
Todos sabemos que influencer es aquella persona con capacidad de influir sobre otros, en todos los ámbitos de la vida aunque en estos últimos años este concepto se utiliza principalmente en las redes sociales.
Desde un inicio, la definición puede incluso sonar bonita. ¡Qué bonito haya personas con capacidad de influir positivamente sobre los demás! Pero… ¿y qué ocurre si no influyen positivamente?
Hace unas décadas, no era tan habitual que cualquier persona tuviera ese poder de influencia, ya que sólo hablaban las personas realmente dotadas de capacidad comunicativa, con conocimiento previo, grandes pensadores, o con las ideas muy claras. Hoy en día cualquier persona puede ser influencer, sólo se necesita un teléfono y conexión a internet, no hace falta ni formación académica, ni experiencia, ni antecedentes penales, cualquier persona puede coger un teléfono y compartir con el mundo sus ideas y forma de ver la vida.
Esto puede ser muy peligroso si se trata de personas que fomentan ideas que atentan contra los derechos humanos a través de amenazas y discursos de odio, por ejemplo, por eso siempre comento que las redes sociales son una herramienta de doble hilo, pueden ser de mucha utilidad y se pueden conseguir grandes cosas, pero también tienen un poder destructivo muy nocivo, especialmente para los jóvenes que todavía están en construcción de su identidad.
En el primer libro que publiqué hace unos meses, hay un poema llamado ‘magia’ que dice:
‘Abracadabra, son silengios mágicos
Me columpio entre hipocresía entre látigos,
Mi voz tiene frío entre comentarios cálidos,
Este sitio nunca ha sido mío porque se sádico’sádico
Hago referencia a toda la oscuridad que puede encontrarse en las redes sociales, toda la hipocresía y doble moral que nos encontramos, y de la que nadie habla. Al final de todo, para muchas personas las redes sociales son una vía para ser quienes quieren ser, entrando así en comportamientos y actitudes superficiales, donde la apariencia es lo más importante, los valores por tanto, quedan en una segunda, tercera o hasta y todo última posición.
A menudo los creadores de contenido que ejercen de influencers y por tanto son referentes positivos, no tienen la visibilidad suficiente, porque son demasiado correctos, y esto aburre en un mundo donde todo debe hacer ruido, por este motivo, en las plataformas virtuales predomina más el conflicto, los rumores, el chisme y la superficialidad, cualquiera que quiera crear contenido positivo tiene un reto muy grande de antemano.
Las redes son una herramienta increíble y debemos hacer un buen uso, porque nos dan un poder demasiado grande, que es el poder de la comunicación, todos podemos tener un altavoz, y esto comporta ser responsables con lo que se hace y se dice, porque no pueden medirse hasta qué punto podemos influir en las personas, jóvenes y mayores.
¿Y si los influencers tuvieran que tener un carnet para poder ejercer de influencer? Que tengan que realizar una formación previa para ser influencer, y que sea un requisito imprescindible para crearse una cuenta profesional en las redes sociales y poder monetizar sus vídeos. Como el carné de conducir, por ejemplo, pero llevado a las redes sociales.
Quizá sea una manera de controlar qué mensajes y discursos habitan en un espacio tan concurrido como son las plataformas virtuales.

