
En la inauguración del festival se congregaron, además, la norteamericana Jodie Foster, que recibió de manos de Pedro Almodóvar, la Palma de Oro de Honor por su carrera, y el último ganador del máximo galardón en Cannes 2019, el surcoreano Bon Jong-hoo.
El encuentro entre Leos Carax, quien en 2012 renació para la crítica y los espectadores con la genial Holy Motors, que también se presentó en Cannes (una vez más con un Denis Lavant prodigio de metamorfosis), y el histórico grupo californiano de los Sparks se remonta a 2013. Desde entonces, ambas partes han estado gestando este musical, que tiene más de ópera onírica filmada que de clásica coreografía cinematográfica; más elementos mágicos del cine mudo que escenografía realista, más de La bella y la bestia (1946) de Jean Cocteau que de la reciente La La Land (2016) de Damien Chazelle.
En Holy Motors, Carax ya utilizaba, como incondicional fan que es, una canción de los Sparks e introducía al final de la película una maravillosa escena musical con Kilye Minogue en unos almacenes Lafayette fantasmas y en reformas. Los hermanos Mael le enviaron esta propuesta y, al principio, el realizador la rechazó porque libreto y canciones le recordaban demasiado el suicidio de su compañera, la actriz Katerina Gouleba (Pola X, 1999), y creía que podría ser contraproducente para su hija, que en 2013 tenía nueve años. Y no fue por falta de ganas de dirigir cine musical si se recuerda el memorable trávelin de Denis Lavant en Mauvais sang (Mala sangre, 1986) al ritmo del Modern Love de David Bowie. Por el camino se quedaron proyectos con el maestro Michel Legrand y el inclasificable Scott Walker.
Los Sparks, Adam Drive y Marion Cotillard

Los Sparks, que publicaron su primer álbum en 1971 y han tenido una carrera más bien discreta para el gran público, pero plagada de seguidores ilustres, que incluyen desde Joy Divison y Pet Shop Boys a Les Rita Mitsouko y Franz Ferdinand, con más reconocimiento en Europa que en Estados Unidos, también han visto cómo algunos de sus proyectos, con Jacques Tati y Tim Burton, no vieron la luz. Finalmente, y después de siete años de idas y vueltas, los astros se alinearon para encontrar también la financiación necesaria con las figuras de Driver y Cotillard en los papeles principales. Él es un actor camaleónico (de la serie televisiva Girls al cine de autor, pasando por el papel de Kylo Rain en La guerra de las galaxias); ella demuestra su carácter polifacético y múltiple (como otra Juliette Binoche en la mítica Los amantes de Pont-Neuf, 1991), interpretando por sí misma las escenas musicales, incluidas las operísticas. De hecho, ambos cantan en directo en una película prácticamente al noventa por ciento musical. El tercero en discordia es el director de ópera, que encarna Simon Helberg.

El musical puede contrariar por esta conclusión tan negra del mundo de la farándula, pero su despliegue y su concepción pertenecen plenamente a un cine que se aparta de los caminos más convencionales. La cinta, que se ha estrenado simultáneamente en Francia, no tiene aún fecha de exhibición en las salas españolas y llega a Estados Unidos por Prime Video de Amazon el 20 de agosto porque la plataforma también participa en la coproducción. Por otra parte, a finales de julio aparecerá en Francia el documental The Sparks Brothers, de Edgar Wright, mientras se acaba de editar la banda sonora del grupo: Annette, a film by Leos Carax from the Motion Pictures Soundtrack (Milan/Sony Music).
Una Palma de Honor a Jodie Foster, entregada por Almodóvar

El equipo al completo de Annette fue el primero en pisar la alfombra roja (por la que está permitido desfilar sin mascarilla hasta la entrada del Gran Teatro Lumière) de un festival con toda la logística necesaria para hacer tests de antígenos y PCR nasales y de saliva, para evitar que la Covid vuelva a tener el protagonismo que obligó a desconvocar la edición del año pasado.
Ya en el auditorio, a Driver le tocó sentarse al lado de la actriz y realizadora Jodie Foster. Pero Driver, como ya es su costumbre desde hace años, abandonó la sala antes de que empezara la proyección, ya que nunca ve las películas en las que participa porque dice que se siente ridículo cuando se ve en la pantalla. De todos modos, Foster ofreció un discurso en un francés impecable para agradecer la Palma de Honor de Oro a su carrera; presentó a su compañera Alexandra, presente en la sala; y recibió el galardón de manos de Pedro Almodóvar, quien con película o sin ella, asiste casi siempre a La Croisette. Como remate, el realizador Bong Jong-hoo viajó desde Corea del Sur para asistir a la ceremonia como vínculo con el mundo prepandémico y al ser el último en haber ganado la Palma de Oro en 2019 con Parásitos.
Precisamente, el actor principal de Parásitos, Song Kang-ho, es integrante del jurado que entregará la Palma de Oro 2021, presidido por el realizador norteamericano Spike Lee (quien ya había de serlo el año pasado), y que además cuenta con las realizadoras franco-senegalesa Mati Diop y austríaca Jessica Hausner, el director brasileño Kleber Mendoça Filho, las actrices estadounidense Maggie Gyllenhaal y francesa Mélanie Laurent, el actor francés Tahar Rahim y la compositora y cantante quebequesa Mylène Farmer.
Como preámbulo para los periodistas, que este año parece que han acudido en menor número dadas las circunstancias, se proyectó el documental de casi tres horas The Story Film: A New Generation, que culmina el colosal proyecto de quince horas del británico Mark Cousins. Este epílogo conecta con el cine en tiempos pandémicos, y, como resumen de lo mejor del siglo XXI, aparece merecidamente Holy Motors, de Carax.

