«El retorno: la vida después del ISIS» ha recibido el premio Gaudí a la mejor película documental. No es el primer Gaudí que gana su directora, Alba Sotorra. Ganó otro en 2015 por “Game Over”. Licenciada en Comunicación audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, lleva unos quince años dirigiendo largometrajes documentales. En el portal de Internet de su productora, Sotorra define sus trabajos como “genuinos, arriesgados y atractivos” y explica que proponen “nuevas formas de vivir y entender la compleja realidad que nos rodea” con “un punto de vista comprometido y consciente de género para representar a personajes alternativos a los roles y estereotipos de género habituales”. Ha pasado largas temporadas en Qatar, Irán, Turquía y Siria. En el campo de internamiento de Al-Roj, en Baghuz (Siria) grabó durante dos años el documental que ha obtenido el premio Gaudí y que fue nominado a los Goya.
Un grupo de mujeres que acudieron a Siria atraídas por la propaganda de Estado Islámico (ISIS) y que viven en un centro de internamiento de Baghuz protagonizan “El retorno: la vida después del ISIS”. ¿Por qué decidió dedicarles un largometraje documental?
Muchas veces una película nace de la anterior. En este caso, el motor de la película está directamente relacionado con lo que viví durante el rodaje de “Comandante Arian”, que fue quizá de todas las películas la que más me ha marcado emocionalmente. La protagonista de “Comandante Arian” es una mujer kurda que lucha contra Estado Islámico. Estuve integrada en un batallón de mujeres, vestida con uniforme militar y en el frente de guerra. Viví unos meses allí. Fue un proceso largo, un proceso de tres años de hacer la película y de varios meses en el frente de guerra. Viví en primera persona la guerra, con todo lo que supone, con la violencia, el dolor, la sensación de frustración, de injusticia que sientes cuando ves que gente muere sin saber porqué y en nombre de quién. Yo estaba con las kurdas, en el bando bueno, dijéramos. Buenas y malos, en ese caso. Eran mujeres que luchaban sobre todo para proteger su derecho a existir y en nombre de la revolución en el norte de Siria, en Rojava. Era una lucha defensiva. Otros entraban en su territorio y ellas se defendían. No era una guerra al uso, en la que un estado se enfrenta a otro y donde hay una distancia muy grande entre los bandos. La guerra de hoy se hace a través de la tecnología, con aviones, tanques enormes que disparan desde muy lejos. No son guerras cuerpo a cuerpo. Ésta sí que era una guerra que se hacía cuerpo a cuerpo. No la hacían dos estados. La hacían dos fuerzas que la hacían por motivos ideológicos muy fuertes. En el caso de las mujeres era su libertad y en el caso de ellos era para la imposición de la sharia y la expansión de un califato musulmán, lo que se contradecía radicalmente con lo que aquellas mujeres querían para ellas. Me resultaba muy fácil posicionarme. Que haya personas que puedan estar de acuerdo con lo que defiende Estado Islámico me cuesta de entender pero cuando pensaba en mujeres que habían crecido en Occidente me costaba mucho más entender cómo podían unirse a ese grupo. Estado Islámico tiene justamente a la mujer en una posición jugando un rol básicamente reproductivo.

Así empieza a gestarse «El retorno: la vida después del ISIS»…
Empecé a preguntarme en 2015, cuando estaba rodando el otro documental, qué aspiraciones tenían estas mujeres, qué imaginaban que se encontrarían… Cuando Raqa fue liberada, hubo un flujo grande de mujeres, niños y niñas que habían sido con Estado Islámico hacia los campos de detención, pero cuando acabó la guerra en Baghuz, en una o dos semanas, los kurdos colocaron a 60.000 o 70.000 en tres campos de detención de muy difícil acceso. Las ganas de entender las razones por las que las mujeres quisieron unirse a Estado islámico se sumaron al privilegio de tener acceso ilimitado a uno de estos campos gracias a la conexión que hice con las comandantes kurdas en los tres años de rodaje de la película anterior. Además, me enteré de que las mujeres kurdas no sólo coordinaban y protegían estos campos, sino que había empezado a haber iniciativas que iban más allá de su rol de cuidadoras de las mujeres que estaban en su territorio. Habían empezado a realizar talleres intentando crear un enlace, un puente de diálogo. Lo hacían no sólo por humanidad sino por la necesidad visceral de entender porqué había pasado esto, para encontrar soluciones, salidas a un conflicto que había sido tan violento.
El documental está grabado durante dos años. Ha sido, por tanto, un trabajo laborioso
Es muy normal en el proceso de creación de un documental. Son idas y vueltas. Es la diferencia entre el cine documental y el periodismo. El periodismo de guerra está directamente relacionado con la inmediatez y lo que está ocurriendo en ese momento y ahora. Nosotros hacemos más un trabajo de fondo, donde necesitas tiempo para crear un vínculo con las protagonistas que les dé la confianza que permita que sus testimonios sean profundos, vayan más allá y puedan, incluso, dar un punto de vista diferente al que dan a los medios.
Las mujeres que protagonizan el documental fueron a Siria procedentes de países occidentales. Con la derrota del ISIS quieren volver a sus lugares de origen, pero no pueden. Los gobiernos de estos países las rechazan. ¿Por qué?
Este tema se ha politizado mucho y aquí existe una parte de responsabilidad de los medios de comunicación, especialmente de los anglosajones, que son los que han liderado el debate sobre la repatriación. La opinión pública dominante, al principio, cuando acabó la guerra (ahora está cambiando) era la del no a la repatriación porque se mezclaban los elementos más peligrosos, menos idóneos a la hora de fomentar un debate sano, que son el miedo, la desinformación y el odio. La prensa fomentó el miedo, la desinformación y el odio. No diría que fuera de forma intencionada pero esos titulares de “no se arrepiente”, “dice que los atentados de Manchester se los merecían”… sacados de contexto de una entrevista hecha a toda prisa en un campo de detención a una niña que acaba de salir de la guerra, traumatizada, en un entorno donde te están escuchando, aún con la paranoia de lo que era vivir en Estado islámico, donde no se podía hablar contra Estado islámico… Estas entrevistas hechas al principio a algunas de las chicas que salen en nuestro documental, que después se volvieron muy mediáticas, provocaron un rechazo muy grande por parte de la sociedad civil hacia ellas y los políticos asumieron ese grito popular de «no las queremos». Por otra parte, existen razones geoestratégicas. Al encontrarse en un territorio del Kurdistán que no está legitimado, que es autónomo de facto, no existe un interlocutor estatal o gubernamental con quien negociar el regreso. Además, Turquía, que ha intentado y sigue intentando aniquilar al pueblo kurdo, tiene mucha fuerza en Europa. Considera inaceptable que un estado como el alemán negocie con el pueblo kurdo la repatriación de esas mujeres. Esto ha bloqueado en muchos casos la repatriación.
Las protagonistas del documental buscaban las libertades que les ofrecía Estado Islámico y se encontraron con que eran falsas
Ha dicho que esto está cambiando
Sí. Hace unos meses que se está repatriando. De nuestras seis protagonistas hay tres que han sido repatriadas. Son los casos menos mediáticos, en los que hay menos ruido. Han vuelto la alemana y las dos holandesas.
Choca escuchar a estas mujeres cuando cuentan que fueron a Siria atraídas por el mensaje de exaltación del Islam pero que dicen que quieren volver a casa para comer hamburguesas o los platos típicos holandeses. ¿Por qué se fueron con Estado Islámico?
Debemos tener en cuenta en qué momento deciden ir allí y cómo se sienten. En el caso de Shamima tenía 15 años. Estado islámico interpelaba su identidad. ¿Quién eres tú en Europa? Son chicas de segunda o tercera generación descendientes de familias musulmanas. ¿Tú eres holandesa? ¿Eres musulmana? Son chicas que, en muchos casos, vienen de familias no practicantes. En algunos casos sí que vienen de familias practicantes que quizá les obligan a poner el pañuelo y luego quizás lo llevan para agradar a sus padres. Cada caso es un mundo pero existe el denominador común de la identidad. ¿Quién soy yo? ¿Quiénes son los míos? Es una búsqueda constante en la adolescencia y la juventud. Luego existe una parte de rebelión contra la injusticia. Estado islámico habla mucho de la necesidad de defender al pueblo musulmán y las bombardeaban con vídeos donde se ven a los militares de Bashar al Asad torturando a adolescentes o los efectos de las bombas químicas arrojados sobre pueblos enteros. Estado islámico se presenta como respuesta a estos hechos injustos. Como joven, ¿qué puedes hacer por rebelarte contra el sistema, contra el gobierno? Esta decisión es la más radical de todas. Y la atracción de formar parte de un grupo, la idea de que cuando llegases allí no habría racismo, no habría banderas, no habría estados; sólo habría un pueblo viviendo armoniosa y libremente. Muchas de ellas buscaban libertad. En Francia no puedes ponerte un nikab donde quieras o no puedes educar a tus hijos según tus normas. Buscaban estas libertades aunque después se encontraran con que las que les ofrecía Estado islámico eran falsas.
¿Su documental puede haber incidido en que algunos países vayan abriendo la puerta a la vuelta de estas mujeres? En Inglaterra, “El regreso: la vida después del ISIS” tuvo muy buena acogida
En Inglaterra es, probablemente, donde ha tenido mayor repercusión. Antes de su estreno, la opinión pública estaba muy en contra de nuestras protagonistas, especialmente de Shamima. Asesorados por una asociación de abogados, que es la misma que ha luchado en la defensa de los presos de Guantánamo, entramos en contacto con periodistas de los grandes medios (The Times, The Guardian,…), pero con quienes no estaban radicalmente contra nuestras mujeres, que tenían una posición intermedia. Les enviamos la película. Tuvimos una respuesta increíble. La semana antes de que se estrenara en Sky TV, publicaron artículos destacados, a doble página, defendiendo otra mirada hacia estas cuestiones. Entre estos artículos, la película y todo el debate que se ha generado después ha habido un vuelco en la opinión pública. Había un 70% en contra y ahora casi hay una mayoría que está a favor. Lamentablemente, el caso de Shamima se ha estancado. Le han retirado la nacionalidad y no puede volver.

El caso de Shamima es terrible. Sus tres hijos han muerto
Lo que tenía que pagar, el error que cometió, ya lo ha pagado. Se marchó con dos amigas adolescentes, de 15 y 16 años. Ambas murieron. También lo tiene muy mal para volver a la mujer de nacionalidad estadounidense. Hay otro argumento parala repatriación. No es simplemente que por humanidad no podemos tener a miles de mujeres y niños encerrados en un campo de detención sin haber tenido derecho a un juicio, sin acceso a terapia o a abogados que no sean de pago, con niños que no tienen acceso a la educación… Además de estos derechos humanos básicos, existe una parte esencialmente práctica de pura necesidad de seguridad. Mantener estos campos abiertos está favoreciendo el reclutamiento por parte de Estado Islámico. La denuncia de esta situación objetivamente injusta hace que se haga más fuerte. Por otro lado, si Occidente, en lugar de dejar a estas mujeres allí, las repatría, las acoge y deja que hablen, sus voces serían las más potentes para desacreditar a la organización. Si queremos trabajar por la prevención y luchar contra Estado Islámico porqué no hacerlo a través de las personas que lo conocen desde dentro y dirán que es una farsa, una mentira, una secta. Y después también por los niños. Tener miles de niños creciendo en ese entorno, aprendiendo los valores de Estado Islámico, es contraproducente para todos. El día de mañana ¿quiénes serán estos niños?
¿En el campo donde se grabó el documental sólo había mujeres extranjeras?
En nuestro campo, Al-Roj, todas son extranjeras. En el campo más grande, que es el de Alt-Hawl, hay mujeres de Irak y Siria. En el nuestro hay unas 14.000; muchísimas de Europa, de Bélgica, Holanda, Francia, Inglaterra,… de Estados Unidos menos, Trinidad Tobago y algunas islas caribeñas, muchas de Rusia…
¿Y de España?
Cuatro.
No salen en el documental
Llegaron al campo cuando ya habíamos empezado a rodar y no quisieron participar.
Una de las frases más impactantes del documental es la de la mujer que dice que no sabe cómo explicará a sus hijos esta etapa de su vida. ¿Podrán rehacer su existencia estas mujeres?
Estoy en contacto con una de las protagonistas, Ouidad, que ha vuelto a Alemania hace unos tres meses. Voy siguiendo cómo se siente. Es difícil. Ha tenido suerte. Alemania no ha puesto cargos contra ella, no ha tenido que ir a prisión, le ayudan para que pueda tener un apartamento, han escolarizado enseguida a sus cuatro hijos. También ha tenido suerte con su familia. En muchos casos, las familias las rechazan. En su caso, la familia la ha aceptado, es muy abierta, mujeres casadas con alemanes. En cambio, a ella le está costando mucho a nivel emocional. Dice que su familia hace como si nada hubiera pasado. Pero ha pasado mucho en su vida y no sabe cómo relacionarse con sus familiares. Ha cambiado de ciudad para empezar de cero y que nadie la conozca. Pero en la escuela tenía que decirlo y explica que los profesores se quedaron pálidos, no es que se enfadaran; simplemente no sabían cómo gestionarlo. Aún no ha ido a la mezquita de su barrio. Se ha quitado el pañuelo. Casi todas se lo han quitado para pasar desapercibidas.
Mantener abiertos los campos de detención está favoreciendo el reclutamiento por parte de Estado Islámico
En el campo de internamiento hay mujeres que siguen fieles al ISIS que las amenazan. Incluso mataron a una mujer y a sus hijos que había renegado de ese grupo quemando su tienda. Esto hace su vida aún más difícil…
Se encuentran en territorio hostil, en los campos hay mujeres, pocas pero fuertes porque están unidas, que todavía siguen muy fieles a la ideología de Estado Islámico, que no toleran que ellas no lo hagan, y menos que lo digan abiertamente. Quitarte el pañuelo es imposible mientras estás allí. Llevar unos vaqueros es pretexto para problemas, discusiones. Ahora, últimamente, las autoridades han logrado controlarlo más. Sobre todo en el campo de Al Hawl ha habido muchos asesinatos. En el nuestro ha habido bastantes.
¿Qué se ha hecho del ISIS? Parece como si ya no existiera
Las monitorizaciones que se hacen dicen que está en crecimiento. En Afganistán han hecho ataques recientemente. Están muy activos también en Filipinas, en las redes sociales…
Con la guerra en Ucrania, este conflicto parece hacer olvidar tantas crisis humanitarias y bélicas como existen en el mundo. ¿Tiene esa sensación?
Esto nos ocurre en general a los que hacemos documentales, cuando hacemos nuestro trabajo de fondo. Hay modas. Hace poco era el Covid o Afganistán. Hay más de sesenta guerras abiertas, igual de violentas e injustas. Es una lástima.
Lleva cerca de 15 años haciendo documentales. ¿Éste le ha dejado alguna huella especial, diferente?
Para mí ha sido muy interesante enfrentarme a mis propios prejuicios. Cuando empecé a hacer el documental iba a orientarlo de otra manera. Quería centrarme básicamente en la mujer kurda. Me sabe mal decirlo pero a las mujeres de Estado Islámico quería tratarlas como grupo. Quería hablar de qué ocurre cuando hay ese intento de reconciliación. Cuando tú intentas un proceso de reconciliación ¿qué ocurre a nivel emocional? Me sorprendió y me di cuenta de que estamos cargados de prejuicios. He aprendido lo importante que es dar una segunda oportunidad y también la capacidad que tienen las mujeres, creo que es algo muy femenino, de intentar hablar, de que, cuando hay peleas, guerra, tienen el valor de que, aun que hayan estado en bandos enfrentados que se han estado matando, pueden abstraerse, reírse de cualquier cosa y encontrar lo que todos tenemos en común en lugar de presionarnos tanto en las diferencias.
En la intervención que hizo al recibir el premio Gaudí reclamó un mayor esfuerzo en las políticas de género de las administraciones. La lucha por la igualdad de género es una constante de su trabajo
Es una cuestión de variedad de voces. Es muy necesario que las voces desde donde expliquemos cosas sean diversas. A las mujeres nos pasan cosas diferentes y tenemos una relación distinta con el mundo. Cada mujer tiene la suya pero existe una mirada femenina común que debe estar presente porque si no lo está de forma paritaria es complicado que tengamos justicia, igualdad, unos debates sanos, que estemos informados. Esta paridad debería estar presente en todas las diversidades de la sociedad.

Mientras hace un documental prepara otros o produce películas. Estos días presentaba en el Festival de Málaga el documental «Francesca y el amor» y la película «Mi vacío y yo», de la que se ha encargado de su producción. ¿Cuándo se da por cerrado el trabajo de un documental?
Paraleleas, haces varias cosas a la vez. Ponemos mucho esfuerzo en el acompañamiento. «El regreso: la vida después del ISIS» se acabó a principios del año pasado. Durante un año, que es el ciclo de promoción, nos toca andar junto al documental. Lo estrenamos en marzo en Estados Unidos, en un Festival, y lo hemos acompañado a festivales internacionales y al estreno en los cines aquí, en Barcelona, y en la campaña por los premios. Pasado un año entendemos que puede caminar solo y después pasa a plataformas donde la gente puede verlo: TV3, Movistar, Filmin…
¿Cómo se puede financiar todo esto? ¿Es dura la vida del documentalista? Un buen documental requiere el trabajo de bastante gente
Tenemos mucha suerte porque tenemos doble oportunidad. Podemos contar con los fondos nacionales del ICAA y los catalanes del ICEC. Existen los fondos europeos de Media y Euroimages. En «El retorno: la vida después del ISIS» hemos tenido el apoyo de varias televisiones internacionales. Lo hemos financiado bien.
Hay quien dice que hay documentales y proyectos que como tienen garantizada la subvención europea y no tienen que preocuparse por la audiencia les da igual si llegan a mucha gente o no
Existen diferentes tipos de proyectos audiovisuales. Los hay con vocación comercial, comedias, thrillers, con el entretenimiento como única voluntad, que tienen la capacidad de encontrar vías de financiación directa, y después están los que tienen una vocación cultural, artística, de difusión de otros valores, y no están pensados específicamente para el gran público sino más bien para otros públicos, proyectos independientes… Estos proyectos necesitan de los fondos públicos. Es una inversión. Cuando los fondos públicos invierten en nuestros proyectos, están invirtiendo en pluralidad de miradas. Cuantos más medios tengas, mejor para la creatividad. Lo ideal es que no trabajemos de forma precaria, que todos los equipos puedan cobrar, que puedas trabajar con profundidad y tiempo… Los fondos europeos son pequeños. Los fondos grandes son los estatales. Tal y como se plantean las películas aquí nadie está haciendo cine sin esos fondos.

El documentalismo aquí ha dado y está dando muchos frutos y producciones de prestigio y calidad
Aquí hemos tenido escuela, desde el máster de la Universidad Pompeu Fabra con Joaquim Jordà y José Luis Guerín. En Cataluña ha habido una escuela muy fuerte del documental desde finales de los noventa y principio de los dos mil. Son los tiempos de la película «En construcción» de Guerín. Se empezó a abrir el formato documental, que hasta entonces se limitaba a los reportajes de La2, y hubo una nueva mirada. En Madrid estaba Javier Corcuera, que hacía unos documentales muy diferentes. Y esto ha ido creando escuela. También está la ESCAC, pero en cuanto a los documentales el impulso fuerte viene de la Pompeu.
Un mundo donde haya más gente que vaya a los cines a ver documentales como los suyos que películas de Marvel ¿es deseable?
Sería muy interesante que, como en Francia, el cine entrara en las aulas desde la infancia y que se educara más en verlas. Es como en la literatura, si no acostumbras a un niño a leer ya no es que no quiera leer según qué obras literarias sino que no querrá leer nada. Con el cine es un poco esto también. Por otro lado, nosotros como creadores y productores debemos ser conscientes de una realidad en la que mucha gente ve películas y documentales en las plataformas y ya no va al cine. Las plataformas son una ventana más. No sé qué significará esto el día de mañana porque están monopolizando mucho y todo lo que queda en manos de pocos acaba marcando las normas. Le han dado la vuelta un poco a como financiamos los proyectos. Las televisiones con las que normalmente solíamos trabajar ahora tienen menos recursos y las plataformas quieren un contenido mainstream, no como lo que hacemos nosotros. Pero han venido para quedarse y esperemos que se abran a otras miradas.

