Este relato reconstruido a partir de las fuentes y testigos de la época, sucedió el 30 de noviembre del 1920, hoy hace 100 años, y hay que contextualizarlo en la Barcelona de los años de plomo del pistolerismo, inmersos en la tercera ley de la dinámica newtoniana (acción-reacción) a consecuencia del gran golpe de efecto que produjo la huelga de la Canadiense. Por un lado estimuló la unidad de acción del movimiento obrero y por el otro asustó la patronal que optó por la vía represiva, el lockout, la ley de fugas, y el terror blanco de los pistoleros contra los dirigentes de los sindicatos, los partidos republicano-socialistas, y el anarquismo.
Un día antes del crimen, Layret visitó Lluís Companys, Salvador Seguí, y una buena parte de la dirección de la CNT, detenidos y enchironados en la prisión de La Modelo en el marco las acciones represivas de Martínez Anido a raíz de la huelga de los tipógrafos. Con relación al crimen, nunca se abrió ninguna investigación, ni se practicó ninguna detención. Incluso, algunas fuentes apuntan que un guardia gubernativo, situado en una de las esquinas cerca del domicilio de Layret, desapareció al poco de producirse los hechos.
Uno de los autores materiales del asesinato, Fulgencio Vera, reconoció la autoría en 1934. Según Vera, en la acción criminal participaron otros miembros del Sindicato Libre organizados por Ramon Sales, todos ellos al servicio de Severiano Martínez Anido, designado como gobernador civil de Barcelona unas semanas antes del asesinato de Layret y de Miguel Arlegui, director general de seguridad. Ambos contaban con la financiación económica de patrones como Maties Muntadas Rovira, heredero del linaje Muntadas y propietario de la fábrica la España Industrial situada al barrio de Sants, tal como ha investigado Vidal Aragonés (Francesc Layret. Vida, obra y pensamiento. Ed. Tigre de papel. 2020).
El intento de arrebatar el monopolio del catalanismo desde sus posiciones socialistas a la conservadora y reaccionaria Liga de en Cambó y Josep Puig i Cadafalch; las críticas hacia la gestión del gobierno y la trama de intereses económicos del rey Alfonso XIII en la África colonial española; la defensa enconada de los derechos sociales y laborales de las clases trabajadoras, hicieron ganar muchos enemigos a Layret. Puso contra las cuerdas los poderes oligárquicos. Y esto tenía un precio.
En su trayectoria como abogado laboralista teorizó sobre el derecho al trabajo y el derecho de sindical. Vehemente, claro y directo, siempre valoró el derecho a huelga: “Cuando los trabajadores hacen huelga no es que no quieran trabajar, es que quieren hacerlo en mejores condiciones” decía Layret. En verano de 1917, defendió los ferroviarios despedidos con motivo de una huelga general sin cobrar honorarios, ni los gastos de desplazamiento en Zaragoza. Y, como este, una larga hoja de servicios al servicio de la clase trabajadora.
En su carrera política Layret fue regidor del Ayuntamiento de Barcelona (1908) por la Unión Republicana (nunca perteneció al Partido Republicano Radical de Lerroux como algunos afirman). También fue uno de los fundadores de la Unión Federal Nacionalista Republicana (1910) y del Bloc Republicano Autonomista (1915), y miembro destacado de la mesa política del Partido Republicano Catalán (1917) del que fue elegido diputado en el Congreso por Sabadell (junio 1919).
Una vez acabó los estudios de Filosofía y Derecho en la Universitat de Barcelona se trasladó a Madrid a cursar los estudios de doctorado. Entre sus profesores, uno que de los que más lo marcó fue Francisco Giner de los Ríos, Fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Un profesor progresista, influenciado por el krausismo, que en el año 1888 ya hablaba de la necesidad de fijar una ratio máxima a las aulas: “En las clases numerosas el profesor no puede conocer a sus discípulos individualmente (…) La fijación de un máximo de alumnos en las clases, según las necesidades y medios.”
Layret conectó con la pedagogía activa de Giner. Hacía falta un nuevo concepto de ciudadanía basado en la cultura y la educación. Cuando volvió a Barcelona, como regidor del Ayuntamiento de Barcelona, Layret propuso la fundación de una Institución de Cultura que crearía cuatro nuevas escuelas donde se aplicarían las orientaciones pedagógicas más modernas, coeducativas, con el catalán como lengua vehicular, en espacios, aulas y patios anchos donde los alumnos estuvieran cómodos (Presupuesto de Cultura de 1908). Las fuerzas reaccionarias de la liga y la sotana lo impidieron.
Con esta vocación de servicio, y para facilitar el acceso a la cultura en las clases populares, participó activamente en el impulso del Ateneo Enciclopédico Popular (1905): “el Ateneo, es la instrucción y sobretodo la instrucción de quienes, para vivir de sus manos, se ven privados de ella”.
A la postre, pues, en el centenario de su muerte recuperamos del olvido un hombre ilustrado, comprometido socialmente, que pensó en la educación desde la cultura en un sentido amplio. De mirada holística, fue uno apasionado de la historia, la filosofía, la sociología, la antropología, la literatura y las artes. Todo un amplio abanico de disciplinas humanísticas, pero también jurídicas, teorizando sobre derecho, y con un gran conocimiento de la política internacional.
Honrado y coherente entre lo que decía y hacía, no toleró nunca los tratos de favor ni el clientelismo, más bien al contrario, persiguió la corrupción administrativa y la mala praxis mientras fue titular de la concejalía de finanzas del Ayuntamiento de Barcelona. Un hombre íntegro, vehemente, serio y a la vez generoso. Un altruismo sobradamente contrastado como abogado del pueblo, apoyando a los trabajadores de forma desinteresada. Un humanista auténtico, un político con una gran vocación de servicio a la gente más humilde. Un legado de integridad de ahora hace ciento años del que tendrían que aprender la gran mayoría de políticos de hoy.
Gracias a mi ex alumno Marçal Montesinos y su abuela Maria Àngels Layret Bassas (con sus 93 años cumplidos), parientes segundos de Francesc Layret, para abrirme una ventana de oportunidad a través del trabajo de investigación del bachillerato. Desde entonces, he leído y he investigado más sobre su familia. El pariente silenciado y olvidado por el poder durante años ha revivido entre nosotros y nos ha hecho a todos más humanos.
Cataluña, será plural o no será.

