Pilar Rahola, acostumbrada a estar a menudo en el –como dijo aquella eminencia– «candelabro», ha sido esta semana una de las vedettes indiscutibles del sainete político catalán, a raíz de la publicación de unas conversaciones mantenidas con David Madí, ex brazo derecho de Artur Mas y miembro del llamado ‘sanedrín’ del proceso independentista. Las charlas telefónicas fueron grabadas por orden judicial porque Madí está siendo investigado por la Guardia Civil por tráfico de influencias.
Las palabras de Pilar Rahola que más han escandalizado han sido sus reiteradas quejas por el poco tiempo que, según ella, aparecía en dos programas de TV-3 donde ella colaboraba cuando fue pinchada por la Guardia Civil y donde aún trabaja: ‘FAQS’ y ‘Tot es mou’. Como consecuencia de este recorte de su espacio de exposición televisiva, Rahola le comenta a Madí que ya se ha quejado a Carles Puigdemont y critica Vicent Sanchís, director de TV-3, de quien hace responsable de esta mermada presencia en la televisión pública catalana.
Los diferentes partidos de la oposición parlamentaria no han tardado nada en dar su opinión, los comités profesionales y de empresa de Televisió de Catalunya también han reiterado sus reivindicaciones, mientras que la presidencia de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) le restó credibilidad al audio y recordó que eran unas “conversaciones privadas”.

Quiero fijarme precisamente en el concepto que esconden estas dos últimas palabras expresadas por Núria Llorach, que preside en funciones la importantísima CCMA desde hace más de cuatro años, por la imposibilidad de que las fuerzas parlamentarias se pongan de acuerdo en activar su relevo.
Reconocidos compañeros y amigos se preguntaban hace unos días en diferentes grupos de Whatsapp si era éticamente aceptable que un medio de comunicación publicara la filtración de una conversación que no tenía nada que ver con los supuestos delitos investigados por la Guardia Civil y que presuntamente habrían cometido David Madí, Xavier Vendrell y otros destacados estrategas del proceso independentista.
“Son conversaciones privadas”. “Imagínense por un momento que alguien filtrara cosas que escribimos por aquí [Whatsapp]”. “¿Debemos dar credibilidad a los picoletos, policía política sin complejos?”. “Rechazo lo que persiguen el nacionalismo español y sus brazos armados”. Eran algunas de las frases que leí el 5 de noviembre en el móvil, poco después de que El Periódico de Catalunya publicara las conversaciones.
Y, en un artículo en eldiario.es, el compañero Pere Rusiñol criticó también que se incluyeran “charlas privadas que no tienen nada que ver con los hechos investigados” y añadía: “La instrucción de la causa Voloh (sic) ha puesto de manifiesto de manera ya indiscutible unas prácticas policiales por desgracia más parecidas a las de la Stasi que de una policía homologable al que se espera de un Estado liberal”.
Vayamos por partes y referirnos solamente a la filtración de las llamadas entre Pilar Rahola y David Madí.
La grabación
Fue realizada por agentes de la Guardia Civil con la correspondiente autorización judicial y bajo el mando del teniente coronel Daniel Baena, conocido por su declarada animadversión hacia el movimiento independentista.
Baena fue desacreditado de una manera clara y pública por la sentencia absolutoria del mayor Josep Lluís Trapero, pero continúa al frente de la policía judicial del cuerpo armado en Catalunya. Él y sus colaboradores más cercanos son probablemente los que bautizaron la operación contra el ‘sanedrín’ o ‘estado mayor’ del proceso con el nombre de Volhov, toda una provocación filo-franquista porque es el nombre de una batalla protagonizada a la URSS por la pro-nazi División Azul española durante la Segunda Guerra Mundial.
Se desconocen los autores de La filtración a los medios de los pinchazos telefónicos, pero se puede sospechar que vengan de los mismos autores de las grabaciones o de otros elementos de las cloacas del Estado ( ‘Deep state’, le dicen en Estados Unidos), que no se esconden de querer la destrucción del movimiento independentista a toda costa.
La conversación
El diálogo entre Rahola y Madí no se puede considerar una simple conversación privada entre dos amigos que se dedican a poner a parir la sartén que cocinó en Cadaqués el primo de aquel compañero de partido o la poca vergüenza que tiene la vecina de arriba. El contenido de la conversación entre una de las periodistas más influyentes de Catalunya (esta será la única frase que gustará a Rahola de todo este artículo si lo lee, lo que dudo) y una persona que se jacta desde hace años de tener controlado más de medio Gobierno catalán y casi de poner y quitar directores generales; ahora y cuando mandaba su amigo Artur Mas.
Es erróneo circunscribir a una «conversación privada» un diálogo en el que se habla de forma nítida de presionar y casi amenazar al director general de un importante organismo público catalán como TV-3, y de hacerlo si es necesario a través Carles Puigdemont, líder de la segunda fuerza parlamentaria catalana y personalidad de máxima influencia sobre la Generalitat, a pesar de la lejanía de Waterloo.
Si hubiéramos de seguir en este caso el criterio de las «conversaciones privadas», los medios de comunicación no deberían haberse hecho eco en tiempos no muy lejanos de otros mensajes o grabaciones filtradas -por las razones espurias que se quieran- como aquel famoso «Luis, sé fuerte», de consecuencias nefastas para Mariano Rajoy; las conversaciones «privadas» de Corina Larsen con el comisario Villarejo sobre su «amigo entrañable»; el diálogo «privado» entre Jorge Fernández Díaz y el fraudulento jefe de antifraude Daniel de Alfonso; o, si queremos ir más lejos en el tiempo, aquella pinchazo al socialista Txiki Benegas despotricando de «Dios» (Felipe González) o «el enano de Tafalla» (Carlos Solchaga).
Todas ellas eran conversaciones privadas, fueron grabaciones malévolas y quizás incluso más ilegales que las que han perjudicado ahora a Rahola. Pero igualmente relevantes porque destapaban y enseñaban las vergüenzas de poderosos o aspirantes a poderosos.
La protagonista
Y acabamos con la ‘guest star’. Pilar Rahola, incombustible, incansable, inteligente, impertinente, ¿impune? Cuando habló con Puigdemont y con Madí para recordarles que ella era la principal, por no decir la única, voz de Juntos por Cataluña a TV-3, tenía exactamente 25.500 razones para protestar.
Son los euros que ha dejado de cobrar este año al disminuir sus minutos en antena en el programa ‘Tot es mou’, según publica El Triangle. El año pasado cobró 52.500 euros y este año cobrará 27.000 euros. Para hablar, como ella misma dice en las conversaciones, diez minutos cada vez. El año pasado lo hacía dos veces a la semana y ahora lo hace uno. No se sabe cuándo cobrará esta temporada por sus monólogos en ‘FAQS’, porque no le paga directamente Televisió de Catalunya. ‘FAQS’ es un formato de la productora El Terrat. Crónica Global informó en 2018 que entonces cobraba 6.000 euros por cada aparición semanal.
El dedo y la estrella
Está claro que los autores de la filtración de las grabaciones por el ‘caso Volhov’ persiguen el descrédito de los principales agentes del movimiento independentista. Sería de ingenuos no verlo. Pero cuando un dedo desconocido te señala una estrella que tú no has visto, la obligación profesional de los periodistas es comprobar y confirmar que se trata en efecto del astro que te interesa y no de la luna ni un ovni, y no quedar -se mirando si el dedo señalador está lleno de suciedad o tiene un color que no te gusta.
Como dice el periodista Ignasi Aragay, «resulta como mínimo preocupante la prepotencia con que por detrás, entre bastidores del poder, parecen mover los hilos unos personajes a los que se atribuye una posición clave en la fase final del Procés antes del colapso post 1-O». Nada sospechoso de antiseparatista, Aragay, director adjunto del diario Ara, concluye: «Si la independencia tenía que hacerse así, si la futura república catalana había de nacer con este tipo de padrinos, pues la verdad es que no hace mucha ilusión. Parecería demasiado a lo que ya hemos tenido «.
Cierto, Ignasi. España tiene Estado. Y Catalunya, no. El Estado español tiene cloacas. Y la Generalitat, también. Y si por su experiencia, magnitud y «rancio abolengo» no son comparables, los dos hedores hacen vomitar igual.
Este articulo ha sido publicado originalmente en el bloc Paios
