La angustia mundial causada por la aparición de la Covid-19 reveló claramente la considerable vulnerabilidad humana frente a las enfermedades infecciosas. Estos tipos de enfermedades tienen la capacidad no sólo de causar enfermedades y muertes en un gran número de personas, sino que también pueden desencadenar consecuencias socioeconómicas más amplias, como se ha evidenciado con la pandemia de la Covid.

La continua emisión de gases de efecto invernadero (GEI) intensifica numerosos riesgos climáticos que, a su vez, pueden exacerbar las enfermedades infecciosas. Aunque este hecho es relativamente conocido y aceptado, todavía no se ha cuantificado del todo el alcance total de la vulnerabilidad humana al cambio climático en lo que se refiere a estas enfermedades.

Recientemente, un equipo de científicos especialistas en medio ambiente y salud han revisado décadas de documentos científicos sobre todos los patógenos conocidos por crear un mapa de los riesgos humanos agravados por los peligros relacionados con el clima. Los resultados de la investigación, publicados en la revista Nature, muestran que el 58% de las enfermedades infecciosas a las que se enfrenta la humanidad en todo el mundo (es decir, 218 de las 375 enfermedades infecciosas documentadas) se han visto agravadas en algún momento por los fenómenos climáticos. Sólo en un 16% de los casos se ha producido el efecto contrario.

El estudio ha encontrado 3.213 ejemplos de casos empíricos en los que los riesgos climáticos estaban implicados en el desarrollo de enfermedades patógenas, al intensificarse la proximidad e interacción entre los microorganismos y los humanos. Concretamente, el calentamiento del planeta se relaciona con 160 enfermedades, las precipitaciones y las inundaciones con 122 y la sequía con otras 81 enfermedades. También fenómenos como los incendios, las oleadas de calor y los cambios en el nivel del mar han influido en las enfermedades provocadas por virus, bacterias, animales, hongos o protozoos. Las enfermedades se transmitieron principalmente por vectores, aunque también se encontraron ejemplos de casos de vías de transmisión que incluían agua, aire, contacto directo y alimentos.

Según los investigadores, el gran número de enfermedades patógenas y vías de transmisión agravadas por los peligros climáticos revela la magnitud de la amenaza para la salud humana que supone el cambio climático y la necesidad urgente de adoptar medidas enérgicas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Una cartografía de los riesgos climáticos para la salud

Los peligros relacionados con el clima están cambiando también las áreas de distribución de animales y organismos que pueden actuar como vectores de enfermedades infecciosas peligrosas. Por ejemplo, el calentamiento y los cambios en los patrones de precipitación pueden alterar la distribución de vectores transmisores, como los mosquitos, las garrapatas, las pulgas, las aves y diversos mamíferos implicados en brotes de enfermedades como el dengue, el chikungunya, la enfermedad de Lyme, Zika, la tripanosomiasis, la equinococcosis o la malaria.

Así, la propagación de los virus como el Nipah y el ébola, por ejemplo, se asoció a murciélagos, roedores y primates que se desplazan por zonas más amplias en busca de recursos alimentarios que se han visto limitados a causa de las sequías o que encuentran nuevos hábitats después de los incendios forestales. Por otra parte, el agua estancada que dejan las fuertes precipitaciones y las inundaciones puede proporcionar un nicho de desarrollo para los mosquitos, lo que se traduce en un aumento de la transmisión de algunas enfermedades como la fiebre amarilla o el virus del Nilo Occidental .

El calentamiento también se ha relacionado con el deshielo y la descongelación del permafrost, la tierra helada, exponiéndonos así ante patógenos antes congelados, algo que podría considerarse como una «caja de Pandora», dado el gran número patógenos que podrían haberse acumulado a lo largo del tiempo y que son, por ahora, completamente desconocidos por los seres humanos.

Las zoonosis, cada vez más frecuentes

Las zoonosis, es decir, las enfermedades transmitidas de los animales a humanos, representan un gran porcentaje de todas las enfermedades infecciosas recientemente identificadas. Algunas enfermedades, como la causada por el VIH, empezaron como una zoonosis, pero después mutaron en cepas exclusivas de los humanos. Otras zoonosis pueden provocar brotes recurrentes de enfermedades, como el ébola o la salmonelosis. Y otros, como Covid-19, tienen el potencial de provocar pandemias globales.

La realidad evidencia que las zoonosis se han multiplicado mucho en estos últimos años, elevando el riesgo de que emerjan nuevas pandemias. Por eso, desde principios de los años 2000, se insiste desde las instituciones internacionales en el concepto One Health («Una sola salud»), que promueve un enfoque multidisciplinar y global de los desafíos sanitarios, con estrechos vínculos entre la salud humana, la salud de los animales y el estado ecológico global. Con la llegada de la pandemia de Covid, este concepto global de la salud ha tomado aún más fuerza.

Como parte de este enfoque, la Organización Mundial de la Salud (OMS) colabora con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal ( OIE) en el Sistema mundial de alerta anticipada ante las principales enfermedades de los animales (GLEWS). Este sistema conjunto se basa en el valor añadido de combinar y coordinar los mecanismos de alerta de los tres organismos para ayudar a la alerta temprana, la prevención y el control de las amenazas de enfermedades animales, incluidas las zoonosis, mediante el intercambio de datos y la evaluación de riesgos.

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