La editorial Periscopi en catalán y la editorial Lumen en castellano han publicado el libro El instante antes del impacto de la autora Glòria de Castro. La escritora trabajó durante veinticinco años de redactora publicitaria en una multinacional hasta que, sobrecargada y con contradicciones atravesándole la cotidianidad, decidió dejarlo todo atrás. En parte, como ella, la protagonista del libro trabaja en el departamento de comunicación de una compañía telefónica donde comienzan los despidos mientras vive en primera persona, después de dos permisos de maternidad y una reducción de jornada, como sus jefes la someten a un plan de acoso laboral.
Un trabajo difícil de sostener, una casa que hay que mantener y unos hijos a los que subir… La novela narra en forma de diario cómo las mujeres se enfrentan a la conciliación y al vacío a partes iguales y como las políticas y la sociedad de consumo nos conducen a una dirección que no tiene en cuenta la vida.
El instante antes del impacto, la primera novela de de Castro, quedó finalista del Premio Clarín de Novela, del Premio Pollença de Narrativa y del Premio BBVA Sant Joan de literatura catalana 2020.
Las cifras de parcialidad, de temporalidad, los tipos de contrato… Se analizan constantemente, pero es interesante ver cómo atraviesan la cotidianidad.
Creo que hay muy pocas cosas escritas sobre temas laborales, de la mujer en el mundo laboral. Sí de ensayo, pero de ficción no hay demasiado escrito y dije que con todo lo que está pasando…
Más allá de centrarte en un eje, escribes un dietario en el que explicas qué pasa cada día de tu vida durante un año. A parte de lo que ocurre en el trabajo, la novela, como dice una frase que la describe en la sinopsis, es una “radiografía ácida sobre las políticas de conciliación y la sociedad de consumo”. Has estructurado la novela con títulos de “todo lo que nos vendéis, pero que no queremos”. ¿Cómo tuviste esta idea?
Una de las principales normas que te dicen en publicidad es que ningún titular puede empezar con la palabra no ni pueden ser negativos. Quería ir totalmente a la contra. Era un plan de venganza contra este mundo y dije: ‘haré todos los titulares con un no’. El decálogo es una contraproposición al mundo de la publicidad que dice compra esto, compra lo otro. Y dije que no, no compres revistas de decoración de casas que nunca podrás tener, no vayas a la peluquería, no compres cereales que te venden como si fueran más sanos y traen más azúcar… Un decálogo atacando ese mundo falso.
Trabajabas en una empresa de publicidad y lo dejaste. Entiendo que el libro, aunque haya parte de autobiografía, va más allá. Aún así, también muestras que para poder sobrevivir hay que coger siempre más trabajos y que nunca podremos dedicarnos completamente a una sola cosa.
Esto parte de una situación real. Me hacían mobbing en mi empresa, no tan extremo como el de la protagonista, pero me pasaban muy pocos trabajos, los hacía muy rápido y disponía de seis horas por la mañana donde no tenía nada que hacer. Me dije: aprovechemos el tiempo, y me puse a escribir. Todo iba muy vinculado porque esta novela no hubiera salido si yo no hubiera dispuesto de 6 horas cada mañana durante un año para escribir.
Si igualmente tenías que estar delante de la pantalla, pero sin hacer nada…
La protagonista cogió una voz mucho más radical de la que tengo yo. A través de ella podía soltar un montón de mala leche que yo en esa situación veía que no podía sacar porque tenía que aguantar. Debemos aguantar los trabajos porque tenemos unos hijos, y un alquiler y un sistema de vida que debemos mantener y no podemos echar todo a rodar de un día para otro. Vas fingiendo buena cara y aguantando. Pero yo tenía ganas de salir a quemar cosas y por eso me inventé una protagonista que tuviera una situación similar, pero que pudiera soltar esas ganas de explotar las cosas.
Tenemos que aguantar los trabajos porque tenemos unos hijos, y un alquiler y un sistema de vida que debemos mantener y no podemos echar todo a rodar de un día para otro
La forma de escribir muestra que no podemos ser antisistema por el modelo de producción donde nos encajan, pero tú eliges recuperar el carácter reivindicativo que mucha gente tiene, pero esconde.
La protagonista se plantea que hay gente que lo deja todo y se va a vivir al campo. Pero claro, ¿de qué vive esa gente? Pues quizás la casa del campo es de la familia y la han heredado o tienen recursos familiares y no necesitan trabajar. La vida real es así, es lo que existe. Yo quiero rebelarme, pero no puedo dejar el trabajo de un día para otro… Aprovecho pues para soltar todo aquello que siento que también es algo contradictorio: quiere que la vida esta se acabe, pero tiene que mantener el trabajo porque es la única que hace entrar dinero en casa y sostener esa contradicción es lo que le hace estar muy frustrada.
Claro, aquí hay dos preguntas. ¿De qué vive esta gente, pero también de qué sirve que se aíslen de la sociedad si todo sigue igual?
Todo sigue igual porque sigues viviendo dentro de este sistema.

La novela habla también de esa incapacidad de decidir por nosotras mismas por cómo nos pisa la vida. Ella se divide la jornada, pero viendo casos reales de la sociedad, muchas mujeres la aumentan y realizan dobles y triples jornadas para sobrevivir. Lo que se entiende también como feminización de la pobreza. ¿Qué se debe hacer con esto? ¿Qué políticas deberían aplicarse?
Yo durante un tiempo trabajé en Suecia. Fui a Estocolmo durante un período no muy largo y allí vi que a las 16 h, en la agencia de publicidad donde estaba, todos dejaban el boli y se iban estuviera como estuviera el trabajo. Todos. Desde el jefe, el conserje o la chica de recepción. Se iban a casa porque los niños salían de la escuela. Claro, aquí no ocurre eso. Si los jefes están en el trabajo hasta las 22 h, tú también tienes que hacerlo. Y si te pides una reducción de jornada, aunque tampoco estás reduciendo la producción, sino que la estás concentrando, y mientras los demás miran a Facebook o se van a merendar, tú estás trabajando. Esto no se valora, sin embargo. Se valora que estés el máximo de horas posibles en tu puesto de trabajo. La única manera de regular esto es que las empresas pusieran unos horarios y se penalizara el estar más horas trabajando.
Y más con la pandemia de por medio que muchas empresas lo habrán dejado de hacer, con teletrabajo… Sorprende el tema de las 8 horas, una reivindicación de hace 100 años en la que estamos atascadas. Hay debates de bajarlo a 30 horas con su correspondiente salario mínimo, pero la frase es que no se puede repartir todo el trabajo que existe ni toda la riqueza… Los porcentajes de paro piden lo contrario.
También veo, como comenta la protagonista, que en el momento en que una es madre hay como un freno que no te deja escalar a más puestos de trabajo. Tus ambiciones quedan frenadas allá. En pocos casos una mujer puede progresar a menos que tenga una red que pueda criar a sus hijos y ella dedicar muchas horas al trabajo. Los hombres sí pueden realizarse. Esto también bebe de muchos casos que he visto a mi alrededor a lo largo de mi vida profesional. Muchas mujeres cuando han pedido jornada reducida se les ha hecho mobbing. No hablo sólo de mi caso.
En pocos casos una mujer puede progresar a menos que tenga una red que pueda criar a sus hijos y ella dedicar muchas horas al trabajo
También ocurre que no se reconoce que se vivan estas situaciones. Ella tiene una no conversación con su padre que le empuja a estudiar más, a cambiar, como si la responsabilidad fuera individual.
Nuestros padres estudiaban un montón y podían aspirar a un mejor trabajo y pagarse una casa a la que llegar y no estar pendientes del trabajo porque tampoco existían las redes sociales que te obligan a estar 24 horas pendientes. A ellos les parece muy imposible que tú habiendo realizado una carrera, un máster, aprendiendo 5 idiomas y haciendo cursos de mil cosas diferentes, no tengas un súper trabajo y un súper cargo. No pueden creérselo. Vas a la Fnac y todos los dependientes son licenciados en filología.
También está la otra cara de la moneda, ir a pedir trabajo y que te digan que no por estar sobrecalificada.
Totalmente.
Las mujeres, con datos de 2021, representan el 55,03% del total del paro, pero todavía hay muchas más en ERTE que quizás pasarán a engrosar estas cifras. ¿Cómo esto se gestiona con el día a día de la vida, con la doble esfera de cargas?
Algo que creo que ha pasado sobre todo durante la pandemia es que, de acuerdo, los niños estaban en casa, se tenía que teletrabajar, pero quizás sólo había un ordenador en casa. ¿Cómo lo haces? Como teletrabajas, ellos siguen la escuela, haces las tareas del hogar y además les das almorzar, segundo desayuno, almuerzo, merienda y cena? ¿Qué ayuda se les ha dado a las mujeres? Y muchas, ¿qué han hecho? Han tenido que renunciar a su trabajo para poder llegar a todo. Y no se considera esto como una pérdida laboral, sino como una decisión que ha tomado la mujer. No la ha tomado, se ha visto obligada porque no tiene la red. Con las jornadas reducidas ocurre lo mismo. Se las coge la mujer porque es el sueldo más bajo de la casa, es una cuestión económica decidir quién.
Las jornadas reducidas se las toma la mujer porque es el sueldo más bajo de la casa, es una cuestión económica decidir quién lo hace
Un informe sobre brecha salarial en Catalunya la cifra en un 26% según datos del INE. Anualmente esto equivale a 5252 euros anuales menos que no ingresan las mujeres. Comentan que está muy relacionado con la parcialidad, pero si llegaran a tener las mismas jornadas laborales y trabajar las mismas horas, la brecha estaría en un 12%. Es decir, la parcialidad afecta, pero no únicamente.
Sí. Existen muchas características laborales de la mujer que no se están valorando. Si hubiera más jefes o dirigentes femeninas… que también hay mujeres, pero dirigen de una manera muy patriarcal, pero si hubiera ese cuidado… Iolanda Batallé habla de ello en su libro: cómo dirigir equipos desde el punto de vista femenino, de cuidar a la gente y valorarla por igual. Yo creo que todas las empresas irían mucho mejor si valoraran todo lo que cada uno puede aportar.
Si no se habla se parte, desde mi punto de vista, de un error que es aspirar a tener liderazgos femeninos cuando un liderazgo femenino por si no tiene porque ser bueno y debería aspirarse a feministizar estos sitios de poder.
No hay referentes. ¿Tú quieres ser una líder femenina y cuáles son los referentes? Hay muy pocos… Tienes a Merkel. ¿Y cuando ves la foto de la Fontana di Trevi del G20 que dice ‘dirigentes mundiales’ cuántas mujeres hay? Las chicas no tienen referentes que les hagan decir ‘ostras, lo bien que lo hace esta directora, o dirigente o presidenta’, porque no hay estos referentes.
También existe la presión de llegar a ser alguien, cuando podrías tener un trabajo normal y corriente asalariadamente y después ser productivo en otros ámbitos de la vida que no sea el laboral.
Ella también habla de todas esas tonterías que nos han puesto en la cabeza de Operación Triunfo donde sólo cuenta ser famoso, ser influencers y tener miles de views en tu instagram. ¿Qué hay después de esto? Mucho vacío. Quizás puedes ser feliz en un trabajo no tan cualificado que permita tener más horas para ti.
Pero como decías antes con las reducciones, el 25% de mujeres ocupadas lo hacen con contratos parciales frente al 7% de los hombres y no creo que sea por tener más tiempo para ellas.
Hasta que la mitad de los hombres no se pidan jornada reducida, no hay nada que hacer. Tú te reduces la jornada y te reduces el sueldo, la empresa no te está regalando nada… Como somos así, además, nos decimos: ‘pues lo mismo que hace la gente en 10 horas, yo lo haré en 6’. Y comes delante del ordenador con tu fiambrera y ni meriendas. Pero no se valora.
Todo se rebota a la responsabilidad individual. Alargar los horarios porque los jefes no se marchan y te sientes obligada… Más datos, el 50% de las horas extras de las mujeres no se pagan.
Vuelve a ser lo mismo.
Y todo esto al final es un fraude de ley: que te obliguen, no las paguen, no queden registradas…
Los registros horarios es tan fácil que no muestren la verdad…
Si no hay un grupo de trabajadores o una sección sindical que responda… Todo esto en muchas empresas pequeñas no ocurre o cuesta regularlo en multinacionales.
Es muy distinto. El mundo de las multinacionales es un mundo muy bestia, duro, en el que no hay humanidad, como podría haber en una empresa más pequeña. Hay unos jefes, que habla la novela, que siempre son invisibles, están en el piso de arriba, nunca se mezclan con los trabajadores y toman las decisiones sin discutirlas. Toman estas decisiones porque vienen de otros jefes que tienen su sede en Chicago y nunca has visto en tu vida… Se mueven sólo por los beneficios económicos. Al final eres un número, cuánto dinero generas o dejas de generar.
En el libro les escribes todo el rato bajo el nombre ELLOS y en mayúsculas.
Para mí es como una figura, una metáfora de cómo funciona el mundo. No quería que fueran personajes en concreto sino que cada persona que esté en una multinacional, en un trabajo, pueda identificar a estos ELLOS. Siempre están ahí. La novela los pone en mayúscula porque no son exactamente los jefes, sino que es algo que tenemos encima que es el propio sistema.
Aparte de la brecha, las diferencias y los horarios, el 25,7% de las mujeres en 2019 percibía el salario por debajo del Salario Mínimo Interprofesional. Muchas terminan sumando diferentes jornadas para sostener la vida…
Imagina escribir también dentro de todo esto, que debes sacar el tiempo de donde no está… Me hace mucha gracia que muchos escritores tienen su mesa y sus horas para escribir, pero leía a Carlota Gurb en una entrevista que decía, como yo, “es que escribo en la mesa de la cocina, mientras los niños están corriendo y gritando a mi alrededor”. Yo escribí la novela así. En mi casa, pequeña, hay una mesa grande en la cocina-comedor que es donde hacen los deberes los niños, que es donde está el piano, que es donde tienen el lego allí en el rincón para que jueguen… Las casas son así. Tienes un espacio y los dormitorios básicamente. No tienes tu estudio en el que te cierras y te aíslas del mundo. Y muchas mujeres creadoras que la historia las ha dejado de lado han trabajado así. Hay muchas mujeres pintoras, habla también la novela de cuantas mujeres hay expuestas en el museo del Prado, que…
Cuatro decías, ¿no?
¡Sí, cuatro! Está documentado. Estas mujeres existían y había mujeres pintoras, y mujeres creadoras que quizás, porque nunca habían ido a la escuela, en vez de pintar bordaban, unos bordados impresionantes, pero lo hacían en la cocina. Y lo haces en la cocina porque mientras escribes vigilas a los niños y vigilas la cena. Y de eso los escritores no hablan porque no escriben en la cocina, escriben en su estudio. Por eso yo creo que la literatura de las mujeres tiene un componente de verdad, de visceral porque escriben mientras la vida está pasando a su alrededor.
Muchas mujeres que trabajan fuera de horas también deben trabajar en la cocina mientras cuidan de todo esto que ocurre alrededor que es la vida. Esto les da a las mujeres una terrenalidad de la que muchos hombres carecen. Por eso ellos toman decisiones que no tienen ningún tipo de conexión con la vida. Como eso que dicen ahora que avanzarán el inicio de las escuelas con un horario en el que los niños acabarán a la 13 h. ¿Quién se hace cargo? Muchas leyes las toman encerradas en sus despachos sin contacto con la realidad y la vida. Las mujeres sí lo tenemos, porque trabajamos mientras la vida está alrededor y hierve la cena, y los niños se echan legos y tienes que levantarte 40 veces mientras contestas e-mails.
La literatura de las mujeres tiene un componente de verdad, de visceral porque escriben mientras la vida está pasando a su alrededor
Hace unos meses entrevisté a Rafaela Pimentel, una trabajadora del hogar que hizo el prólogo en la edición al castellano de ‘La asistenta’ de Stephanie Land. Ella decía que le había costado escribir el prólogo, pero que lo había hecho porque explica cosas que le pasan en el trabajo que justamente es ir a “casas de hombres muy reconocidos que lo han conseguido porque alguien les pone la taza de café al lado mientras trabajan…” Con esto quiero decir, que ya no es sólo trabajar rodeada de la vida mientras pasa, sino que a ellos se les sostiene la vida. No deben ni parar para ir a la cocina.
Yo recuerdo un escritor catalán que era profesor de instituto y decía en una entrevista: ‘yo me propuse ser escritor y le pedí a mi mujer que cada fin de semana se llevara a los niños a casa a los abuelos para poder trabajar’. Y digo, ¿qué conexión con la realidad es esto? A una mujer escritora nunca se le ocurriría echar de casa todos los fines de semana a su familia…
Yo aprovechaba cuando jugaba el Atlético de Madrid, que a mis hijos les encanta. Disponía de 1.45 horas para hacer las cosas que realmente eran más urgentes o de lectura más concentrada. Eso sí, con la Champions de fondo.
En cuanto a la conciliación, muchas veces se acepta en algunas empresas por el tipo de estructura permitida, que concilies con hijos, pero no si la necesitas con otro.
Claro, hay mucha gente que tiene gente mayor en casa. Este país o cualquier sistema se sostiene porque las mujeres están cuidando y se están encargando de los cuidados de forma gratuita y dando tiempo de sí mismas. Si las mujeres se negaran a hacer esto, realmente el mundo se hundiría.
Pararían de rodar los engranajes… Existe el tema de los permisos de maternidad/paternidad que ahora les han igualado y están diciendo de alargarlos hasta los seis meses a finales del 2022. ¿Cómo este tipo de permiso garantiza después una reincorporación real en las trabajos?
Yo me pedí una excedencia de un año para cuidar a mi hijo porque seis meses no soluciona nada. ¿Dónde dejas a un bebé de seis meses? Y no está tanto conciliar con los hijos el tema, sino conciliar con la vida. Dicen: ‘los mercados están en crisis y los supermercados tendrán que abrir los domingos’. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué la gente no acude entre semana? A mí me encanta cocinar, mi marido es cocinero y lo de cocinar lo hacemos también para cuidar y por la felicidad tuya y de los que te rodean. Es como un homenaje. Un homenaje que no ocurre porque las empresas cierran a las 22 horas. Sólo tienes tiempo de ir al súper, coger comida precocinada y ponerla en el microondas. Por eso debería conciliarse con la vida también y no sólo para cuidar a niños o gente dependiente.
Comida preparada o dedicar toda la tarde a hacer tuppers para la semana y hacer desaparecer el espacio de socialización de estos momentos.
Claro.
La protagonista no es plenamente feliz con su maternidad, ni en cómo ésta afecta a su vida y la relación con su compañero. Entre el tono, lo que afirman los títulos del ‘no’, no sé si querías reflejarlo, pero se lee una crítica a las nuevas maternidades que venden que tienen que ser perfectas y que como mujer debemos dejar de trabajar para hacerlo bien, que abandonarlos en una guardería no está bien.
La protagonista no quiere identificarse en ‘seré este tipo de madre’. No encuentra ningún sitio e intenta buscar madres con las que identificarse, pero ve que tampoco encaja en este mundo. No quiere dejar a sus hijos 10.000 horas en la guardería, pero tampoco quiere ser la madre que es bloggera y siempre está impecable y tiene tiempo para hacer crema de aguacate casera, llevar a sus hijos siempre impecables y llevarlos a la escuela más chula… Se nos está vendiendo esa imagen que es más de lo mismo. ¡Y ostras! Además del trabajo y encargarme encima de los cuidados, ¿ahora tengo que ponerme a hacer crema de aguacate casero porque si no soy una mala madre? Es como… pff.
Además del trabajo y encargarme de los cuidados, ahora tengo que ponerme a hacer crema de abogado casero porque si no soy una mala madre?
Como critica, es tener una vida de postal respondiendo a las necesidades del capital. Porque, ¡ey!, aguacates bio, pero vienen de no sé dónde.
Sí. Todo es muy contradictorio. Dices: ‘vale, no compraremos comida precocinada, pero compraremos coco y lo haremos todo con aceite y mantequilla de coco porque es más ecológico. No. Tienen que traerlo de no sé dónde, no es más ecológico cuando gastan un montón de CO₂… Es ese tipo de imagen falsa que nos están vendiendo y que consiguen que las mujeres siempre tengamos como un ideal al que no podremos llegar. Les interesa porque mientras no lleguemos, iremos consumiendo productos e intentando adaptar nuestra imagen a lo que nos están vendiendo.
Aquí tiene parte de responsabilidad la inmediatez, las redes sociales y la imagen que nos muestran.
De trabajar mucho tiempo para industrias de telecomunicación, tengo claro que lo que quieren es que estés el máximo tiempo posible conectado porque mientras estés conectado estarás comprando o bien productos físicos o ideas preconcebidas o mensajes. Lo que sea, pero te están vendiendo todo el rato. Les interesa que estés conectado a instagram y a mil cosas diferentes y en todas partes, en el trabajo o en las redes. El único interés es que estés conectado.
Aunque se escondan, las compañías tienen intereses políticos.
Sí. Y venden tus datos…
Sin embargo, ¿podemos ser felices las mujeres ante este modelo actual realmente?
La protagonista al principio cuando habla del ahora, habla de un sitio que ha encontrado que dice que no importa a nadie. No dice abiertamente que es feliz, pero sí dice estar flotando. La novela habla de una caída, de lo ideal de cuando era adolescente o tenía 20 años hasta ahora que realmente es un descenso de todas las expectativas. En vez de meterse el golpe al llegar al suelo, ella se ha quedado flotando en un limbo. Quizás no es ese sueño que tenía, pero tampoco es ese vacío oscuro hacia donde iba su vida. Se trata de encontrar ese limbo donde quizás no has cumplido sueños o expectativas, pero que tampoco seas una mujer sometida a mobbing o unas políticas laborales que no te permitan conciliar y hacen que tu vida sea un desastre logístico.
Utilizas para abrir el libro una cita de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll que dice: ‘O bien el pozo era muy hondo o ella caía muy despacio, porque, mientras caía, tuvo mucho tiempo para mirar a su alrededor y para preguntarse qué pasaría después‘. ¿Podemos encontrar el sitio que acabe con la incertidumbre de qué va a pasar?
Representa que sí. La protagonista ha encontrado este sitio que si vas leyendo la novela ves que no es su ideal ni el lugar que soñaba, pero es un lugar donde más o menos puede sobrevivir y sostenerse a sí misma. Sí que está este sitio y también depende mucho de los vínculos, de volver a esos vínculos con el entorno, las personas… vínculos más emocionales.
Esto desde Periscopi han intentado reflejarlo con la imagen gráfica y creo que han salido adelante al ilustrarlo… cae, pero hay un sol.
Sí. Hay una luz, un cielo y está cayendo, pero al mismo tiempo está flotando.
Intentaste presentarla a otras editoriales, no te la acabaron de comprar… Si quieres explicarme el proceso.
Yo la escribí y reescribí en varias ocasiones y en catalán y castellano para tener más oportunidades. La presenté a concursos y en muchos quedó finalista, pero así no te la publican. La envié también a editoriales, pero las editoriales tienen aludes y aludes de manuscritos y yo ni tengo ningún contacto en el mundo editorial, ni conozco a nadie… Es muy difícil llegar a publicar y, por otra parte, se publican muchísimos libros que no sé cuántos de ellos tienen calidad literaria, realmente. Me presenté en el Premio Pollença y Manuel Baixauli leyó el manuscrito y me llamó y me dijo “es que me encanta esta mala leche, eso debe salir”. Lo llevó a Periscopi y en Periscopi también les gustó mucho.

Es una mala leche que es muy normal porque es muy cotidiana y la integramos como mujeres.
Además, se me han acercado muchas mujeres de mi entorno que la han leído y nada tienen que ver con el mundo de las multinacionales que me han dicho que no saben lo que han hecho con su vida, que han hecho de ‘aquella persona con sueños ni de todos los años que han pasado ahora que ya tienen 47. Se preguntan ‘y ya está, ¿mi vida será esto?’ Quería que esta novela generase preguntas sobre todas las mujeres.
Ellas dicen que he hecho con mi vida, pero en gente más joven puede ocurrir lo mismo. Acaban de estudiar y trabajan muy precariamente. En el ámbito del propio periodismo. Quién no está bien colocado se pregunta ‘¿qué quiero hacer? Porque no puedo sostener esta vida 40 años más’. ¿Cómo regulas la vida futura siempre siendo consciente de la realidad? ¿Cambias hábitos?
Si consumes menos, necesitas ganar menos, pero también es verdad que el sistema se sostiene porque hay muchas personas trabajando a un sueldo muy bajo o porque, sobre todo en el mundo de la cultura, se hacen muchas cosas gratuitas. Yo siempre he dibujado, de pequeña quería ser dibujante. Mucha gente me ha pedido que por qué no le hacía unas ilustraciones. Que no hay dinero, pero… O a mi hermana, que es actriz, le ofrecen actuar sin dinero de por medio. Eh, pero ¿el informático que programa la app para que yo ponga mis dibujos cobrará? ¡Sí claro, el informático debe cobrar! Se sorprenden, mientras son ellos quienes deciden que la parte de cultura no se paga ni se valora, porque de todas formas ‘lo harás bien’.
Pero no es palpable.
Claro. Es un error que nadie se plantee que un informático pueda hacerlo gratuitamente, pero alguien que se dedica a la cultura sí simplemente porque cómo es un trabajo placentero. No, el trabajo placentero también debe pagarse.
¿Tienes ideas de seguir escribiendo, ya que te has introducido en este mundo?
Yo ahora mismo estoy muy feliz con mi trabajo que es un trabajo poco calificado por mis estudios, pero estoy muy feliz atendiendo al teléfono. Estoy en una fundación de educación holística. Me siento muy realizada y feliz. No he logrado mis máximas aspiraciones y mis padres me dicen ‘con los estudios que tienes y los idiomas que hablas’, pero al final tienes que estar a gusto en tu puesto de trabajo. Por el momento no me planteo dejarlo todo y ponerme a escribir. Tampoco debe saturarse el mundo editorial con novelas cada año. Me planteo seguir escribiendo, pero no como una dedicación al 100%, sino como parte. También porque he dejado algo abandonados a mis hijos con la escritura de este libro.
Aunque intentes combinar todo sigue.
Y que ha sido muy duro. Mucho trabajo combinar el trabajo con la crianza con cuidado del hogar, mi marido tiene un restaurante, por tanto, no está nunca en casa y además tener que editar dos libros a la vez catalán/castellano…
Son cosas que te han pasado y las has llevado a otro extremo. Esto emocionalmente sacarlo o vaciarlo también debe sumar.
También me lo he pasado muy divertido escribiendo. Me apetecía, de acuerdo que el trasfondo es muy crudo y muy duro, pero quería que fuera un libro humorístico. Quería que imperara el humor aunque fuera muy sarcástico y muy negro. Quería pasarlo bien y lo he pasado muy bien.


