Cuando Beatriz Bautista llegó a la universidad, lo primero que le preguntaron fue si era adoptada. Era lo que más encajaba a sus compañeros de clase, ya que no son muchas las personas inmigrantes que cursan estudios superiores. En 2015, sólo un 5% de los estudiantes de grado eran de origen extranjero, mientras que en la secundaria lo era un 16% del alumnado.
Beatriz tiene 18 años, hace diez que llegó de Filipinas y desde 2000 vive en el barrio barcelonés del Raval. Este curso hace primero del doble grado en Administración de Empresas y Turismo en la UPF y ha vivido un gran cambio vital. «Estaba acostumbrada al instituto del barrio, donde el 99% de mi clase era inmigrante y al llegar a la universidad pasé a ser yo ese 1% diferente», explica Bautista.
También ha vivido una experiencia similar Hasnae Salim, originaria de Marruecos y residente en el Raval desde hace diez años, que cursa primero de Ingeniería Química en la UAB. «¡He llegado a la universidad y todos son rubios! En mi clase puede que haya tres o cuatro inmigrantes como mucho, de entre cien alumnos», dice Salim.
Ambas forman parte de las setenta jóvenes del Prometeus, un proyecto que quiere aumentar el número de chicos y chicas del Raval que acceden y cursan con éxito estudios universitarios. Se inició en 2016 con sólo 9 alumnos, el curso siguiente ya fueron 22 los estudiantes que accedieron a la universidad de la mano del Prometeus y este curso han sido cuarenta.
Poner la universidad en el imaginario de los jóvenes
«El hecho de ser la primera de mi familia que entra en la universidad me motiva mucho», explica Hasnae. A ella y a Beatriz les ha gustado estudiar desde pequeñas y sus familias siempre les han transmitido que la educación es muy importante. «Desde que mi madre vino aquí a trabajar, tuve claro que quería llegar a la universidad», dice Bautista, «no podía ser que ella hiciera aquel esfuerzo enorme, aquel sacrificio, y que yo no lo aprovechara».
Pero no todos los jóvenes del Raval piensan en la educación superior como una opción válida para ellos. Por ello, el proyecto Prometeus inicia con unas charlas de motivación a los alumnos de los dos centros de secundaria públicos del barrio, los institutos Miquel Tarradell y Milà i Fontanals. Una se da en 4º de ESO, para impulsar que los estudiantes hagan Bachillerato, y cuando llegan a esta etapa postobligatoria se les alienta para que saquen buenas notas y piensen en la opción de hacer estudios universitarios.
Estas charlas las hace Javier Alegría, director de El Periódico El Raval e impulsor del Prometeus, junto con la Asociación Educativa Integral del Raval. «En ese momento Javier nos abrió los ojos», recuerda Hasnae, «nos dijo que no mirásemos sólo el presente sino más lejos, que pensáramos en el futuro». Lo que quieren transmitir desde el proyecto es que la universidad no es tan difícil ni tan cara si se tienen en cuenta las becas que existen y, por otra parte, abren muchas más puertas.
Apoyo en todo momento para no descolgarse
Empezar la universidad es un cambio para cualquier adolescente, y aún lo es más para estos chicos y chicas del Raval, que pueden encontrarse con dificultades añadidas por la falta de referentes universitarios. Por ello, el proyecto también les quiere dar la mano para hacer los trámites de acceso y afrontar los nuevos estudios. «Prometeus me da esa sensación de ‘no te preocupes, tú haz y nosotros estamos aquí, y ya llegarás donde quieres llegar», dice Beatriz.
Hasnae explica agradecida toda la ayuda que le dieron desde el proyecto para solucionar los problemas que tuvo para pedir una beca. «Mis padres no saben, no tengo hermanos que hayan ido a la universidad ni tampoco amigos que vayan y estaba muy asustada».
«Me gustaría que todos los jóvenes tuvieran un espacio adecuado para estudiar en su casa, que no tuvieran que compartir la habitación con tres hermanos más, que ninguna familia tuviera preocupaciones por los problemas económicos ni de ningún otro tipo…Pero eso no lo podemos hacer», explica Alegría.
Por eso, lo que el procuran es que, si los estudiantes no tienen recursos, al menos no tengan problemas para pagar el transporte, para tener apoyo en las asignaturas que les cuestan más o para aprender a organizarse. Sin embargo, Alegría dice que a veces tienen que insistir en que los jóvenes les expliquen los problemas que tienen, ya que tienden a evitarlos. «Esto nos dice mucho sobre su actitud responsable de aportar el mínimo de problemas y absorber el máximo», añade Javier.

Durante la etapa universitaria el apoyo va más allá de lo académico. Los alumnos, que están repartidos en diferentes universidades catalanas, hacen encuentros mensuales para resolver dudas y compartir experiencias y también se encuentran en los mismos campus.
«El primer día de uni quedé con otra chica Prometeus mayor para que me acompañara, porque yo no tenía amigos ni conocía nada. Ella me hizo compañía, me enseñó dónde comer, dónde era más barato y más bueno…», explica Hasnae.
Y es que una parte importante de la última etapa del proyecto es el retorno. Los jóvenes que reciben apoyo del Prometeus se comprometen a ser referentes en el barrio y ser ellos los que motivan a las nuevas generaciones del Raval, así como dar consejos o ayudar con los estudios a los que empiezan la universidad.
Tanto Hasnae como Beatriz tienen muchas ganas de que les llegue este momento, porque tanto ellas como sus familias sienten que deben mucho de lo que han conseguido a sus institutos y al proyecto. «Pensar que dentro de pocos meses seremos nosotros los compañeros que motivaremos a los chicos y chicas del Miquel Tarradell me hace mucha ilusión», dice Bautista.
Mejorar la imagen de los jóvenes del Raval fuera del barrio
«Creo que los jóvenes estamos muy estigmatizados y los del Raval aún más», dice Beatriz. «Por eso tener una plataforma como Prometeus, que nos ayuda a lograr lo que realmente buscamos muchos jóvenes del barrio, es muy potente. Nosotros somos unos privilegiados porque hay muchos que tienen miedo de salir y probar la universidad u otros estudios superiores», añade.
«Con el proyecto nos hemos comprometido a poner fin al prototipo de joven del Raval, el prejuicio que existe sobre el barrio», dice Hasnae. «A veces cuando me preguntan dónde vivo, dudo si decir ‘el centro’ o ‘en el Raval’, porque muchas veces enseguida me hablan de traficantes y de crímenes. Pero a ver, ¡yo he estado viviendo 10 años y nunca me han robado en el barrio!».
Ellas dos estudian en la universidad y a la vez trabajan y son voluntarias en el barrio. Beatriz es monitora en unas pistas deportivas y explica cómo ven con sus compañeros de trabajo los avances del barrio. Hasnae hace un voluntariado con el programa Èxit, con el que ha vuelto a su instituto para hacer refuerzo escolar a los alumnos de secundaria. «Los alumnos del Miquel Tarradell tienen mucho potencial, porque muchos vienen de otros países, pero ponen mucha atención y son muy comunicativos. Nosotros desde pequeños teníamos ganas de estudiar, nadie nos ha regalado nada», dice Salim.
Provocar cambios en la universidad
Para sacar adelante el proyecto hay una mesa de seguimiento con el Distrito de Ciutat Vella, el Consorcio de Educación de Barcelona y el Instituto Municipal de Educación de Barcelona (IMEB) y también es fundamental la participación de las universidades – la Universitat Pompeu Fabra (UPF), la Universitata de Barcelona (UB), la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).
Javier Alegría cree que el programa también ayuda a las universidades a ver en qué fallan. «Por ejemplo, nosotros tomamos muy en serio a la figura del tutor, ya que las universidades se comprometen a hacer un seguimiento de los alumnos y solucionan en ella los problemas que puedan tener. En cambio, vemos que la opinión general es que en las universidades no funciona esta figura», explica Alegría.
Por ello, desde Prometeus han impulsado una reunión de tutores de las diferentes universidades para que intercambien sus maneras de hacer y piensen en una manera de hacer más accesible el apoyo y la orientación para los alumnos. «Es una aportación del Prometeus en la universidad», dice Javier.
Ahora este proyecto que ya cuenta con tres años de empuje se quiere poner en marcha en otros barrios y así multiplicar los jóvenes Prometeus toda la ciudad. De este modo, tal vez se conseguirá poco a poco que las universidades sean tan diversas como el entorno que las rodea.

