Para los que hemos paseado -es un decir- por los pasillos del Parlamento Europeo, la serie Parliament produce una mezcla de nostalgia y de desencanto. La producción tripartita Francia-Bélgica-Alemania nos presenta la vida de un asistente parlamentario francés en la Eurocámara. Lejos de la idea general que se tiene de las instituciones europeas, la serie retrata fielmente la cara menos amable de ese entorno: negociaciones, chantajes, lobistas, vidas a distancia o Brexit. Obviamente, no podía faltar la eterna escaramuza nacional y lingüística entre los diputados del Estado español, que a ojos de algunos europeos no deja de ser una especie de hilo musical que recupera intensidad cada cierto tiempo. La comedia está ya disponible en la plataforma Filmin.
Sobre la Unión Europea y sus instituciones la mejor descripción posible la ofrecía el título de un capítulo de la serie danesa Borgen: En Bruselas nadie te oye gritar. Y es que estamos acostumbrados a titulares simplistas presididos por el nombre de la capital belga. Bruselas decide, Bruselas impone, Bruselas pendiente del acuerdo… La complejidad del sistema político de la Unión Europea y su interrelación con los diferentes sistemas estatales acostumbra a quedar en segundo plano. Lo que sí aparece en los medios es el reparto de los recursos comunitarios y las grandes cumbres que obligan a los periodistas a pasar la noche delante de una pantalla. La aprobación de Directivas y Reglamentos es lo antisexy, en términos de actualidad.
El impulso del Fondo para la Recuperación Europeo (también conocido como Next Generation EU) parecía volver a poner a las instituciones europeas en el meollo de la cuestión. La rápida reacción de la Comisión Europea, comprendiendo la dimensión de la crisis del coronavirus, fue un ejercicio de instinto político al que Bruselas no nos tenía acostumbrados en los últimos lustros. Pero tenía que pasar y pasó. El bloqueo al reparto de los fondos por parte de Hungría, Polonia y Eslovenia deja claro que la división en el continente va mucho más allá de la anécdota del Brexit. Incluso en un contexto de pandemia, la alambicada gobernanza europea encuentra enemigos íntimos en su mismo seno.
Next Generation EU. Un nombre ciertamente ambicioso, tratándose de un continente en decadencia política, dividido y que con toda probabilidad quedará relegado en el marco geopolítico ante la pujanza de otras regiones del mundo. Esta historia de bloqueos y de complejidad multinivel me lleva a pensar en nuestro propio panorama estatal. Por un lado, tenemos una Unión Europea incapaz de disponer rápidamente del fondo para la recuperación. Por el otro, la imposibilidad de generar un método racional de repartición y gestión de estos entre Estado y Comunidades Autónomas. Al ciudadano de a pie debe parecerle absurdo que los fondos de recuperación tengan que viajar de Bruselas a Madrid para acabar en las arcas de la conselleria de turno, encargada de pagar el salario a la enfermera del centro de salud. Lo cierto es que no hay fórmulas mágicas para simplificar la burocracia y el buen gobierno subestatal y supraestatal. En cualquier caso, ayudaría mucho que se abandone la improvisación y se apueste por proyectos políticos compartidos. En todos los frentes.
Next Generation EU. Ese sugerente nombre hace que no pueda evitar pensar en la generación Z y en vídeos de TikTok en bucle. Una vez invité a mi clase de sistema político español a un buen amigo, asistente en el Parlamento Europeo, para explicar las claves de la Unión Europea. Su sorpresa fue mayúscula al ver que la mayoría no recordaban la crisis del euro, ni a Tsipras ni tampoco a Varoufakis. ¡Tenían apenas 10 años! Además, al ser preguntados sobre su europeísmo, la mayor parte de asistentes afirmó que tal vez no era una buena idea buscar una mayor integración política. Mi amigo y yo mismo nos dimos cuenta de que su reacción era relevante.
La siguiente generación de europeos se hará adulta a caballo de una crisis sanitaria que pronto será plenamente económica. Todas las instituciones deben trabajar para ese escenario pospandemia; colaborando y demostrando su utilidad. Vale la pena que se profundice la integración europea en materia de salud pública o que se refuerce la inversión estatal y autonómica en sanidad. Todos nos jugamos mucho.

