Junts per Catalunta se hunde cada día más. Según la última encuesta del Centro de Estudios Opinión (CEO), la formación posconvergente obtendría entre 19 y 24 escaños en las próximas elecciones, lo que representa aproximadamente un tercio menos de los que tienen en la actualidad (32). En el barómetro anterior, realizado entre los meses de junio y julio, la estimación les otorgaba entre 22 y 27 escaños. Y si echamos más atrás y vamos al primer barómetro del año 2022, la proyección de votos que les otorgaba una horquilla situada entre los 23 y los 28 escaños. Es decir: Juntos lleva tres trimestres consecutivos rebajando sus expectativas electorales.

Y los problemas para Junts parecen no detenerse. Recientemente diferentes medios publicaban que Laura Borràs había contratado a Emilio Hellín, asesino del estudiante Yolanda González en 1980 vinculado al partido de extrema derecha Fuerza Nueva, para la elaboración del informe pericial que debe defenderlo en el caso por corrupción que deberá afrontar próximamente. Un absoluto contrasentido por alguien como Borràs, que dice representar la justicia y la libertad frente al autoritarismo del Estado español. La sensación, en estos momentos, es que Junts per Catalunya colabora activamente al cavar su propia tumba. Pero Laura Borràs aparte, Las causas de este declive son múltiples. Señalamos tres más.

1) La apuesta independentista no es suficiente

Junts per Catalunya hizo una apuesta estratégica por convertirse en el único partido «netamente» independentista. Es decir, convertir la independencia en el punto único y principal de su imaginario político y electoral. Seguramente pensaban que esto sería suficiente para compensar el movimiento «transversal» de ERC, con el que los republicanos han puesto el freno de mano respecto a la retórica independentista y se han ido convirtiendo en un partido de consensos. Pero es que además existe un problema estrictamente demográfico en este planteamiento: en la actualidad, según el CEO, el porcentaje de la población de Catalunya que está a favor de la independencia es de un 42%. Y de ese 42%, hay votantes de la CUP y votantes de ERC.

2) La salida del Govern

Uno de los puntos fuertes de Junts per Catalunya es que retenía una parte del imaginario de la antigua CiU en el electorado, según el cual se asociaba la formación política con la «buena gestión». Parte de este capital político heredado se ha ido perdiendo en los últimos años, pero el golpe definitivo lo marcó la estrepitosa salida del gobierno. A ojos de este votante de Junts per Catalunya —que se sentía más cercano a las formas de actuar de Marc Giró o Victoria Alzina que de las de Albert Batet o Laura Borràs—, la salida del gobierno fue la confirmación que Junts per Catalunya no es un partir de confianza.

3) El asunto Dalmasas

Pocos episodios más vergonzosos y mal gestionados que el que ha involucrado al actual diputado y exvicepresidente de Junts per Catalunya, Francesc de Dalmases. Cada vez salen más periodistas señalando las formas inquisitoriales, las amenazas y la prepotencia de la mano derecha de Laura Borràs. Pero casi peor que los actos de Dalmasas ha sido su respuesta ante estas graves acusaciones. Al principio, se negó a reconocer el caso. Después, pidió unas disculpas abstractas y descafeinadas sin asumir ninguna culpa real. Y, para terminar, cuestionó lo propio solicitado por Junts per Catalunya, elaborado por Magda Oranich. Sólo entonces fue cuando el partido le cesó de su cargo como vicepresidente. Una mala gestión individual que ha terminado contaminando al partido.

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Guillem Pujol

Licenciado en Ciencias Políticas (UPF), MSc en European Politics and Policies en al University of London, Birkbeck College y Doctor en Filosofía con mención Cum Laude (UAB). Coautor del libro «Cartha on Making Heimat» (Ed. Park Books).

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