Vuelve La Trucada con una entrevista que busca iluminarnos el camino y mirar al mundo —que está bastante jodido— con más optimismo. Layla Martínez, escritora y editora en Levanta Fuego, escribió en 2020, en pleno confinamiento, un libro titulado Utopía no es una isla, que busca ofrecernos un catálogo de mundos posibles porque dejamos de pensar que el futuro sólo puede ir a peor.Layla retoma la frase archicitada —y no por eso menos acertada— de Fredric Jameson que dice que «es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo» para explicarnos por qué nos pasa esto. Nuestra confianza en un futuro mejor empieza a agrietarse con el inicio de la contrarrevolución neoliberal, que quiere hacer frente a los movimientos radicales de los años 70. «Y tiene lógica porque realmente el neoliberalismo empeoró las condiciones de la gente, de la estabilidad en los trabajos, de las bajadas de sueldo… Estaba fundamentada la sensación de que de golpe se iba a peor y que el pasado había sido mejor», remarca.
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En este sentido, nos dice que la producción cultural juega un papel importante. Cuando en series, libros, películas o videojuegos lo que predomina son las distopías, «cuando toda la producción cultural dice lo mismo, acaba generando un efecto conservador, un “que me quede como estoy porque el futuro es peor”». En este contexto, Layla apunta que incluso en las ficciones post-capitalistas, no hay nadie que haya luchado en contra. «El capitalismo parece una fuerza caída del cielo, como los faraones de Egipto, que eran como dioses y nadie podía hacerles frente, se acabarían muriendo por sí solos».
Uno de los temas que más trabaja Layla actualmente es la crisis ecológica, que nos pone en una disyuntiva difícil: «A la vez que hace todavía más difícil imaginar un futuro mejor, nos pone un cronómetro sobre el jefe que nos obliga a hacer cambios muy drásticos en muy poco tiempo si queremos asegurar nuestra supervivencia y la de otras muchas especies del planeta». A pesar de que encuentra que es difícil organizar un movimiento muy ambicioso y con suficiente fuerza y músculo como necesitamos en un momento de desilusión, encuentra que podemos aprender de ejemplos del pasado. Cita concretamente la lucha que se organizó en los años 80 y 90 para hacer frente a la pandemia del VIH/sida, « que consiguió levantar un movimiento en medio de ese luto, que fue muy radical y luchó en las peores condiciones posibles». «Encuentro que, salvando todas las distancias, hay que aprender mucho de este, sacar fuerzas del luto y saber que la esperanza es importante», concluye.
Y en busca de estas esperanzas, hablamos también sobre los lugares donde ha ido a buscar referencias más allá del eurocentrismo, de Star Trek y de la importancia de tratarnos bien.

