¿Qué significa aprender? ¿Aprendemos bien? ¿Cómo debe ser la relación entre maestro y aprendiz? ¿Qué es un maestro aprendiz? Éstas son algunas de las preguntas que se plantean en Saber aprender, un ciclo de “Seminarios Ilustrados” en el que la filósofa Marina Garcés conversa con tres creadores sobre el aprender como experiencia de vida y sobre las herramientas que nos proporcionan las disciplinas artísticas para ampliar la imaginación. Este ciclo, organizado por el CCCB, dio el pistoletazo de salida el pasado jueves 20 de enero, con la conversación entre Garcés y el compositor Joan Magrané. Este debate será seguido por otros dos: con el dramaturgo Joan Yago (3 de febrero) y con la artista visual Lúa Coderch (10 de febrero).
Tomando el libro de Garcés, Escuela de aprendices, como punto de partida de la reflexión conjunta, el objetivo de estos debates es abrir una ventana de ideas entrecruzadas, experiencias, creencias y dudas sobre el aprender, considerando el aprendizaje como algo que va más allá del aula y que supone algo distintivo y emancipador. Así, esta primera conversación fue iniciada por Joan Magrané, que compartió su vivencia como alumno y aprendiz a través de la academia musical y cómo estas experiencias se contrapusieron, o no, a la pasión infantil que lo llevó a querer hacer de la música su modo de vida.
“Bajo todo, está la pasión, que te lleva a querer descubrir. Esta experiencia, que es individual, te lleva a un aprendizaje colectivo que, ya en el aula, convierte la pasión en algo más reglado. Y ya, cuando llegas al conservatorio, entran en juego el canon y la universalización”, explica Magrané sobre su periplo educativo. Según el compositor, hay que tener cuidado: el aprendizaje pone orden en la pasión, pero debe vigilarse que no lo ahogue. “Tal y como está pensada la educación, puede quitarnos la pasión de aprender. Pero el canon, bien aprendido y enseñado, puede ser la herramienta para relacionarnos con otras ideas; no tanto un límite, sino una puerta abierta”, apunta Marina Garcés.
Para que el aprendizaje se dé en esta clave enriquecedora, es necesario cuidar la relación entre el maestro y el aprendiz. “Esta relación debe basarse en la idea de artesanía, que Garcés destaca en su libro. Un maestro y un aprendiz deben crear juntos algo nuevo. Es cierto que la formación reglada hace que te hagas pequeño, pero un buen maestro puede hacerte crecer”, asegura Magrané. En este sentido, cobra mucha importancia, pues, la figura del maestro aprendiz, que no sólo expresa saberes, sino que los recoge. “El aprendizaje debe hacerse desde la imaginación y ésta no nace del vacío, sino de la capacidad de trabajar sobre situaciones que nos piden respuestas más allá de las dicotomías”, apunta Garcés.
Y es que, superadas las contradicciones entre bien y mal, pasión y canon, oficio y creación, se pueden entender estos conceptos como “polaridades” y no como elementos excluyentes e incompatibles entre ellos. Y es aquí donde entra en juego uno de los términos en torno al que giró la conversación: la incertidumbre. “El maestro te acompaña en momentos de duda, pero también está lleno de incertidumbres. A los filósofos y a los artistas nos une trabajar en mundos inefables”, dice Magrané.

Certezas en la incertidumbre
«En tiempo de…». Así nos referimos a nuestras vidas, según Garcés, enmarcando el día a día en un fenómeno temporal que da sentido a lo que hacemos, somos y pensamos, aunque los actos vayan mucho más allá del contexto. Hoy, en tiempos de pandemia o en tiempos de crisis, “la incertidumbre es la única certeza y la temporalidad de la vida queda atrapada en un tiempo único que no termina. Sin embargo, en estos momentos debemos recordar que los aprendizajes no tienen lugar sólo en un tiempo, sino que enlazan temporalidades”, dice Garcés. Así, aprender es pensar en los presentes, futuros y pasados, en plural, porque no hay sólo uno. “Reivindicarse como maestros y aprendices que somos es compartir y recibir pedazos de sentidos provenientes de diferentes sistemas, culturas y tiempos”.
Ambos, tanto Garcés como Magrané, se han mostrado de acuerdo en que el sistema educativo está en crisis, pero al contrario de lo que se pueda pensar, según los protagonistas de la conversación, la crisis no está en la confrontación entre modelos pedagógicos ni en las confrontaciones sistémicas y de planteamientos. “Nos pasamos el día hablando de quien tiene derecho a aprender y a quien le corresponde enseñar. Ahora que tenemos a los maestros confinados vemos, por primera vez, el quien de la enseñanza y al quien que no se hace cargo”, dice Garcés, que pone sobre la mesa que no se han estado planteando bien los problemas. “La duda no era si vídeoclases sí o no; ni si abrir las escuelas sí o no. La duda era como estar juntos cuando no podíamos estar juntos y deberíamos haber pensado en respuestas en base a polaridades activas que hubieran dado resultados mucho más enriquecedores que un sí o un no”.
Ante esta situación simplificadora y dogmática, Garcés y Magrané se han preguntado “¿cómo aprender, cuando nuestra realidad está capturada en un presente en crisis y en un futuro que no tiene salida?. No se puede, porque aprender es enlazar”, dijeron. Así, la respuesta a todo es que la crisis de la educación es la crisis del tiempo, «de un tiempo roto de unos hacia otros». Y es que sin estos tiempos que nos unen, no existe relación y sin relación no hay capacidad de aprendizaje ni de enseñar. “Hablamos de acciones conjuntas. Se aprende y se enseña juntos, lo que no quiere decir que se aprenda igual, pero ésta es la riqueza”, dice Garcés. A esto, Magrané responde que, para hacer estos cambios de planteamiento, «hace falta tiempo». Y aquí está la clave: el tiempo que carece. El tiempo como gran enemigo en la cultura del consumo y el constante movimiento.

