El pasado lunes, Google sufrió una caída mundial que dejó todos sus productos inoperantes durante 45 minutos. Esto no solo afectó al motor de buscas, sino que también cayeron el servidor de mail -Gmail- videollamadas -Hangouts-, la nube de documentos -Drive- o el calendario. Incluso, algunos usuarios vieron afectados otros productos, no tan relacionados con el mundo laboral o académico, como Nest -la línea de domótica que controla aparatos como la calefacción- o Chromecast, para operar con televisores inteligentes.
Así, en un contexto de teletrabajo y aulas telemáticas, la caída de Google fue desastrosa. Clases colgadas, documentos perdidos y mails sin enviar. Todo en 45 minutos. Esta parada muestra la dependencia global de los servicios del gigante de Sillicon Valley. “Hay mucha gente que piensa que Google es Internet y que no hay Internet más allá de Google. Y con lo que pasó lunes se demostró por qué”, reflexiona Simona Levi, activista digital y miembro del colectivo Xnet. “La dependencia de las escuelas es brutal y apostar la digitalización de los centros al monocultivo de Google es igual de nocivo para los alumnos que alimentarlos a base de menús del Telepizza”, ironiza Levi.
La oposición de la activista hacia Google va mucho más allá de los riesgos de poner todos los huevos en un mismo cesto, sino que se centra en la protección de datos. “Google es una empresa que procesa datos y, para hacerlo, penetra en nichos de mercado. Esto no es malo, pero ¿quién puede ser tan ingenuo como para pensar que todos los productos que ofrece son realmente gratuitos?”, se pregunta Levi. Google ya fue condenado en 2019 a pagar una multa de 170 millones de dólares en Estados Unidos por recoger información personal de menores a través de Youtube sin el consentimiento de sus progenitores.
Apostar la digitalización al monocultivo de Google es igual de nocivo para los alumnos que alimentarlos a base de menús del Telepizza
Es por eso que, desde hace años, la gran mayoría de escuelas remiten a las familias documentos pidiendo el consentimiento para que los alumnos usen Google. Cecila Bayo, madre de dos criaturas que estudian en Barcelona, recibió esta carta. “Yo sé a que se dedica Google y estar en las escuelas es una estrategia buenísima, porque así pueden acceder a los datos de miles de niños que no tienen móviles o tablets. Estos son datos, además, de mucha calidad, porque están ordenados por centros escolares, edad, grupo clase y círculos de amistad”. Por estos motivos, Bayo se mostró preocupada cuando recibió la carta y, junto con otras familias, fue a hablar con la escuela.
“El centro no conocía los riesgos de privacidad derivados de confiarlo todo a Google”, relata Bayo, quien resume que “desde la Generalitat se amparan en la autonomía de centro para dar la responsabilidad a las escuelas, que después nos derivan a las familias a través de una carta. Así, todo el mundo se cubre las espaldas y, si algún día pasa algo con los datos de nuestros niños, será cosa nuestra”, se lamenta. Lo peor, según las familias, es que no hay opción: “si no firmas la carta, el alumno no puede usar Google y, si el centro no está dispuesto a proponer ninguna alternativa, que no lo está, se queda descolgado de las clases”, explican. “Es una autorización voluntaria, que de voluntaria no tiene nada”, añade Levi.
Software libre y de kilómetro cero
Ante la situación, un grupo de familiares preocupados -entre los cuales se encuentra Cecilia Bayo-, se acercó a Xnet para dibujar un estrategia que se ha definido bajo el nombre de Plan por la Digitalización Democrática de la Educación. De esto hace dos años, cuando todavía el Coronavirus ni estaba ni se le esperaba. El plan quiere abordar tres cuestiones: garantizar la soberanía de los centros en el control de sus datos, hacerlo a través de servidores con garantías éticas y técnicas, y garantizar un plan de formación para los docentes.
“La educación hoy tiene que pasar por el mundo digital y nos encontramos con personas sin conocimientos que dan clases a personas nativas digitales. Sin la formación adecuada pueden atrasar su aprendizaje”, considera Simona Levi, quien añade que “se enseña el digital como si fuera una capa por encima de lo analógico, pero el mundo ya es digital y esto nos permite trabajar garantizando transparencia, ubicuidad, derechos…”.
Nos encontramos con personas sin conocimientos que dan clases a personas nativas digitales. Sin la formación adecuada pueden atrasar su aprendizaje
Así, gracias al conocimiento de la actividad docente de las familias, y los conocimientos técnicos de Xnet, se ha elaborado un plan piloto para implementar una Suite libre que integrará Nextcloud -para los servidores-, Big Blue Botton -para las videoconferencias y pizarras digitales-, Moodle -para la gestión-, Jitsi -videollamadas- y Etherpad -para la creación y compartición de documentos-, entre otros. Este piloto, que cuenta con el apoyo del área de Innovación Democrática del Ayuntamiento de Barcelona, las Associacions Federades de Famílies d’Alumnes (Affac) y el Consorcio de Educación, se desplegará en cinco centros escolares de la capital catalana el próximo curso.
“Son cinco centros muy diversos, con poderes adquisitivos diferentes, grandes y pequeños, de primaria y secundaria, con un cuerpo docente con pocos conocimientos digitales y otros bastante avanzados”, explica Levi, quién los considera una buena muestra para hacer prospección. La Suite aterrizará el segundo trimestre del curso que viene y, hasta entonces, se trabaja con los agentes educativos para adecuar las herramientas digitales al ámbito y necesidades académicas, para poder competir en igualdad de condiciones con los servicios de Google.
Las herramientas serán personalizadas para cada centro y, después del seguimiento, desde Xnet se trabajará en elaborar un paquete automático que se pueda replicar en todas partes y, como se trata de herramientas con software libre, cualquier usuario las podrá adaptar a las necesidades de cada centro. “La ventaja de estas herramientas es que no dependen de una gran empresa, sino de la comunidad, y su mantenimiento es distribuido y no cae en manos de la política”, apunta Levi.
Un plan de digitalización en stand by
Este junio, Xnet firmó un acuerdo con el Departament d’Educació de la Generalitat para garantizar una digitalización de las escuelas que no dependiera de Google. Pero, según apunta Simona Levi, el Govern “no se ha implicado en este plan como se esperaba. Pensábamos que sería el tractor del cambio, pero no lo ha sido”, explica la activista. Por eso, para el actual plan de digitalización se contó con el apoyo del Consorci y del área de Innovación Democrática del Ayuntamiento, que es “uno de los departamentos con más conocimientos en derechos digitales y más implicados”, explican desde Xnet.
Según Levi, que se use software libre no es ninguna noticia; lo que sí es novedad es que “haya una voluntad institucional, porque invertir grandes cantidades de dinero en que estas herramientas puedan competir con Google es la única cosa que la ciudadanía no puede hacer sola”, argumenta. Por eso, el plan con el Ayuntamiento y el Consorci ha sido dotado de 140,000 euros, que servirán, también, para crear un modelo replicable para que puedan acceder todas las escuelas, no solo las de Barcelona.
De este modo, se da un paso más para garantizar una educación accesible, segura y en igualdad para todos los niños y niñas. Pero todavía queda trabajar en los dos grandes monstruos de la brecha digital: el acceso a las conexiones y a los dispositivos. “Las instituciones tendrían que ser la primera línea de batalla para exigir que todo el mundo se pueda conectar”, dice Levi, quien recuerda que las tarifas de Internet de España son de las más caras de Europa. “No nos podemos conformar con parches”, apunta Cecilia Bayo, quien estos meses ha vivido con “fuertes contradicciones” que sus criaturas tuvieran que seguir las clases durante el confinamiento usando las herramientas de Google.
“El encierro se ha aprovechado para introducirnos con calzador grandes empresas como Google y obligarnos a aceptar sus políticas de datos, contra el miedo de quedar desconectados del mundo. Del mismo modo, las administraciones nos han ofrecido ordenadores y tabletas, pero los derechos digitales no se acaban aquí”, resalta Bayo, quien durante los últimos meses ha estado haciendo charlas a varias AFAs y sindicatos para compartir los riesgos del monopolio de Google en las aulas. La escuela de sus niños no es, paradójicamente, una de las cinco que participan del proyecto piloto, pero esto no es un problema. “Este es el último año que aceptamos Google. Nos tenemos que poner las pilas, y lo haremos con el apoyo de la administración o sin él”. La revolución empieza en las aulas.

