Cuando Harnoor Kaur leyó, con 11 años, ‘Los Cinco en la colina de Billycock’, de Enid Blyton, descubrió un nuevo mundo de misterios y aventuras. «Fue el libro con el que empecé a enamorarme de la lectura y, desde entonces, siempre me ha gustado leer». Ya había ganado algún premio en los Jocs Florals del colegio y disfrutaba escribiendo redacciones y poemas. La pasión por las letras la llevó el pasado invierno a hacer el ‘ Taller para jóvenes escritores -de 15 a 17 años- ‘ de la Escuela de Escritura en el Ateneu Barcelonès.
“Las clases eran agradables y naturales, no eran estrictas. Al principio, la profesora nos hacía alguna pregunta, íbamos respondiendo, había una conversación y de ahí salían temas sobre los que teníamos que escribir. También leíamos textos y de ahí salían temas. Mar (profesora) nos decía, por ejemplo, ‘hoy habéis hablado mucho de muertos, para la siguiente clase escriba una redacción de terror’”.
Harnoor tiene 15 años y es muy participativa en clase. Presta atención a los textos de las compañeras, está abierta a la hora de dar su opinión y ha aprendido a escribir de otra forma. “Este curso he reforzado la imaginación. A mí siempre me han dicho que utilizo palabras que enriquecen el texto, pero me faltaba contar la historia en sí, porque las palabras pueden estar muy bien, pero si la historia no tiene un buen gusto, entonces no es un texto bonito. He aprendido a profundizar más en la historia y no tanto en las letras”.

Ahora piensa mucho más en la creación de los personajes y se pone en su piel para saber cómo reaccionarían ante una situación, cómo piensan o cuál es su objetivo vital. “Antes no sabía cómo encontrar a los personajes. En clase nos dijeron que los personajes están en nuestros recuerdos y ahora me centro más en buscar a los personajes dentro de mis recuerdos. Quizás algún día me he sentido de alguna manera y lo incorporo a un personaje, o veo a alguien que le pasa algo en la calle y pienso en cómo se habrá sentido”.
Buscar la coherencia
Lorena Moreta tiene 16 años y también ha realizado el taller de jóvenes escritores. De pequeña, le gustaba escribir, pero pensaba que no tenía suficiente imaginación y que no se le daba del todo bien porque no había ganado ningún premio literario y porque no leía demasiado, pero su paso por el Ateneo le ha hecho reencontrarse. con las historias de terror, que son las que más le gustan. “Me gustan más los libros con dibujos y las series. Cuando hay imágenes siento cuanto más adrenalina y estoy más concentrada en el libro. Me gusta hacer historias de suspense, y en los textos que presentaba en Mar siempre acababa matando a alguien”.
Lorena construye a los protagonistas a través de la observación de los alrededores. “Me inspiro en personas que conozco o en amistades del pasado o en personajes de series que sigo. Cojo un poco su personalidad para poder hacer mi historia; antes no lo hacía, antes decía, por ejemplo, ‘Laura es rubia, tiene los ojos azules y le gusta mucho comer’, pero ahora intento que el lector conozca más al personaje y que sepa cómo piensa para que la historia tenga más sentido y no sea aburrida”.
“Yo creo que he mejorado mucho. Cuando estaba en clase, las historias de mis compañeros me parecían impresionantes y yo quería superarme. Ahora me gusta mucho más cómo escribo. Antes lo explicaba todo al principio, después me quedaba sin ideas y terminaba muy rápido, pero ahora me centro en cada parte y en la que tenga coherencia”.

Harnoor y Lorena son alumnos de 4º de ESO del Instituto Miquel Tarradell y han realizado este curso gracias a unas becas que el Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) otorga a la Escuela de Escritura para que se destinen a adolescentes de 15 a 17 años de centros de ESO y Bachillerato del barrio del Raval para llevar a cabo este Taller de jóvenes escritores.
«Tienen unos mundos imaginarios que desbordan»
Mar Tomás es profesora de la Escuela de Escritura desde hace más de 20 años e imparte este taller desde el comienzo, hace 15 años. Es el único que realiza el centro para personas menores de edad y en él los ejercicios se pueden presentar en catalán o en castellano. De los alumnos jóvenes, Mar destaca el respeto y la atención que ponen en las historias de los demás. “A veces, con los adultos ocurre lo de aquella famosa frase, ‘He venido a hablar de mi libro’, y con los jóvenes, no. Son muy generosos y respetuosos”.
El taller se imparte por trimestres y también en forma de curso intensivo en julio. Puede ser presencial o online y tiene un máximo de 12 alumnos por aula, la mayoría de los cuales son chicas. De hecho, en la clase de Harnoor y Lorena, sólo había un chico. Además de las personas becadas, hay jóvenes que llegan a este curso porque algún docente le ha recomendado al instituto, porque algún familiar le ha animado, o porque se han informado por su cuenta .
“A veces, las historias que escriben tienen ecos de lo que les gusta leer. Generalmente, quien lee historias de aventura o fantasía, proyecta esto en la escritura. Escribimos ficción y, por tanto, nos inventamos mentiras, pero la escritura debe ser sincera. Y ellos lo son. Y si logran ser sinceros, el texto está vivo y es verdad. Tienen unos mundos imaginarios que desbordan”.
Las clases son variadas y dinámicas. “Los escritores escribimos con palabras pero debemos proyectar imágenes en la mente del lector. La literatura también se ve. A veces, les digo, ponga una imagen en la palabra infancia, y lo que te responden ya es literatura. Ya viven las historias antes de contarlas. En su clase, una dijo, leche de almendras; otra, aviones, porque viajaba de niña; o una azotea con fuegos artificiales en Nochevieja. Lorena dijo una niña patinante. Hago preguntas para que miren, como quien hay mientras la niña patina, dónde está, en un patio, en un descampado… Y a partir de ahí, vamos creando temas y salen los textos que traerán la semana siguiente”.

Mar Tomás ha visto crecer alumnos, literaria y físicamente, porque muchas de ellas continúan su itinerario profesional, se hacen mayores y acaban apuntándose a cursos de adultos. En este sentido, recuerda Anna Gas, que ganó el Premio Mercè Rodoreda de cuentos en el 2020. “Empezó como ambas. Se apuntó en el primer trimestre, y después en el segundo, en el tercero, y estuvo aquí mucho tiempo. Para mí, ha sido muy chulo verla crecer, ver cómo su estructura iba evolucionando, y sus intereses también. Y, después, un buen día, ves que le dan un premio”.
«¿Qué es ser escritor?»
Durante un trimestre, Harnoor y Lorena han compartido textos y lecturas con compañeras que tienen ganas de superarse en la escritura, en un ambiente diferente al de la escuela o de las amistades del barrio, con quienes viven otros gustos y aficiones. Escribir un libro y ganar un premio les parece un sueño, pero también tienen otros intereses profesionales.
“Yo quiero dedicarme a la cirugía y a la cardiología, pero al menos quiero escribir un libro”, dice convencida Harnoor. “La escritura es un código abierto que quien lo conozca puede hacerlo; entonces no es necesario que seas escritor. Al final, ¿qué es ser escritor? Todos tenemos un escritor dentro de nosotros y basta con sacarlo”.
«Como profesión, también quiero dedicarme a la medicina», añade Lorena. “De pequeña, había soñado con tener un libro para escribir historias y poder leerlas cuando sea mayor. Soy una persona a la que le gusta guardarlo todo y me gustaría volver a leerme y ver cómo he mejorado con el paso de los años”.

