Browsing: Opinión

Hace unos años que parece que quieren convertirnos en víctimas de la famosa “doctrina del shock” de la que nos advertía Naomi Klein al ver las nuevas estrategias del orden mundial neoliberal, especialmente en lo que se refiere a la situación de las mujeres y las niñas en el mundo y en nuestro país, en alianza con el patriarcado. ¿Asustadas, paralizadas y, definitivamente, vencidas? No, las mujeres seguimos en lucha.

Escribía en 1921 quien sería ministro de la República, Fernando de los Ríos: “Siempre he considerado los partidos como órganos de interpretación de los ideales, no como el ideal mismo”. Esta reflexión podría ser de utilidad para inspirar la construcción de un Frente de izquierdas para las próximas elecciones generales que estos días empieza a tomar forma, pese a los muchos interrogantes que también se están abriendo.

Imaginarizar lo real es la estrategia del simulacro, borrar los interrogantes e imponer su “verdad”. Nada que ver con la fórmula que Lacan proponía para manejarse con lo real (entendido como dificultad e imposibilidad), que no era otra que saber hacer con el semblante para vincularse al otro. Lo real no es visible totalmente —nadie dice siempre y en todas partes lo que piensa, es conveniente cierto disimulo para facilitar la convivencia— porque contiene algo opaco que requiere un bien decir. Los poetas sí son maestros en bordear con sus metáforas ese imposible de decir, sin caer en el simulacro.

Las superillas no son un fracaso ni una panacea. Son, más bien, un espejo. Reflejan las tensiones entre el deseo de una ciudad más habitable y las lógicas económicas que la atraviesan; entre la apertura del espacio y la incapacidad de sostenerlo; entre la justicia urbana proclamada y las desigualdades persistentes. La pregunta no es si la superilla funciona, sino para quién, en qué condiciones y a costa de qué.

Hasta ahora, las entidades han actuado desde la resignación, «el ir tirando”, el conformismo, “el mejor esto que nada”, aceptando a menudo ser las últimas en la lista de prioridades. Quizás ha llegado la hora de decir basta y reivindicar un trato digno, como hacen los otros colectivos vinculados a los servicios públicos y al estado del bienestar.