, que ofrece una autonomía, pero donde Rabat mantendría el control exclusivo sobre la defensa, las relaciones exteriores y la seguridad del Sáhara Occidental.

Una gran riqueza bajo tierra

Además de todo esto, el Sáhara Occidental se ha convertido en un territorio de extrema importancia a nivel económico global. Bajo la arena y la tierra del Sáhara hay unos recursos naturales cada vez más importantes para alimentar a la población mundial: están las minas de fosfato más grandes del mundo. Y este mineral se ha convertido en esencial para la agricultura. Marruecos controla en estos momentos el 70% de la roca fosfórica, un poder enorme en sus manos, sobre todo en estos tiempos de inflación disparada, motivada en gran parte por la guerra de Irán y los problemas del transporte marítimo que no afectan únicamente a los carburantes.

Tanto es así que el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmaba este verano una orden para eliminar los aranceles sobre los fertilizantes de fosfato procedentes de Marruecos para asegurar el suministro agrícola interno. Una manera de reforzar los lazos estratégicos y comerciales entre ambos países.

Población joven, población vieja

Marruecos, el puente entre África y Europa, el lugar más cercano de los dos continentes separados por los 12 kilómetros del Estrecho de Gibraltar, es donde se agrupan cientos de miles de jóvenes que quieren cruzar hacia el sueño europeo, para poder sostener a sus familias y hacerse un futuro.

Una población europea envejecida, con una media de edad cercana a los 45 años frente a un continente africano lleno de jóvenes, con una media de edad de 20 años. Recuerdo un atardecer en Tánger paseando con un profesor de instituto que se quejaba del Tratado de Schengen de 1985. Hasta entonces podía cruzar sin problemas con un ferri hasta la península y podía pasar un fin de semana haciendo turismo y visitar Cádiz, Córdoba o Sevilla. Ahora tenía que hacer colas kilométricas en el Consulado para obtener un visado. Se sentía en una prisión porque detrás de él tenía únicamente el inmenso desierto del Sáhara, mientras que delante Europa lo rechazaba. El puente se había convertido en un muro casi infranqueable. Lo aislaba en su propio país.

Primer aviso

En 2021 miles de personas, la mayoría jóvenes, cruzaron la frontera de Ceuta de manera irregular desde Marruecos ante la pasividad de la policía marroquí por la playa de El Tarajal. Era la represalia por haber permitido el ingreso en un hospital de Logroño de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, para recibir tratamiento médico. Este hecho tendría graves consecuencias políticas y diplomáticas. Cruzaron unos 1.500 menores de edad. Se tramitaron miles de devoluciones, pero el Tribunal Supremo dictaminaría en 2024 que el retorno colectivo y sin garantías de los menores había sido ilegal.

Fue un punto de inflexión. El gobierno de Pedro Sánchez se lo jugó todo para rehacer las relaciones con un vecino con el que es necesario estar en buena sintonía precisamente por ser ese punto de encuentro entre los dos continentes y el punto necesario para controlar la inmigración. Sin la colaboración de Marruecos esto sería un imposible, como se ha demostrado una y otra vez. Se cesó a la ministra de Exteriores de aquel momento, Arancha González Laya, y se cambió la postura histórica de España respecto al Sáhara Occidental en mayo de 2022, con una carta al actual Rey Mohamed VI. Se pasaba de la neutralidad histórica a reconocer la propuesta de autonomía de Marruecos para resolver el conflicto siempre bajo los auspicios de Naciones Unidas, como habían hecho los grandes países europeos como Alemania o Francia. Esto originó una grave crisis con Argelia, un país clave para el suministro de gas al Estado español cuando la guerra de Ucrania había estrangulado el gas ruso. Argelia retiró al embajador en España y amenazó con suspender el envío de gas. Argelia también jugaba sus cartas.

Emboscada inesperada

Poco se podía esperar el presidente español, Pedro Sánchez, la emboscada que se preparaba. Volviendo de Estados Unidos y de la final del mundial ganado por España hizo una breve visita oficial a Argelia para cerrar la crisis abierta en 2022. Era el 20 de julio de este año y se restablecieron las relaciones diplomáticas y un acuerdo para aumentar las importaciones de gas.

Pocos días después, el 30 de julio, decenas de miles de personas, la mayoría jóvenes, se tiraban al mar para llegar a Ceuta, la ciudad española del Norte de África. A mí, personalmente, se me hace muy difícil pensar que una crisis de estas características, con una movilización de decenas de miles de personas, se pueda organizar sin la aquiescencia del poder marroquí. La crisis migratoria más grande vista, y también un toque de atención, de nuevo, de cómo miles de personas sin armas pueden convertirse en una presión insoportable.

Mientras tanto, Marruecos y los Estados Unidos firmaban un acuerdo estratégico de colaboración en defensa de 10 años, de 2026 a 2036. El acuerdo implica la construcción en marcha de un gran centro de Experimentación en Tan-Tan, al sur del Sáhara Occidental. Un laboratorio para probar nuevos drones, nuevas tácticas de lucha antiterrorista (el Frente Polisario es considerado así por Marruecos y ha incrementado la presión para que organismos internacionales lo cataloguen de esta manera) y un lugar especialmente diseñado para probar armamento de última generación de los norteamericanos. Tan-Tan es una localidad del Sáhara frente a las Islas Canarias, a unos 270 kilómetros de distancia. El Senado norteamericano ha dado instrucciones concretas para diseñar un plan completo de refuerzo de la colaboración militar con Rabat. Será la principal plataforma de fuerza de los Estados Unidos hacia el continente africano.

Al mismo tiempo, Marruecos está construyendo dos modernos puertos, uno en Tánger, a 30 kilómetros de Ceuta, y el otro en Nador, a 50 kilómetros de Melilla, para ofrecer servicios a los grandes buques de carga, en unas mejores condiciones que los puertos europeos. El control del Estrecho de Gibraltar es vital, y más en estos momentos de graves problemas logísticos por la guerra en el Golfo Pérsico.

Gane quien gane

Gane quien gane las próximas elecciones, esta realidad sobre el terreno no desaparecerá, y aquellos que hoy levantan la voz contra Marruecos no tendrán otra salida que aceptar lo que hay. Y si no, tiempo al tiempo. España se ve obligada a intentar tener buenas relaciones con un vecino que es el puente y la frontera entre dos continentes que solo tendrán futuro si encuentran vías de desarrollo compartido. Si millones de personas pueden encontrar un futuro allá donde viven, como siempre ha pasado a lo largo de la historia.

ceuta Marroc
Joan Salvat
Joan Salvat

Periodista. Director durant 24 anys del programa de reportatges “30 Minuts” de TV de Catalunya i creador i director del programa de documentals “Sense Ficció” durant vuit anys. Coautor del llibre “Darrera la càmera”.

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