Durante la época de confinamiento se buscaron herramientas y recursos para socializar los números de teléfono de atención contra las violencias machistas y se lanzaron campañas que transmitían el mensaje «contra la violencia machista, que no nos detenga el confinamiento». Por ejemplo desde la Diputació de Barcelona explicaban que el confinamiento obligatorio que derivaba del estado de alarma decretado por el gobierno central fruto de la pandemia del COVID-19, trastornó la vida de la población de manera general, y de manera específica de las mujeres.
Uno de los impactos principales fue que muchas mujeres y sus hijos se vieron obligadas a convivir con su agresor mientras que, al mismo tiempo, los servicios de atención especializada sufrían una reconfiguración en su metodología dada también la situación de excepcionalidad.
Ruth Capdevila Mayà es la directora del Servicio de Atención, Recuperación y Acogida (SARA), un servicio ambulatorio vinculado al Ajuntament de Barcelona que ofrece atención específica a personas víctimas de situaciones de violencia machista (mujeres, niños y adolescentes, y personas LGTBI, o personas de su entorno cercano directamente afectadas por esta violencia). También proporciona asesoramiento al personal profesional y las personas del entorno de las víctimas.
Tal como ellas definen, en el SARA atienden los diferentes tipos de violencia machista y es la puerta de entrada a los recursos públicos y privados de acogida de urgencia y de larga estancia para personas que viven situaciones de violencia machista. Así, el estado de alarma ha hecho que sus trabajadoras cambiaran las maneras de hacer y relacionarse y que las mujeres en situación de acogida quizás vieran alargarse un poco más de la cuenta el cambio de una acogida de urgencias hacia una acogida de larga estancia. ¿El motivo? No poder moverse hacia recursos residenciales de la misma manera que el resto de la población tampoco podía hacer grandes movimientos. Las mujeres que tenían que pasar de recursos residenciales a autonomía tampoco pudieron hacerlo. Sin embargo, una vez avanzadas las fases del desconfinamiento, el SARA ya pudo reiniciar los procesos que se habían parado por la COVID.
Aunque se pospusieran algunos procesos, Capdevila afirma que «no ha habido ninguna mujer que no hayamos acogido por una falta de recursos. Esto es importante remarcarlo pues el servicio ha estado activo todo el confinamiento». Como los hospitales, en el SARA priorizaban las urgencias y innovaban telemáticamente para continuar con los seguimientos.
Como nos cuenta Ruth Capdevila, directora del servicio, a medida que se ha ido saliendo del estado de alarma se ha ido aumentando la presencia del equipo pero en un inicio se priorizaron sólo las urgencias de atención personal. Quien hacía teletrabajo, hacía seguimiento a nivel telefónico «de una manera muy proactiva». De hecho, se hicieron el doble de seguimientos que el mismo mes del año anterior. Esto se debe quizá porque en muchos casos no esperaban que las mujeres llamaran, sino que lo hacían desde el mismo servicio para ayudar a trabajar todas las angustias que se les podían generar a las mujeres en estado de acogida o a las mujeres que aún conviven con su agresor.
«En todas partes pusimos mucha imaginación pero sobre todo con las que están conviviendo con el agresor», explica Capdevila, ya que, «al estar confinadas, sólo por entrar en contacto con ellas ya tenías que ser muy cuidadosa». Para no crear situaciones de riesgo, ya en situaciones previas al confinamiento, las psicólogas del servicio buscan mecanismos para hacerse entender con la mujer que convive con su agresor. Así, si no puede hablar, no es necesario que lo verbalice.
Aparte de llamadas también se ha hecho uso de aplicaciones de mensajería, correos electrónicos y también se ha contactado a través de los Centros de Atención Primaria. La coordinación ya existente ha servido durante el confinamiento para poder saber cómo se encontraban las mujeres a las que se les hacía seguimiento.
Adaptación y supervivencia
Como resalta Capdevila, la capacidad de adaptación de las mujeres ha maravillado a la mayoría del equipo pero si esto ha ocurrido, destaca, es porque estas mujeres ya venían de situaciones de violencia y supervivencia. El confinamiento ha hecho que los hombres se encontraran el poder tener el control total de la situación en casa. Las demandas de las mujeres iban dirigidas a la necesidad de contener la angustia. En esta línea, Capdevila destaca que han bajado mucho los números de atención de urgencias «porque ellas se han continuado adaptando y también porque no sabían si podían salir o no en la calle. Todo era muy inestable a nivel social».
Una vez avanzadas las fases, cuando las mujeres han podido recuperar la autonomía, las mujeres han podido realizar más salidas y la violencia ha aumentado de nuevo en ver los agresores que perdían el control. «Cuando pudieron salir los niños a la calle, esa semana tuvimos muchas urgencias con muchos niños», comenta Capdevila. Y esto se explica porque en poder salir con los niños, las mujeres se acercaban a los CAP, lo que antes no hacían para no dejar a los niños solos en casa con el agresor. «¿Cómo le explicas al agresor que sales a comprar con los niños si no pueden salir a la calle?» Y justamente por eso las visitas al SARA aumentaron cuando los niños pudieron comenzar a salir.
Pero a la demanda de contener la angustia también se sumaba una necesidad de acompañamiento emocional: «muchas mujeres pensaban: ostras y si está enfermo quien lo cuidará?». Capdevila afirma que siempre actúa el cuidado hacia el otro en los casos de violencia.
Señala además que las mujeres están acostumbradas a vivir con su agresor y que dentro de esta supervivencia han continuado desarrollando sus habilidades. Esto no quiere decir, apunta, que los casos no hayan aumentado a pesar de su capacidad de contención. De hecho, las llamadas para buscar momentos de ánimos han aumentado y los datos indican que la curva exponencial aumentará: «con la libertad de comunicación, aparecerán nuevos casos». Esto lo explica porque hay que entender que la violencia no comenzó con el confinamiento, ya estaba antes: «la situación que ha cambiado es la de fuera y, para estas mujeres, da más miedo la situación de fuera que la de dentro, que ya la conocen».
En este sentido, Capdevila explica que se han encontrado con casos en los que la escalada de violencia se ha iniciado cuando las mujeres han empezado a salir con los niños y los hombres han perdido el control dentro del domicilio. Algunas de estas mujeres han sufrido agresiones físicas y han llegado al SARA desde los CAP. Otro tipo de caso que les ha llegado es el de las mujeres que las amenazaban, «les decían: ‘te voy a echar, te vas a ir a la calle’ y claro aquí la amenaza era quedarse solas y fuera con la COVID… Se trata de una violencia muy psicológica, ya que la visión era que el peligro estaba en la calle y yo como maltratador te amenazo con que te dejaré en la calle».
Aislamiento social como ciclo de violencia
La tarea del SARA ha sido pues rebajar la ansiedad y sobre todo decir ‘no tengas miedo a salir de casa si necesitas salir’. Rebajar esta angustia no significa ser capaz de aguantar más, sino ser capaz de poder salir. Cuando esto no ha sido posible, desde el SARA incluso han ido a casa de las mujeres con cuerpos de policía para que éstas pudieran salir de casa.
No contar con apoyos o una red cercana forma parte del ciclo de la violencia que viven. El aislamiento social y familiar es usual y, como indica Capdevila, muchas mujeres recuperan las relaciones una vez han podido salir de la situación de violencia. «Quiero entender que alguna mujer no ha venido a nosotros porque sí ha contado con ayuda». Pero paralelamente a que el aislamiento sea uno de los efectos de la violencia machista, «pedir a alguien que te acoja en casa en época de COVID ha generado más barreras porque ha operado mucho desde el miedo».
Las necesidades y por lo tanto los datos han ido en aumento desde la entrada en fase 1 y esto ha hecho que todo el equipo del SARA, en palabras de su directora, haya dado más allá de sus capacidades. «Todo el mundo ha sido proactivo y se ha inventado lo inventable, ha venido a trabajar más horas si hacía falta y ha dejado cosas personales para ponerse en contacto con las mujeres. Hemos tenido un equipo muy potente y vale la pena poderlo expresar», comenta Capdevila.

