Montserrat Carulla tenía una vitalidad contagiosa. «Yo siempre fui una niña inquieta en una época muy difícil. Envidiaba a la gente con cultura y quería entrar en ese mundo. Aprovechaba todas mis oportunidades al máximo: estudiando, leyendo todo lo que podía… Todo es una escuela y de todo puedes aprender si tienes capacidad de retener. La vida es generosa y te da siempre oportunidades», afirmaba.
Una generosidad que no siempre estuvo de su lado. Por ejemplo, cuando pasó 40 años sin poder hacer cine en España por un veto del sindicato vertical después de una queja por sus condiciones económicas en el rodaje de una película en los años 50. O cuando sufrió un boicot de TVE al separarse de su marido, el también actor Felipe Peña, en una época en la que nadie lo hacía.
Una vez separada -con cuatro hijos- volvió a surgir en Montserrat Carulla esa mentalidad de enfrentarse a todas las dificultades con la cara bien alta. «Estuve un año sin que me llegara ningún papel y fue algo terrible para mí. Hice todo tipo de trabajos, desde auxiliar de clínica a encuadernadora. Mi padre también me ayudó», recordaba.
En su recorrido vital, El record és un pont al passat (Ara Llibres), detalla una militancia que nunca ocultó, hasta el punto de que formó parte de la lista de Esquerra en las municipales. «Soy independentista y ya lo era a los 18 años. Quiero una Catalunya libre que no dependa de nadie. Respeto y admiro al pueblo español, su cultura y lengua», sentenciaba.
Tras realizar funciones de teatro de aficionados, Carulla inició su formación en el Institut del Teatre de Barcelona, a finales de los años 1940. Debutó en el año 59 en el Teatro Romea con una obra de Josep Maria de Sagarra y nunca más se bajó, aunque no fue hasta los 40 años que se pudo dedicar totalmente a lo que más le gustaba, el teatro.
Protagonizó numerosos clásicos de Shakespeare –Romeo y Julieta, Hamlet, Mucho ruido y pocas nueces y Las alegres casadas de Windsor-, también Pigmalión, de George Bernard Shaw; La gata sobre el tejado de zinc caliente, de Tennessee Williams o Los hijos del Sol, de Maxim Gorki.
Participó en grandes clásicos de la literatura catalana, entre ellas Poema de Nadal, de Josep Maria de Sagarra; La plaça del diamant, de Mercè Rodoreda; Mort de dama, de Llorenç Villalonga; Maria Rosa, de Àngel Guimerà; Primera història d’Esther, de Salvador Espriu; o la adaptación teatral de El quadern gris, de Josep Pla.
La veterana actriz era además la cúspide de una saga dedicada al teatro y la actuación: casada con el actor de doblaje Felip Peña, madre del director Roger Peña y la actriz Vicky Peña, ésta casada con otra figura del teatro español y catalán, Mario Gas, y abuela de los actores Miranda Gas Peña y Aleix Peña, con quien compartió las tablas en su despedida en 2016 con la obra Iaia!.
Carulla no quiso morir sobre las tablas del escenario, prefirió bajar el telón por voluntad propia antes de que la echaran, como ella misma bromeaba, y su discreta despedida fue en 2016 junto a los suyos. Su vida, hasta que el corazón ha dicho basta a los 90 años, ha estado marcada por la dedicación a la profesión y una enorme generosidad.

