Casi una de cada dos personas que viven en las calles del Estado español ha sufrido, como mínimo, un incidente o ha sido objeto de un delito de odio. Los datos son de HATEnto, el Observatorio de Delitos de Odio contra Personas Sin Hogar y son fruto de una investigación elaborada en 2015 en las principales ciudades del estado.
Un 47,1% de los encuestados declara haber sufrido alguno de los ataques mencionados. De entre estos, el 81,3% los ha sufrido en más de una ocasión. La proporción de quienes se ven con ánimos de presentar una denuncia es mucho más baja: son sólo el 13,1% de quienes participan en la encuesta. En el caso de agresiones físicas el porcentaje es ligeramente más alto, del 17%.
El 42,9% de las agresiones reportadas consisten en insultos o trato vejatorio, mientras que en un 40,8% son de carácter físico. En un número inferior también se registran robos de las pertenencias (10,5%) o daños sobre estas (7%). Un 3,50% de los encuestados ha sufrido una agresión sexual.
Dos días antes del Día Europeo de los sintecho, un agente de la Guardia Urbana de Barcelona abatió con un disparo de pistola a una persona sin hogar
En cuanto a los agresores, las personas sin hogar explican que en un 40,7% de los casos las personas que los han amenazado o agredido llevaban algún elemento intimidatorio, como por ejemplo palos, piedras o botellas. El estudio de HATEnto también revela que la mayoría de las agresiones se cometen por la noche y madrugada (60%) en el lugar donde duerme la persona sin hogar.
La encuesta también dibuja un perfil claro de agresor: hombre (87%) y joven de entre 18 y 35 años (57%). Profundizando más en las características de quienes atacan a los sinhogar, un 28,4% son chicos jóvenes que iban de fiesta, el 10,1% son agresiones de los cuerpos de seguridad y policías y un 7,3% son por parte de personas de ideología nazi.
A pesar de que la mayoría de ataques se dan por la noche, la encuesta asegura que «dos de cada tres experiencias fueron presenciadas por otras personas». En estos casos, «el 68,4% de los testigos no hicieron nada». Según el observatorio HATEnto, el dato refleja «la indiferencia con la que la sociedad se enfrenta a la vulneración de los derechos de las personas sin hogar».
«Dormir y vivir en la calle tiene un componente de violencia estructural, que se ve agraviado por la violencia directa de que son objeto. Una sociedad democrática no puede permitirse abandonar más allá de los márgenes a una parte de su ciudadanía», critica HATEnto.
Por todo ello, el observatorio exige una reforma del Código Penal para que entre los delitos de odio, de agresiones o asesinato se incluya la aporofobia, la fobia a las personas pobres, como una «circunstancia agravante de la responsabilidad». «Los delitos motivados por la aporofobia tienen que ser considerados con la gravedad que merecen”, añade HATEnto.
Ellas, más vulnerables en la calle y más afectadas por la Covid
La muestra de la encuesta de HATEnto es muy reducida en mujeres, puesto que sólo representan el 18,4% de esta. Con todo, las encuestadas han sido más maltratadas que los hombres por el hecho de no tener hogar. El 60,4% de las mujeres encuestadas reportan, como mínimo, un delito de odio o incidente similar, mientras que el porcentaje disminuye al 44,1% si la muestra se circunscribe sólo a los hombres.
El ASSÍS Centro de Acogida, entidad que trabaja para mejorar el bienestar y la calidad de la vida de las personas que no tienen hogar, ha reportado un incremento del 77% en el número de mujeres atendidas en comparación con el año anterior. «Desde el inicio de la pandemia, se ha disparado el número de mujeres atendidas», en una situación que ASSÍS tilda de «aterradora». Si bien la “crisis sanitaria y económica de la Covid-19 ha acelerado los procesos de exclusión”, la situación de las mujeres que no tienen un hogar, «ya era de vulnerabilidad antes, a pesar de que su situación no era tan evidente», explican fuentes de ASSÍS.
El centro de acogida ha centrado sus esfuerzos a acoger mujeres en situación de sinhogarismo con el programa Mujeres con Hogar. Elena Sala, su responsable, valora con preocupación el aumento de casos que atienen: «El goteo de llamadas de personas anónimas, profesionales y vecindario que busca asesoramiento para mujeres, muchas de ellas con niños a cargo, que se han quedado en la calle o que están a punto de hacerlo es realmente alarmante”.
Aprovechando el marco de las celebraciones del Día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres, ASÍS aprovecha la publicación de los preocupantes datos de aumento de consultas y atenciones para visibilizar «los diferentes tipos de violencia que sufren» las mujeres sin hogar. «Hay mucha violencia escondida», explica Sala, quien argumenta que «en la calle están más expuestas a sufrir situaciones violentas«.
El número de mujeres sin hogar que ha pedido atención ha incrementado en un 77% a causa de la pandemia
«Viven en un estado permanente de miedo e inseguridad, generalmente les acompañan sentimientos de vergüenza, culpa y desconfianza que hacen que no sólo estén invisibilizadas, sino que muchas veces ellas mismas quieran ser invisibles», explican fuentes de la entidad.
Un sinhogar, herido por la Guardia Urbana de Barcelona
El sábado, dos días antes del Día Europeo de los sintecho y una semana antes de su día internacional, un agente de la policía local barcelonesa abatió con un tiro de pistola a una persona sin hogar en el paseo de Sant Joan. Según la versión policial, «la persona mostraba una actitud muy agresiva y amenazaba a los agentes con una navaja de grandes dimensiones», razón por la cual «uno de los agentes ha tenido que hacer uso del arma de fuego».
El suceso, pero, ha indignado una parte de la población que ve de forma muy diferente los hechos. Gracias a algunos peatones que grabaron la acción, se han esparcido videos por las redes sociales que demuestran que la voluntad violenta de la persona sin hogar no era tal, como mínimo en el momento en que recibe el disparo. De hecho, un análisis de la Directa demuestra que el hombre sin hogar llevaba un brazo inmovilizado por un cabestrillo y en el otro llevaba una bolsa de plástico. Además, la medida del cuchillo que llevaba el hombre sin hogar era de medida similar a los de uso común en las cocinas.
El IRIDIA Centro para la Defensa de los Derechos Humanos tilda la actuación del agente policial como «muy preocupante» porque recuerdan que el uso de armas de fuego «siempre tiene que ser el último recurso y hay indicios de desproporcionalidad». El Observatorio HATEnto, por su parte, recuerda que las personas en situación de sinhogarismo «no sólo ven vulnerado su derecho a la vivienda, sino también otros como el de la misma seguridad, la integridad física y moral» e insta a reflexionar «si la percepción de peligro por parte de los agentes habría sido similar» si la situación no se hubiera dado con una persona que vive en la vía pública.
Arrels Fundació, entidad que acompaña y orienta las personas sin hogar que viven en Barcelona, conocía al hombre herido y se encuentra «consternada» por el caso. Recuerda que la violencia física y verbal contra las personas sin hogar en Barcelona «ha aumentado» y alertan de que «son situaciones que afectan a la salud física y emocional» de estas mujeres y hombres. «Tres personas fueron asesinadas durante el confinamiento», recuerda Arrels Fundació.
Ferran Busquets, director de la organización, aseguró el jueves que Marjan, el nombre del hombre sin techo abatido por la Guardia Urbana de Barcelona, está «estable y con buena evolución». Con todo, la última información facilitada por la Conselleria d’Interior es que se encuentra a la UCI por una herida en el abdomen originada por el disparo de pistola. El Síndic de Greuges ha abierto una investigación, así como los Mossos d’Esquadra, que han recogido pruebas e información para facilitarla a los poderes judiciales.

