Si tú, lector, navegas por la red y comparas los ejemplos ofrecidos en estas páginas con el número 20 de ‘Renaixença’ darás con similitudes muy comprensibles y válidas para determinar la firma de esa esquina tan ignorada
Autor: Jordi Corominas i Julián
La casa del carrer Renaixença, propiedad de Victorina, parece un producto de esa mezcla empresarial y alianza a través de los hijos. Al terminarse durante la segunda mitad de los años veinte constituye una muestra del Noucentisme imperante, con elementos decorativos florales, austeridad en su fachada y la belleza del menos es más catalán
Hasta esa caída del caballo las casitas con almenas de Renaixença habían sido el lugar donde encontré a un antiguo compañero de instituto besándose con una chica, la puerta de la sospecha en uno de los bajos, ahora tapiada a cal y canto, y la presencia de esporádicos bares en una zona destacable por su ausencia, tanto que en más de una ocasión he atribuido la tranquilidad del Guinardó a su desdén por la hostelería de tapa, cerveza y parroquia.
Si enumerara todo lo extinto daría para llenar un baúl de tristezas. La casa que centrará nuestras preocupaciones de hoy es la superviviente de un pequeño mundo antiguo al que ha contribuido habiendo creado, casi sin querer, una plaza sin nombre de aspecto vetusto. Hay un banco donde muchas veces acompañantes latinas cuidan a viejos españoles. Algunas noches los adolescentes se besan y más de una semana es posible encontrar libros de viejo dejado en estas maderas junto a un solitario buzón de correos, muy importante por lo pronto y ahora mismo un elemento decorativo de inevitable color amarillo.
Mientras se llenan los carteles propagandísticos con inminentes jardines recuperados y la implementación de asfalto en el parque del nen de la rutlla, un error catastrófico generador de miedo entre los vecinos, preocupados por si dentro de poco todo se parece a las baterías aéreas del Carmel y la proverbial paz se va al garete
Ahora el pájaro sufre problemas de visión. De noche enciende un ojo, pero tiene otro cerrado, como si renegara de estos tiempos convulsos. Según los más viejos del lugar llegó a abrirlos con estilo psicodélico para iluminar el asfalto y convertirse en uno de los animales más preciados de la fauna local. Quizá provocó accidentes con su potencia y ahora, debemos ser siempre optimistas, nos guiña el ojo, descarado en su simpática parálisis
Denunciado a esta jefatura el vecino de Barcelona don Antonio Serés por haber dado órdenes a la portera de la finca de su propiedad, número 329 de la avenida del Generalísimo Franco, para que arrancara unos carteles de propaganda mural de nuestro glorioso movimiento nacional; se ha acordado imponer a tan mal patriota una multa de veinte mil pesetas
Más tarde aspiró a la tranquilidad, hasta que una colisión de catastróficas desdichas trastocó sus planes. Las cruentas pérdidas de sus seres queridos, trozos de su alma, le quitaron toda la alegría de vivir, dejándolo, según sus propias palabras, en un estado de ‘todo me da igual’
El nombre de Verdaguer es otro de tantos caídos en el pozo de la ignorancia más absoluta, hasta el punto que si uno va a la parte baja del primer tramo de paseo San Juan, suele identificarla con la parada de Metro, sin pensar demasiado el monumento conmemorativo al poeta
Al menos ella siempre estará con su lacito, preparándose a recorrer la ciudad con los pedales, lista para volar, legendaria desde el detalle, reina incontestada de un rincón secreto, al alcance de todos
